Hécate y Megara

Registrado: 05 May 2008 Mensajes: 50 Ubicación: En alguna parte de un sueño olvidado...
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Publicado: Lun May 05, 2008 1:32 pm Asunto: Cuando lo más difícil es amarte... (INTENSE FEELS!!)Dramione |
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¡¡Hola a tod@s!!
Somos Hécate y Megara, y acabamos de descubrir esta web... Estamos escrbiendo un fic titulado "Cuando lo más difícil es amarte...", que publicaremos aquí. ¡¡Esperamos que os guste!!
Está ubicado en el séptimo año en Hogwarts, si bien las cosas no ocurren precisamente como en el séptimo libro... Básicamente, respetamos todo lo que ha ocurrido en libros anteriores, a excepción de:
- La historia de Fleur con Bill. En nuestro fic, después del Torneo de los Tres Magos, ella volvió a Francia y no se ha vuelto a saber de ella.
- La decisión de Harry de no volver a Hogwarts el séptimo año. Todos vuelven, en un principio, para tratar de averiguar quién fue R. A. B., y si en realidad destruyó el horrocrux. Después, cuando los mortífagos entran en el colegio, se quedan para liderar la resistencia.
Del séptimo libro hemos tomado algunas cosas, pero básicamente nuestro fic es diferente. Harry también busca los horrocruxes, pero no tienen por qué ser los mismos que en la historia original, ni estar en el mismo sitio.
Un dato importante es que, en nuestro fic, Harry no es el protagonista, sino que lo son Draco y Hermione: la pareja principal. También se irán formando hasta tres parejas más, pero no os desvelaré cuáles son, o no tendría gracia… Sí es cierto que os sorprenderán (esperamos que positivamente).
Algo que sí hemos respetado ha sido la personalidad de los personajes (valga la redundancia), es decir: no vamos a ver a un Harry maléfico ni a un Voldemort inocente, aunque algunos cambiarán mucho a lo largo de la historia. Creo que ya he dicho todo lo importante.
Por cierto, yo soy Megara, a Hécate ya la iréis conociendo...
AVISO:
EL FIC CONTIENE SLASH Y LEMONS, ASÍ QUE, SI EXISTE ALGÚN PROBLEMA POR PUBLICAR ESTE TIPO DE HISTORIAS, POR FAVOR, DECÍDNOSLO.
De momento os dejo con el primer capítulo. Ya nos contaréis qué os parece...
_________________ Sueña, crea, desea, y la libertad del mundo será tuya...
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Hécate y Megara

Registrado: 05 May 2008 Mensajes: 50 Ubicación: En alguna parte de un sueño olvidado...
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Publicado: Lun May 05, 2008 1:43 pm Asunto: CAPÍTULO 1 |
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Hermione no podría precisar si estaba soñando o se encontraba despierta. Estaba tumbada en el suelo, sin importarle cómo había llegado hasta allí, ya que su felicidad era plena. Sobre ella, abrazándola, había un chico. Su cuerpo fuerte la rodeaba, haciendo que se sintiera protegida. Se encontraba tan cerca que podía oler su perfume: varonil, elegante. Sus rubios cabellos se derramaban sobre ella, acariciándola. Sus ojos grises estaban cerrados. La cara del muchacho reflejaba la paz que le proporcionaba aquel contacto. Se veía feliz…
Un momento. ¿Feliz? ¿Pelo rubio? ¿Ojos grises? “¡Dios mío!”. Hermione pensó que había perdido la razón por un instante. ¿Cómo había podido ocurrir ESO? Apartó al chico de un empujón.
- ¡Qué crees que estás haciendo!
- ¿Eh?
El chico abrió desmesuradamente los ojos, sumamente extrañado por la situación. De pronto sintió como si su cuerpo se rompiera en mil pedazos. No había centímetro de él que no le doliera. Trató de moverse y no lo logró, el dolor se lo impedía. De pronto cayó en la cuenta de cómo se encontraba y con quién. Recuperó de golpe la compostura.
