Las Tres Escobas
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Lillian Potter
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Beatrixe Elfina




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MensajePublicado: Mar Feb 19, 2008 6:28 pm    Asunto: Responder citando

Jajajajajajajajajaj

q locas!!!

sigueeeeeeeeeee!!



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MensajePublicado: Jue Feb 21, 2008 3:57 pm    Asunto: Responder citando

o lo siento por no haber pasado antes pero no tngo mucho toiempo juro ponerme al corriente despues... solo qeria avisarte qe sigo aqi...!! xD bue besos y ia..!



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RadizRowenaRyddle




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MensajePublicado: Mie Feb 27, 2008 2:18 am    Asunto: Responder citando

Quiero mas!!! Ya quiero ver la cita de Lily y Scorpius!!!!!



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sariluri




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MensajePublicado: Mar Mar 04, 2008 7:33 am    Asunto: Responder citando

- Capítulo 8: La Marca… ¿Tenebrosa?


Hola chicas!! Muchas gracias por vuestros post!! Q majas!! Aqui os traigo otro capítulo de las intrepidas aventuras de Lily Potter jeje!! Besos.




En entrenamiento fue bastante duro y se me hizo eterno. Quizás porque era la primera vez que volaba tanto tiempo en escoba, quizás porque estaba deseando acabar para ir a encontrarme con Scorpius.

En realidad entrenar siendo buscador era un poco aburrido, ya que tenía que buscar la pequeña snitch mientras los demás se lo pasaban en grande con la quaffle. Al ser mi primer día no sacaron las bludgers por deferencia a mi persona, lo cual agradecí visto lo visto en el último partido.

Cuando mi hermano creyó que ya habíamos sudado la camiseta lo suficiente, el equipo, incluyéndome a mí, nos encaminamos hacia los vestuarios.

- Buen trabajo, chicos – dijo Albus con una gran sonrisa -. Está mal que lo diga, pero es un hecho. Somos los mejores. Hufflepuff no tiene nada que hacer.

- Estoy chorreando – dijo Jessica Simons, quitándose la camiseta, quedándose en sujetador, y calándose una toalla al hombro para ir a ducharse.

Jessica era una chica de la clase de mi hermano que jugaba como cazadora del equipo. Era muy guapa, morena y con el pelo largo. Me sorprendió que los chicos y las chicas se cambiaran los unos delante de los otros con total impunidad.

- Mmmmm, Jess – dijo Mark Johnson otro cazador del equipo que también se había quitado la camisera y andaba por ahí con torso desnudo -. No digas esas cosas que ya sabes como me ponen.

- Date una ducha fría, Johnson – dijo ella de camino a las duchas.

- Podría dármela contigo si tú quisieras, guapa – siguió bromeando el chico.

- En tus mejores sueños, guapo – dijo su voz lejana accionando ya la llave del agua.

- Está loca por mí – le dijo a mi hermano Albus, que soltó una carcajada y le dio palmaditas en la espalda para infundirle ánimos.

Al escuchar sus insinuaciones sobre temas de alto contenido sexual noté como un pequeño rubor subía hasta mi rostro. Me senté en uno de los bancos que se extendían a lo largo de la sala, para poder quitarme las botas con mayor facilidad. A mi lado estaba Robert Wood, el guardián del equipo y uno de los mejores amigos de mi hermano, que me miraba de reojo.

- Estos dos siempre están igual, ya te acostumbrarás – dijo con una amplia sonrisa -. Por cierto, hoy has jugado muy bien. Los Potter lo lleváis en la sangre.

- Si, supongo. La verdad es que estaba aterrada hoy – dije con voz ahogada por el esfuerzo al tirar de las botas -. Hacía mucho que no practicaba.

Era bastante amable por su parte animarme de ese modo, ya que tampoco es que hubiera jugado demasiado bien. Siguió observando mis pobres esfuerzos por sacarme las enormes botas de quidditch.

- Tienen truco – dijo arrodillándose delante de mí y pasando sus manos por la parte posterior de mi pierna -. Aquí atrás tienen una hebilla… ya está.

Mientras me sacaba la bota de un tirón, miró hacia arriba y se encontró directamente con mis ojos. Se quedó unos instantes así, como pensativo.

Me sentí un poco incómoda al verle arrodillado delante mía. Entonces se incorporó, por lo que fue él quien estuvo a mayor altura que yo. Me sentí empequeñecer ante su escrutinio.

- Si quieres espero a que te cambies… – dijo dubitativo – y volvemos juntos.

- Bueno – dije desabrochando la otra bota y quitándomela, ahora con facilidad -, tengo que ducharme, y luego tenía que hacer una cosa antes de regresar al castillo. Así que mejor que no me esperes.

Me sentí un poco mal por tener que darle largas de forma tan palpable. Lo cierto era que siempre se había portado bastante bien conmigo, desde que entré en Hogwarts, pero nunca me había llamado realmente la atención.

Aunque no podía decir que no fuera guapo, porque lo era, y mucho. Tenía una cara muy expresiva, se notaba sobre todo en las arrugas de los ojos y las comisuras de los labios de reírse con facilidad. Su pelo era castaño y revuelto, y sus ojos grandes y marrones.

- Bueno, quizás en otra ocasión – dijo alegremente cogiendo su gran bolsa llena de ropa y su escoba, y saliendo por la puerta.

Cogí una toalla y me metí en una de las duchas del vestuario. Comencé a desnudarme, dejando la ropa sobre la barra de la cortina, y abrí la ducha, dejando que el agua caliente relajara mis músculos. Escuché el goteo entrecortado del agua cuando cerré de nuevo la llave de la ducha al terminar.

Me vestí apresuradamente, y me desenredé el pelo, dejándolo suelto sobre mis hombros. Metí todas mis cosas en mi bolsa y salí a la calle. Fuera hacía frío, al ir al entrenamiento se me había olvidado coger el abrigo, por lo que solo llevaba una cazadora que casi no abrigaba nada. Además tenía el pelo húmedo, por lo que esa sensación se incrementaba aun más.

Cuando llegué al invernadero dos me llevé un chasco al ver que Scorpius no estaba. Pero entonces sentí una sombra a mi espalda, y cuando me di la vuelta, allí estaba, con media sonrisa estampada en su cara.

- Creí que te habías olvidado – dije ante su sorpresa.

- Llegué un poco pronto, así que he dado una vuelta – me explicó -. ¿Qué tal tu entrenamiento?

- Bien – contesté con una sonrisa un poco fingida -. En realidad no he hecho demasiado. Supongo que habrán tenido lástima de mí porque soy nueva.

- Estás tiritando – dijo arrugando la nariz -. Vamos dentro.

La puerta del invernadero estaba curiosamente abierta. Pero dentro no hacía mucho más calor que fuera, aunque al menos no corría el aire. Me fui a sentar sobre una mesa muy alta que había a la entrada, al lado de una mandrágora recién trasplantada. De esta forma nuestras cabezas estaban a la misma altura, ya que él era más alto que yo.

- Al venir se me olvido que más tarde podría hacer frío – dije mientras me castañeaban los dientes.

- Toma – dijo quitándose el abrigo y poniéndomelo por encima de los hombros.

Me sentí un poco mal por dejarle a él sin su abrigo, pero agradecida porque en realidad estaba helada. Metí los brazos dentro de las mangas, y él se rió entre dientes al ver lo grandes que me quedaban las mangas.

- Aunque no lo creas todo es un complot – susurré para darle un aspecto siniestro al asunto -. Poco a poco me estoy haciendo con todo tu armario.

- Ya veo – dijo simulando enfado, acercándose a mi con bastante disimulo, por lo que nuestros rostros estaban el uno en frente del otro -. Primero mi bufanda y ahora esto. No tienes vergüenza.

- Lo cierto es que no.

Se rió de nuevo, soltando aire por la nariz. Su mano rozó mi mejilla con su cálida mano, haciendo que mi corazón estallara en un baile rítmico y apasionado. Y entonces su sonrisa se borró de su expresión.

- Estás helada. Quizás sería mejor que volviéramos al castillo – dijo con tono de preocupación.

- ¡No! – dije con demasiado entusiasmo para mi gusto mientras su sonrisa volvía a él. Seguí con un poco menos de entusiasmo, pero implorante -. No, quedémonos solo un rato. No me importa pasar un poco de frío.

Entonces, sin previo aviso, y para mi absoluta sorpresa me abrazó. Puso sus manos en la parte posterior de mis hombros, y su cálida mejilla contra la mía. Pasó sus manos rápidamente por mi espalda, frotándomela, para darme calor. Su abrazo fue tan repentino que me había puesto tensa como una estaca, y mis ojos parecían querer salirse de sus… esto… huecos de ojos. Pero poco a poco me fui relajando cuando empezó a acariciarme la melena, despreocupado.

Nunca hubiera imaginado que Malfoy pudiera ser de esa manera, y si alguien me lo hubiera contado le habría dicho que consultara su caso con especialistas. Nadie me había abrazado de ese modo tan tierno a como lo hacía él ahora. Cerré los ojos creyéndome en el cielo. Me apartó el pelo hacia un lado y me susurró al oído:

- ¿Mejor?