- ¿No ves que no puedo moverme, idiota? ¿O crees que iba a estar encima de ti por gusto? Podría contaminarme…
Volvía a ser el Draco Malfoy de siempre, tan desagradable como era acostumbrado. Había desaparecido el chico dulce y protector que Hermione había visto o creído ver momentos antes.
- ¡Pues apártate de mí! ¡No me toques, sucio hurón!
Lo empujó de nuevo y, al hacerlo, un dolor insoportable atacó a sus brazos.
- ¡Ah! Maldita sea, Malfoy. ¡Todo esto es culpa tuya! -estaba furiosa, en parte por el dolor de sus brazos, en parte por el cambio de actitud del chico-.
- ¿Mía? ¡Eres tú la que se puso histérica! Si te hubieras quedado calladita, nada de esto habría ocurrido; ni siquiera nos habrían castigado.
- ¡Yo no tengo la culpa de que no soportes que tu mente esté tan limitada, maldito envidioso oxigenado!
- ¡¿Oxigenado?! ¡¿Mente limitada?! ¡Ni sueñes que eres más lista que yo! -cambió su tono. Dejó de gritar, y su voz se volvió mucho más suave. Habló despacio, imprimiendo desprecio a sus palabras-. Solo eres una insufrible sabelotodo. No eres más que un gigantesco libro parlante. No tienes vida, no tienes gracia, no tienes originalidad; todo se limita a tus libros… ¡no hay nada en ti que merezca la pena conocer!
- Desgraciado…
Draco sabía que había llegado demasiado lejos. Hermione no era sólo libros y él lo sabía. Pero también sabía que ella era muy sensible con ese tema, y él podía hacerle mucho daño con esas palabras.
- Eres la persona más cruel que ha pisado la Tierra… ¡¡te odio!! ¡Y no culpes a los demás porque el agua oxigenada te haya quemado el poco cerebro que tenías!
- ¡Muérete Granger!
- ¡Siempre después de ti, Malfoy!
Después del encontronazo, ambos quedaron en silencio, sin saber qué decir. Sus sentimientos eran contradictorios: por un lado sentían un profundo odio hacia el otro, incrementado por la reciente discusión. Pero por otra parte, lo ocurrido justo antes de la discusión les provocaba una sensación extraña, casi… ¿placentera? Su razón los obligaba a alejarse, a mantener la distancia. Sin embargo… ¡Merlín, qué difícil era!
Hermione se sintió protegida y reconfortada en los brazos de Draco, hasta el punto de olvidar por un momento el odio, hasta el punto de pasar por alto todo el daño que él le había infligido hasta la fecha.
Draco nunca hubiera imaginado que la piel de Hermione fuera tan suave, que su olor fuera tan dulce… Por un momento, la tuvo en sus brazos, completamente cómoda. Era tan hermosa cuando se liberaba de su coraza…
Pero no podía ser. Los dos tenían muy claro que lo ocurrido minutos antes había sido un espejismo, fruto de la tensión del momento. La adrenalina y las hormonas les habían jugado una mala pasada.
De hecho, su forma irreflexiva de actuar los había conducido a un lugar prácticamente a oscuras. Había una tenue claridad, procedente de una pequeña grieta situada en algún lugar por encima de sus cabezas, suficiente para distinguir la sobra que se supone que era el otro. Pero no veían nada más.
- ¡Lumos!
- Vaya, por fin haces algo útil, hurón… - Hermione estaba furiosa y dolida con él, pero había que reconocer que el chico había reaccionado antes que ella-. ¡Lumos!
Él no contestó, pues era consciente de que antes había ido demasiado lejos, y “hurón” era lo menos que ella podía llamarlo…
A la blanquecina luz de las varitas, descubrieron que se hallaban en una enorme cueva. Tan grande, que no lograron iluminarla entera. Draco tuvo que caminar hacia los bordes, para que la luz los bañara (Hermione aún no se había levantado del suelo), y les permitiera observar que la cueva tenía forma de cúpula, sin salida aparente.
- Bien Granger, nos has metido en un callejón sin salida… - intentaba ser desagradable, pero no se atrevió a serlo demasiado, ya que necesitaba de su inteligencia para salir de allí -.