En contacto de su tibio aliento en mi cuello se me puso la piel de gallina. No pude evitar estremecerme, pero aun así no me moví ni un solo centímetro para apartarme de él.

- ¿Cómo lo diría? Infinitamente mejor – dije también entre susurros.

- Que bien hueles – dijo mientras escuchaba como aspiraba el aroma de mi pelo, jugando con uno de mis mechones -. A fresa. Dan ganas de comerte.

En ese momento fue como si cientos mariposas eclosionaran en mi estómago. Aunque la sensación fue tan fuerte, que más que mariposas podrían haber sido una manada de elefantes de fiesta en mi aparato digestivo.

El calor comenzó a abrasarme por dentro cuando comenzó a rozar mi cuello con los labios. Siguió besándome y sorbiendo mi piel, y para mi vergüenza solté un suspiro de placer.

- Creo que deberíamos parar – dije mientras la cabeza me daba vueltas.

Se apartó rápidamente para mirarme a los ojos. Una arruguita encantadora se acentuó entre sus cejas, bajo su flequillo dorado. Sus ojos tenían un brillo apasionado, apagado por la frustración. Era la mirada de un niño que examina el caramelo desde la bolsa, sin poder alcanzarlo.

- Lo siento, quizás me he pasado – murmuró contrariado.

- No es eso – le explique mordiéndome el labio -, es que… necesito respirar un momento.

La sonrisa maliciosa que se dibujó en su rostro a continuación, me dejó sin habla. Se acercó tan lentamente que fue desesperante, hasta que posó sus labios sobre los míos, apenas rozándolos, moviéndolos muy despacio, como si con eso quisiera hacer que mi corazón no latiera a mil por hora, como lo estaba haciendo. Cuando me mordió el labio inferior me arrancó otro suspiro que no pude contener. Aquello hizo que su pasividad se desvaneciera, tomándome por los hombros y besándome con ardor.

No se cuanto tiempo estuvimos así, abrazados y besándonos. Podrían haber sido horas. Cuando nos separamos, abrí los ojos lentamente y sonreí.



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MensajePublicado: Mie Mar 05, 2008 3:49 pm    Asunto: Responder citando

DIOS..!!!

SCORPIUS ES...!!!
IGUAL QE SU PADRE..1!
ME ENCANTA TODO.1.!!
AI CHICA ESPERO Q CONTINUES PRONTO..!!
AQI ANDARE Y FELCIIDADES M PONES LAPIEL DE GALLINA AL LLEER TODO ESTO..!
BESOS



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MensajePublicado: Mie Mar 12, 2008 4:14 am    Asunto: Responder citando

aaaaaaawwwwwwww..... Buenísimo!!
Me encanta el fic, Sariluri!! ^^
Venga, siguelo, lo has dejado en la mejor parte!!

oie, me darías tu correo electrónico?



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sariluri




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MensajePublicado: Sab Mar 22, 2008 11:57 am    Asunto: Responder citando

Bueno aqui va el resto del capitulo. Espero que os guste! Saludos.



Al día siguiente estuve un poco reticente a levantarme para ir a desayunar porque me había acostado un poco tarde. Pero tampoco es que los demás tuvieran mejor cara, así que tampoco me preocupó demasiado.

A parte tuve que aguantar unas terribles agujetas por el ejercicio del día anterior. Ahora recordaba porque nunca montaba en escoba. Aquel dolor era mortal cada vez que subía o bajaba las escaleras, y cada vez que me sentaba, veía más estrellas que en una clase de astronomía.

- ¡Aayy! ¡Auuu! ¡Aaaa! – exclamé cuando me agaché para sentarme a la mesa del Gran Comedor, agarrándome fuertemente al borde de la mesa.

- ¿Ya estás con los achaques? – sonrió Alice -. Estás mayor.

- ¡Qué graciosa! Escucha – puse cara de oír algo muy bajito -. ¿Oyes eso? Es la ironía en mi voz.

Alice meneó la cabeza entre risas, mientras se disponía a agarrar unas tostadas del cesto a su derecha.

- No pasará nada porque te diviertas un poco jugando al quidditch. El deporte es sano. No te hará daño – solté en tono burlón, imitando a mis amigos -. ¿Hace falta que os diga por donde os podéis meter la escob…?

- Bueno – me interrumpió Cloy -, al final no nos has contado que tal con… ya sabes quien – esto último lo dijo entre susurros.

- Dios, ni que estuvieras hablando de Lord Vodemort – dije atándome una coleta para no meter los pelos en la leche, y por supuesto saliéndome por la tangente.

Mientras saludaba con media sonrisa a Scorpius que me miraba desde su mesa, oí como Alice y se echaban a reír cuchicheando.

- ¿Qué pasa? ¿Tengo cara de chiste? – dije poniendo mala cara.

- No, solo que ya vemos que ayer te fue “muy bien” – dijo Cloy abriendo mucho los ojos y con sonrisa de sapo, mientras se echaba cereales en la leche.

- ¿Qué? – dije con una mueca de incomprensión.

Alice carraspeó y se arrascó el cuello con disimulo, mirando a otro lado. Comprendí al instante. Pero justo en ese momento, Hugo se sentó a mi lado.

- Buenos días, chicas – y mirándome exclamó echándose para atrás del susto -: ¡Joder! ¡¿Eso es un chupetón?! ¡Es enorme!

- Baja la voz – dije tapándomelo con la mano y continué con tono apremiante -. Alice, déjame tu bufanda.

Alice sacó su bufanda de la mochila y me la pasó por encima de la mesa. Me la coloqué sobre los hombros sin anudarla, simplemente para que me tapara la marca.

- ¡¿Qué pasa Hugo?! – dijo mi hermano con su saludo matutino.

Intenté pasar desapercibida, agachando la cabeza para que pasara de largo. Pero mi hermano, extrañado por mi repentina indiferencia se paró entre mi primo y yo, contemplándome con recelo, ya que no le había insultado como tenía por costumbre.

- ¿No me das los buenos días, hermanita? – dijo burlón.

- Buenos días – contesté simplemente removiendo mis cereales con la cuchara.

- ¿Qué te pasa, ratita? ¿Tienes frío? Quítate eso que te va a dar el sarampión – dijo tirando me la bufanda, quitándomela antes de que pudiera darme cuenta y pararle.

- ¡Guau! – exclamó entre sorprendido y asqueado mirando mi marca de cerca -. ¿Qué es esa cosa? ¿Te ha salido un herpes?

- Vete a tomar por… - pero no acabé la frase, ya que para mi enorme bochorno su amigo Mark Jonson se paró a su lado, y se puso a examinar mi cuello.

- ¡Ahí va! Mira tío, se está poniendo morado en el centro y amarillo por los contornos – dijo tocándome con el dedo, como se toca a un animal muerto con un palo -. Tu hermana debería ir a la enfermería. Quizás se haya dado un golpe durante el entrenamiento.

- Eso no es un golpe – dijo Jessica Simons que pasaba de largo en ese momento -. Es un chupetón como una catedral.

Me lleve las manos a la cara mientras Alice, Cloy, y Hugo rompían en carcajadas. “Voy a matarte Malfoy”. Esto era todo por su culpa. Miré entre las rendijas de mis dedos hacia su mesa. Al parecer había estado pendiente de todo, ya que sonreía silencioso, sorbiendo de su taza.

- ¿Qué? ¿Cómo que un chupetón? ¿Quién te ha hecho eso? Responde – dijo Albus con un tono tan grabe como si me hubieran pegado una paliza de muerte o algo peor-. Respóndemeeee que me lo cargo.

- Que-pases-de-mí. Yo puedo hacer con mi vida lo que me de la gana, engendro – dije cabreada.

- No será Wood, ¿verdad? – dijo mirando furioso hacia donde Robert se sentaba, inconsciente de todo el asunto.

- ¿Qué dices? ¡No! – dije contrariada -. ¿Por qué crees eso?

- ¿Tú lo sabes, Hugo? – preguntó a mi primo de forma airada, ignorándome por completo.

- No tengo ni la más remota idea – mintió abriendo su ejemplar de El Profeta por la mitad.

Volvió de nuevo su rostro enloquecido hacia mí, nos aguantamos la mirada el uno al otro, con los ojos cada vez más entrecerrados, hasta que casi no pude ver nada.

- Me voy a enterar. Voy a tenerte en mi punto de mira, y voy a poner espías para vigilar tus pasos – amenazó como si se tratara del padre de la mafia italiana.

- ¿Y cuando lo sepas, que vas a hacer? ¿Vas a morderle una pierna? – dije impregnando mi pregunta con toda la burla que pude mantener.

- Es una opción – dijo simplemente, y se fue a sentarse cinco asientos más allá, donde sus amigos le habían guardado un sitio.

- En una cosa tiene razón – dijo Hugo a través de su periódico -. Se va a acabar enterando.

- Cierra el picó – le ataqué mientras me colocaba de nuevo la bufanda y Cloy y Alice se doblaban de la risa -. No tiene gracia.

Cogí una hoja del periódico de Hugo, que me chilló porque era la página que estaba leyendo, e hice una bola con ella. Se la lancé a Scorpius mientras mi hermano estaba distraído. Cuando Malfoy alzó la mirada hacia mí, le hice señas para que saliera del Gran Salón. Entonces me levanté, y atravesé la sala como un huracán, dándole una palmada a mi hermano en la mano que sujetaba el zumo de calabaza, haciendo que se le derramara todo encima.