- ¡¿Yo?! Claro, no me extraña que pienses eso, eres tan prepotente... Pues ve empezando a respetarme, porque creo que vamos a pasar aquí bastante tiempo... –tendría que estar asustada, asqueada por la perspectiva de pasar “bastante tiempo” con Draco Malfoy. Sin embargo, por alguna extraña razón, la idea no le resultaba tan desagradable...-
- Quédate tú si quieres, pero yo voy a buscar una salida.
Y empezó a caminar de un lado a otro de la cueva, mirando frenéticamente a todos lados.
- ¡Bien! ¡Haz lo que te dé la gana! Yo buscaré la salida por mi cuenta, ¡listillo oxigenado!
“Maldita elocuencia femenina...”, pensó Draco, cada vez más furioso, mientras se perdía en la oscuridad.
Hermione, por su parte, trató de ponerse en pie y explorar a oscuras (ya que no se sentía con fuerzas para volver a encender la varita), la parte de la cueva situada detrás de ella.
Pero no llegó a incorporarse por completo, ya que un dolor ardiente le rompió el cuerpo en dos, al mover su pierna izquierda.. Buscó su varita y, haciendo un gran esfuerzo, logró que saliera una débil luz de ella, que rápidamente se extinguió. Por alguna razón, el dolor había afectado a su magia...
- Estás bien jodida... –se dijo a sí misma cuando, a tientas, descubrió una profunda herida sangrante en su muslo izquierdo. Estaba bastante fea la cosa, ya que no llegaría muy lejos con la pierna así, y no contaba con ningún tipo de ayuda.
- ¡¡Eeehh... bruja odiosa!! He encontrado un pasaje; ¡parece que va al exterior!
- Ja ja... ¡¡Seguro que si lo has encontrado tú va derecho al infierno!! –eso era lo mejor... tenía que quitarse a Draco del camino; lo último que necesitaba era que él se aprovechara de la situación. En ese estado, le costaba pensar, como para tener que defenderse del odio del oxigenado.
- ¡¡¡Como quieras!!! ¡Púdrete aquí buscando otro camino! ¡Yo me largo de aquí!
- ¡¡Muérete, Malfoy!! ¡Y líbranos a todos de tu arrogancia de una maldita vez!
- Maldtita bruja...
Tras esas declaraciones de “amor” mutuo, Draco se dirigió, sin dudar, hacia su supuesto camino de libertad.
- Eso es... déjame sola, para que pueda pensar cómo salir de aquí... Ánimo, Hermy... Nunca te han ayudado a nada, y siempre has podido con todo... Esto no será menos.

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Hécate y Megara

Registrado: 05 May 2008 Mensajes: 50 Ubicación: En alguna parte de un sueño olvidado...
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Publicado: Jue May 15, 2008 10:30 am Asunto: |
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Capítulo 2.
Draco se perdió en la oscuridad, dejando a Hermione sentada en el suelo, murmurando por lo bajo cuánto lo odiaba. Lo odiaba por insultarla, por llevarle la contraria; pero, sobre todo, lo odiaba profundamente por haber cambiado de actitud tan radicalmente. No olvidaba que, minutos antes, él estaba sobre ella en actitud protectora. Por supuesto, eso se debía al shock de la caída, ya que él seguramente no había caído en la cuenta de que era ella. Pero aun así… ¡¿Cómo demonios podía cambiar tanto una persona?!
De pronto, la muchacha recordó algo. Buscó rápidamente en los bolsillos de su túnica, hasta que encontró una moneda dorada, exactamente igual que un galeón. Sin embargo, no lo era.
Era el método que, hacía dos años, había ideado para comunicarse con los miembros del Ejército de Dumbledore. La numeración de la moneda podía variar, y de este modo se transmitían la fecha y la hora de las reuniones. Cuando algún miembro convocaba una reunión, la moneda se calentaba para que su propietario lo supiera, y ella la había sentido arder esa mañana… Al mirarla, comprobó que la reunión estaba prevista para el mediodía, y eso fue lo que los puso definitivamente en marcha.
Instantes antes de notar el calor de la moneda, habían visto, a través de la diminuta ventana de la mazmorra en la que estaban encerrados, una horda de mortífagos enmascarados volando en escoba hacia el castillo.