Cuando salí afuera tal era mi rabia que empecé a dar patadas y puñetazos a la pared. Algo estúpido, ya que me hice más daño que yo a ella, y además aquel muro no me había hecho nada malo. Algunos chicos de Ravenclaw se me quedaron mirando atónitos.

- ¡¿Qué miráis?! ¡¿Queréis una foto?! – dije mientras huían despavoridos escaleras arriba. Debía dar bastante miedo mi cara para que reaccionaran así. Mejor, aquello intimidaría a Malfoy para lo que tenía que decirle.

- No es necesario que agredas a todo el alumnado – dijo el mismo, saliendo del Gran Comedor, con media sonrisa y un brillo en la mirada que me pareció de pura diversión.

- ¡¿Te parece gracioso?! – dije hecha una furia.

- ¿El qué? – preguntó frunciendo el ceño, pero sin borrar esa sonrisa.

Le agarré de la corbata de rayas verdes y plateadas, y tiré de él para llevarle detrás de una de las columnas, ya que unas chicas que acababan de aparecer de las mazmorras y se dirigían a desayunar.

- Ya lo sabes – susurré mientras observaba como las chicas se metían al Gran Comedor para desayunar, cuchicheando al vernos -. No te hagas el tonto.

- No, no tengo ni idea.

- ¡Esto! – dije apartando la bufanda y enseñándole mi chupetón de grandes dimensiones.

- ¡Ah, eso! – dijo encogiéndose de hombros, restándole importancia -. Bueno, tiene su gracia.

- Como puedes ser tan… tan… - dije intentando encontrar una palabra lo suficientemente mala que le definiera en esos momentos.

- ¿Simpático? ¿Alto? ¿Guapo? – me interrumpió.

- …CAPULLO – escupí.

- Mmmm… no es lo que tenía en mente – dijo con un tono burlón.

- Ahora mi hermano lo sabe. Bueno, no lo sabe, pero lo sabe, o sabe algo, y acabará sabiéndolo… – dije haciéndome un lío mental de tres pares. ¿Por qué cuando estaba irritada no era capaz de decir nada coherente?

- Me encanta cuando te enfadas – dijo agarrándome por la cintura, con un tono bastante sugerente.

Hice caso omiso a las mariposas de mi estómago, y me crecí más aún contra él. Si creía que eso le iba a servir lo llevaba claro.

- ¿Me estás escuchando? – le grité.

- Si claro, nosequé de tu hermano – dijo simplemente, besándome la mandíbula -. Y que sabe algo.

- ¿Qué haces? ¡Nos van a ver! – susurré histérica revolviéndome, pero él no dejó que me apartara, sino que me estrechó aun más contra su cuerpo.

Me silenció con un beso en los labios, de esos que quitan el hipo, o por lo menos que actúan contra tus neuronas, paralizándote por completo cuerpo y mente.

- Pienso morderte – me aparté rabiosa, en mi vano intento de resistirme -. Te arrancaré un trozo de labio y lo escupiré al suelo… Luego lo pisotearé con saña.

- Eso me encantaría – dijo con pasión.

Comenzó a besarme de nuevo. Al principio luché por soltarme, pero finalmente me relajé, y no solo le devolví el beso, sino que le atraje con furia hacia mí, agarrándole de su túnica. ¿Cómo podía ser tan débil?

- Eres perverso – dije cuando acabé de besarle -. Mira lo que me haces hacer en lugares públicos.

- Nadie te ha apuntado con una varita, bonita – dijo con una gran sonrisa.

Pero entonces una voz carraspeó fuertemente tras de mí, haciéndome saltar de un brinco. ¡No!



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Lady Perséfone




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MensajePublicado: Dom Mar 23, 2008 2:20 am    Asunto: Responder citando

oooooooohhhhh....!!! ¿Quien es?
como lo dejas ahí, malvada...?!!!
Vamos! sube más... tardas muchooooo....
MAS, MAS, MAS, MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS......!!!!!



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MensajePublicado: Vie Mar 28, 2008 11:27 pm    Asunto: Responder citando

dios.... duios dios .. qien carraspeo o.o.... qiero mas mas mas.... me gusto eso del chupeton jajajaja xD espro qe continues



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ARY




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MensajePublicado: Mar Abr 01, 2008 4:40 pm    Asunto: Responder citando

muyyy buenooooo



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RadizRowenaRyddle




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MensajePublicado: Dom Abr 20, 2008 1:04 am    Asunto: Responder citando

Como es posible que seas tan mala de dejarlo asi?? Te voy a matar!!!!!!!!!! Por favor continualo que me muero por leer mas!!!!



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sariluri




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MensajePublicado: Dom Jul 06, 2008 4:27 pm    Asunto: Responder citando

Vaya! Debeis odiarme mucho por todo lo que he tardado en postear el fanfic. He estado muy muy saturada todo este tiempo, con estudios, trabajo, etc. espero poder ponerme con ello enserio de nuevo. Os voy dejando el siguiente capitulo. Besitos a todas.


EN ANTERIORES CAPITULOS... JEJEJE

- Nadie te ha apuntado con una varita, bonita – dijo con una gran sonrisa.

Pero entonces una voz carraspeó fuertemente tras de mí, haciéndome saltar de un brinco. ¡No!




- Capítulo 9: Poción para dormir.

Cuando me di la vuelta, me llevé una mano al pecho, soltando aire en un largo suspiro. Mi corazón volvió a latir de nuevo cuando vi quienes eran. Mi primo Hugo, Cloy y Alice.

- ¡Pero que susto! – dije todavía con la mano en el pecho, intentando recolocar mis órganos vitales en su sitio original.

- Veo que estáis ocupados. Íbamos a clase. – dijo Hugo con media sonrisa y una ceja levantada, y al ver que no reaccionaba agregó - Herbología.

- ¡Si, claro! Herbología – dije todavía desorientada a Scorpius -. Me voy. Hasta luego.

Scorpius no respondió, pero levantó la mano, haciendo gesto de despedida, todavía con una sonrisa pícara en los labios.

Los cuatro caminamos afuera, hacia los invernaderos. Un silencio incómodo estuvo presente durante largos segundos, y parecía aun mayor al contrastar con nuestras pisadas, y con otros sonidos que no deberían oírse si estuviéramos teniendo una conversación que… bueno… que no estábamos teniendo.

- ¿Sabes? – rompió Hugo el silencio, lo cual agradecí – tu forma de mantener algo en secreto mientras lo aireas en medio del pasillo, me resulta fascinante.

Era tiempo al tiempo que mi primo asestara la primera puñalada.

- No ironices conmigo – refunfuñé -. No fue mi culpa. Fue suya. Me atacó cuando estaba desprevenida.

- Que raro. Parecía ser al revés – bromeó Cloy.

Todos echaron a reír, y mientras lo pensaba yo me uní a ellos sin poder evitarlo. Entonces suspiré de alivio.

- Creí que Albus me había pillado. Es capaz de cualquiera cosa.

- Estaba muy ocupado limpiando el zumo que le habías derramado encima, al pasar con tu mala leche mañanera – dijo Alice con una sonrisa.

- ¡Tenía que vengarme! – contesté furiosa -. No para de fastidiarme. Todo el día. Y ahora con el quidditch. Es increíble. No es normal. Todos lo sabían. Menos yo.

Los tres escucharon la realización frases cortas por mi parte, apenas bufidos, a causa de mi enfado.

- Entonces… - comenzó Cloy cuando hubo otro largo silencio.

- ¿Entonces qué? – quise saber. Odio que la gente se ande con rodeos y me deje a mitad de frase.

- … lo vuestro… - prosiguió curiosa -. ¿Qué es lo vuestro?

- Eeeeeeeeeee… - solo se me ocurrió ese monosílabo, si es que se lo puede llamar así.

- Porque claro – comenzó a argumentar como si estuviera exponiendo los doce usos de la sangre de dragón -, no sois novios ni nada, ¿no? ¿O si?

- Pues verás… esto… esto es más bien un yo… y un él… que deriva en un nosotros…

- Vamos, que no tienes ni idea – repuso Cloy.

- No – respondí.

¿Para que molestarme en mentir? Era cierto que aun no habíamos hablado seriamente, pero no quería empezar a pensar de forma paranoica, así que opté por relajarme en clase de Herbología.

- Todavía es demasiado pronto – me alentó Alice, poniéndome la mano en el hombro, al ver mi cara de frustración.

Al entrar en el invernadero encontramos al profesor Longbottom colocando una maceta sobre una de las mesas. Nos saludó alegre en cuanto entramos. Se le veía una persona feliz con su trabajo, con su rostro redondo siempre sonriente. Aunque a veces su entusiasmo no era colectivo. Para mí por ejemplo la Herbología no representaba un gran aliciente en mi vida, la verdad. A mí lo que me gustaba era preparar las plantas para diversas pociones, y no tener que cuidarlas.

Habíamos llegado demasiado pronto, éramos los primeros en entrar, así que Neville se dirigió hacia nosotros. Llevaba una túnica manchada de tierra en las mangas y en el pecho, y unos guantes de piel de dragón, seguramente para evitar que alguna de sus simpáticas plantas le arrancara un dedo. Él y Hagrid tenían un extraño concepto de lo raro y lo curioso.