Ambos pegaron un brinco, ya que cada uno tenía poderosas razones para considerar que ese hecho sólo podía traer malas consecuencias.
Hermione temía que Snape, ahora director de Hogwarts, hubiera entregado definitivamente el colegio a las fuerzas de Lord Voldemort. Y sus sospechas se vieron incrementadas por el hecho de que el ED hubiera convocado una reunión, pues ella suponía que era para luchar.
Draco, por su parte, temía por la seguridad de su padre. El Señor Tenebroso le había asignado una misión en Hogwarts, pero todos sabían que Lucius Malfoy ya no contaba con la confianza de Lord Voldemort, y existía la posibilidad de que hubiera decidido, repentinamente, que ni la misión de Lucius ni su propia vida eran importantes en sus planes…
Por eso, dos eternos enemigos trabajaron juntos por una vez, para lograr escapar de la mazmorra. Snape no iría a buscarles hasta la noche, de modo que tenían todo el día por delante para ocuparse de sus asuntos. La única condición era estar de vuelta antes de que anocheciera.
- ¿Y bien? -la expresión de Hermione era seria, amenazante.
- De acuerdo, volveré antes de la puesta de sol.
- Tienes que darme tu palabra de honor. Sé que es lo único que respetan los Malfoy.
- Está bien, pero date prisa. Tienes la palabra de Draco Malfoy, un honor que no te mereces…
- Cierra el pico, hurón asqueroso.
Draco no respondió, pues él no tenía ni idea de cómo escapar de allí. La necesitaba… “No a ella, por supuesto”, pensó, “Sólo necesito sus trucos para que me saque de aquí. Tengo que comprobar que mi padre esté bien…”
Hermione fue hacia la pared, y murmuró un conjuro en voz baja, a fin de que Malfoy no lo oyera. De pronto, se abrió una grieta, que vibraba como si la pared entera fuera a derrumbarse de un momento a otro.
- ¡¿Y en serio pretendes que me meta por ahí, Granger?! ¡Va a derrumbarse!
Pero ella ya había entrado, y el no tuvo más remedio que seguirla, pues era la única forma… De lo contrario, tendría que quedarse allí, solo, aguardando a que finalizara el castigo, mientras su padre se enfrentaba a quién sabe qué peligros.
- ¡Maldita sea! -masculló mientras se introducía en la inestable abertura del muro-.
Sin embargo, en contra de todo pronóstico, el interior de la grieta no se movía. Dentro había un silencio y una quietud espeluznantes. Y, tan pronto como él entró, la grieta se cerró limpiamente, como si jamás hubiera estado allí. Todo quedó sumido en una oscuridad impenetrable, hasta que, de repente se oyó una voz:
- ¡Lumos! -dijo Hermione-.
Una blanquecina luz apareció en el extremo de la varita de la chica, haciendo que Draco se sobresaltara, pues por un instante había olvidado que no estaba solo en aquella… en… aquel sitio, fuera lo que fuese. Encendió también su varita, y preguntó:
- ¿Se puede saber dónde estamos, Granger?
- Pues… es una grieta espacio-temporal…
- ¡Quéee! -el chico abrió los ojos desmesuradamente, aterrado-.
- Tranquilízate, Malfoy, no seas crío. No estamos en la guarida del monstruo…
- Pero, estúpida sangre sucia, ¡¿es que no te has dado cuenta de que NO EXISTIMOS?! -Draco estaba fuera de sí, pues la idea de dejar de existir, aunque sea sólo por un momento, lo aterraba-.
- ¡Maldito hurón, CIERRA EL PICO!¡No olvides que soy yo la que te ha sacado de la mazmorra!
- ¡¡Para borrarme del mundo!!
- ¡¡IMBÉCIL!! ¡Si no fuera seguro, no lo habría hecho! Aunque me siento tentada de dejarte aquí, a ver si de verdad desapareces… -una sonrisa burlona se dibujó en el rostro de Hermione-.