- ¿Qué tal todo chicos? – preguntó cordial -. Ya queda poco para las vacaciones de Navidad.

- Si – dijo Cloy con un suspiro de cansancio, soltando su bolso sobre una de las mesas -. Lo estamos deseando.

Los malo de tener un profesor amigo de tus padres, es que en cualquier conversación familiar puede surgir la explicación de tu comportamiento y destrozos ocasionados en clase. Gracias a dios mis padres se lo tomaban bastante bien. Aunque claro, supongo que para Alice eso sería mucho peor, ya que tenía profesor y padre a la vez, y encima trataba de inculcarla en negocio familiar.

- El otro día les mandé una lechuza a vuestros padres – dijo Neville refiriéndose a Hugo, a Cloy y a mi -. Esperamos vernos estas fiestas. Siempre es agradable reunirse con los amigos y recordar los viejos tiempos en Hogwarts.

- Estoy segura de que nos veremos algún día - sonreí con resignación –. Ya es tradición.

Sabía perfectamente a lo que se refería con recordar viejos tiempos. Eso se traducía sistemáticamente en mi idioma a horas contando historias sobre el grupo estudiantil anti-Voldemort, el ED, y la revuelta en el Ministerio, Gringotts, etcétera, entre risas y más locuras de por medio.

No me malinterpretéis, la historia era fantástica, genial, diría, si me hubiera pasado a mí. Pero había escuchado tantas veces lo mismo que había perdido toda la emoción. Además tengo la pequeña teoría de que las aventuras de nuestros padres siempre nos parecen aburridas a los hijos, es un hecho que se repite generación tras generación. Incluso aunque tu padre haya sido el salvador del mundo mágico… esto… dos veces.

Neville me mandó una sonrisa, como si hubiera leído mis pensamientos, y nos dijo que podíamos ir sentándonos en las mesas, ya que la gente comenzó a entrar en el aula a tropel.

La clase fue un poco aburrida para mi gusto. Mientras el profesor Longbottom explicaba, daba vueltas entre los dedos un objeto brillante que yo sabía que era una moneda del famoso del ED, de la que estaba tan orgulloso y no sin razón. Estuvimos vigilando a nuestros proyectos-planta de este trimestre. Eran un grupo de bubotubérculos bastante inofensivos… si se tenía cuidado con sus secreciones. Pero eran lo más asqueroso que te pudieras imaginar, y justo después de desayunar. Además no estaba lo suficientemente concentrada como para prestar atención, así que acabé manchándome la túnica.

La siguiente clase fue de Transformaciones, donde estuvimos intentando transformar una taza en un sapo cornudo, y fue bastante desastroso porque el mío aun tenía el asa a la espalda (lo cual, a mi parecer, es endemoniadamente práctico, pero la veterana profesora McGonagall no era de mi misma opinión que yo). Y ¡por fin Pociones dobles!

Cada vez que entraba en el aula de Pociones la felicidad me embargaba de tal manera que el tiempo no existía. Podía pasarme horas preparando una poción, y ni siquiera me daría cuenta. Quizás fuera por el ambiente del aula, en las mazmorras, quizás ese olor a mil pociones preparadas allí dentro, impregnado eternamente en sus muros. Quien podía saberlo.

El caso es que siempre me había atraído Pociones. Me acuerdo de aquellas Navidades en las que James y Albus se pidieron unas nuevas escobas y un equipo para jugar a Quidditch, y yo finalmente recibí aquel ansiado “Kit de Pociones para Jóvenes Magos Inexpertos”. Nuestra casa era un autentico caos conmigo y con ese Kit dentro.

Mi padre siempre me había dicho que se preguntaba como era posible que yo fuera su hija, ya que aquella asignatura y él nunca funcionaron. Incluso una vez me contó que a su antiguo profesor de Pociones le hubiera encantado conocerme, que quizás tener a una alumna como yo hubiera cambiado su manera de ver las cosas. Pero claro, yo no tenía ni idea de lo que esto significaba.

Desde que entré en Hogwarts nuestro profesor de Pociones había sido el señor Parkinson, un hombre de mediana edad, quizás un poco mayor que mis padres. Era moreno, alto, y bastante agradable, lo cual ayudaba a una asignatura que a casi nadie le atraía demasiado. También era el jefe de la casa Slytherin, pero imparcial en sus clases. Me caía bien, y yo al parecer, era una de sus alumnas predilectas, quizás porque era de las pocas que se tomaba su clase en serio.