Esta insinuación hizo callar al Slytherin, que odiaba profundamente a aquella sabelotodo pero, ¡Merlín, ahora sí que la necesitaba! ¡Tenía que sacarlo de allí sano y salvo!
- Bien, así me gusta -se regodeó ella, advirtiendo el miedo en los ojos de Draco. Por fin había dejado de insultarla-. Ahora escucha bien: voy a abrir otra vez la grieta, pero esta vez será diferente. Va a ser como una Aparición Conjunta. Tienes que cogerme de la mano, y…
- ¡Sé perfectamente cómo se hace la Aparición Conjunta! ¿Crees que soy idiota? ¡Y no la necesito! ¡Tengo la Licencia de Aparición!
- ¡Pero tú no me escuchas o qué! He dicho que será COMO la Aparición Conjunta, no que realmente sea una Aparición Conjunta. Si solo tuvieras que aparecerte para salir de aquí, no me molestaría en cogerte de la mano. Me das asco…
- Pues entonces explícame como diablos salimos de aquí, y deja de insultarme.
Hermione disfrutó un momento de aquella situación: no es que Malfoy le estuviera rogando ni nada parecido, pero llevaba unos minutos sin insultarla, y eso en él era todo un logro. Finalmente, dijo:
- Escúchame bien: no estamos en el castillo, ni siquiera en la realidad que conocemos, por lo que cualquier error puede ser fatal. Yo te guiaré, y apareceremos en el Bosque Prohibido, pero es muy importante que no sueltes mi mano, BAJO NINGÚN CONCEPTO. Si lo haces, saldremos disparados hacia Merlín Sabe Dónde.
Draco asintió, y le tomó suavemente la mano izquierda (en la derecha ella llevaba la varita). “Así te soltarás seguro”, dijo ella, y le agarró la mano con fuerza. “¿Listo”, preguntó. Él asintió, y ella apagó la luz de su varita, murmuró unas palabras en un idioma que a Draco le sonó a Duendigonza, y el suelo desapareció bajo sus pies.
Draco vio entonces una serie de luces fantasmagóricas que pasaban a toda velocidad a su lado. De pronto las luces crearon un gran remolino, que giraba a una velocidad de vértigo, y los chicos se dirigieron, inevitablemente, hacia el centro. Se hundían más y más en el torbellino, y giraban con él. Draco se sintió mareado. Cerró los ojos y fue aún peor. Se llevó las manos a la cabeza, para tratar de serenarse, y se dio cuenta, demasiado tarde, de que había soltado a Granger.
Hermione observó, tranquila, las luces que, de repente, formaron un remolino frente a ellos. Repasaba mentalmente lo que tenía que ocurrir: ahora entraremos e el remolino, giraremos… y después de treinta vueltas habremos llegado a nuestro destino. Era la primera vez que realizaba ese conjuro, que el año anterior le había enseñado la profesora McGonagall, a fin de que, llegado el caso, pudiera escapar de los mortífagos por unos instantes. Uno no podía permanecer en una grieta temporal mucho tiempo, pues el cuerpo “olvidaba el camino de regreso”, pero era muy útil para ocultarse brevemente. Además, todo iba bien… ¿Todo iba bien? Malfoy no parecía estar bien: había cerrado los ojos. Parecía mareado, y de repente, ¡la soltó!
Se precipitaron al vacío, girando frenéticamente, cada uno en una dirección. Draco temblaba de miedo. Todo se movía muy rápido, las luces se difuminaban, se extinguían… Todo quedó oscuro, y el rubio sintió un intenso escalofrío, al pensar que tal vez aquello era la muerte: vagar sin rumbo por la oscuridad, eternamente. Pero debía estar equivocado, porque de pronto, su cuerpo golpeó algo duro. Rodó por la superficie, debido a la brutalidad de la caída, y de pronto notó sobre él algo blando y cálido, que parecía un ser humano…
Cuando se soltó de Draco, Hermione perdió completamente el control. Chilló, trató de controlar su rumbo, y maldijo a Malfoy, pero nada de esto impidió que su cuerpo se golpeara con una superficie dura, y rodara sobre lo que parecía piedra. Mareada, sintió, súbitamente, que un cuerpo caía sobre ella…
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