Abrí mi libro de “Elaboración de Pociones Avanzadas” por la página 10, la cual indicó el profesor. ¡Genial! El Filtro de los Muertos. Aquello prometía. Quizás hiciera un poco para mí pequeña colección personal, esa que guardaba en mi cuarto, en el Valle de Godric, como si fuera un tesoro. Vale, quizás era un poco enfermizo... o friki. Pero algunos coleccionan cosas más raras...

Encendí el fuego bajo mi caldero mientras preparaba los ingredientes. El olor del ajenjo mezclándose con el asfódelo subió hasta mi nariz, llenándome los pulmones. Aquella fue la sensación más suave y relativamente agradable de todo el día, exceptuando mi beso con Malfoy, claro. Al recordarlo noté un repentino calor en mi rostro.

Al cabo de un rato el profesor pasó al lado de mi mesa y se quedó mirando mi caldero, sonriente.

- Potter perfecto, como siempre – dijo a mi lado, haciendo que mi ego burbujeara a la par que mi poción -. Quizás tenga demasiado ajenjo, eso lo hará mas potente. No te acerques demasiado.

Con aquella sensación tan extraña salí de clase dando tumbos, con una sonrisa tonta y un poco adormecida. Aquello seguramente debido por aspirar la poción tanto tiempo. Solo quería ir a mi habitación a tumbarme un ratito para que se me pasara el mareo. Al salir del pasillo de las mazmorras y dirigirnos hacia nuestra Sala Común alguien chocó conmigo.

- Perdona – dijo una voz suave.

- No importa – dije feliz, y quizás un poco colocada.

- Ah, eres tú Lily. Perdona, iba sin mirar.

Alcé la mirada, con interés. Entonces sonreí.

- Hola Robert. ¿Qué haces aquí?

- Pues… - se quedó unos instantes mirándome extrañado -. Nada, iba a buscar a Mark a la enfermería. ¿Estás bien?

- Perfectamente – dije con voz cantarina -. ¿Qué le ha pasado a Jonson?

- Jessica le lanzó una maldición.

- Ah. ¿De veras?

- Si – dijo Robert con tono de duda.

Siguió mirándome a los ojos, sin apartar la mirada. Se fijó en mi rostro desenfadado y relajado, y en mis ojos brillantes, y entonces se despidió y comenzó a andar sin darme la espalda, indeciso. Yo le dije adiós con la mano, y con una sonrisa estúpida.

Antes de que diera ni siquiera tres pasos oí que me llamaba de nuevo. Me di la vuelta y le tenía justo en frente, tan cerca que volví a chocar con él. Mi torpeza era algo visible aquella tarde.

- Ups, eres rápido – dije con una sonrisita estúpida.

- Si, bueno – dijo inseguro rascándose la nuca y poniendo una medio sonrisa, medio mueca -. Me preguntaba si querrías que fuéramos juntos a Hogsmeade este fin de semana.

- Me encanta Hogsmeade. Es un buen plan. Demasiado ajenjo – dije y entonces todo se volvió oscuro.



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sariluri




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MensajePublicado: Jue Jul 10, 2008 12:34 pm    Asunto: Responder citando

Parecían haber pasado solo unos segundos cuando comencé a oír voces de nuevo. Solo quería que se callaran y me dejaran dormir de una maldita vez.

- ¿… filtro de los Muertos? ¿Cómo es posible que le pase esto por respirar filtro de los Muertos? – dijo una voz astuta.

- ¿Qué como es posible? Lily es la reina de las desgracias. No te lo preguntes y todo será más fácil – dijo otra voz, femenina y alocada.

- ¡Ey! ¡¿Habéis venido a verme?! – dijo otra voz, alegre.

- No – dijeron varias voces a la vez.

- ¡Que detalle! – volvió a decir la voz anterior -. ¿Entonces que hacéis todos aquí? ¿Regalan algo?

- Es Lily. Está como un tronco.

- ¿Qué le ha pasado?

- Una poción que salió mal… Bueno, en realidad le salió demasiado bien, más o menos.

- El profesor Parkinson me ha dicho que Lily puso demasiado ajenjo a la poción, y eso hizo que se incrementaran sus cualidades somníferas.

- Mola. Primero un herpes y ahora esto.

- ¿Herpes?

- Mejor que no preguntes.

- Que raro. Lily nunca falla al hacer una poción. Realmente tenía la mente en otra cosa.

- ¡Cloy! – le recriminó una voz femenina a otra.

- A mi ya me han quitado toda esa cosa de la cara. Jess es buena maldiciendo. Y al menos me he perdido las clases.

- Seguramente te lo merecías.

- Posiblemente.

- Vamos, vamos. Será mejor que la dejen descansar un rato… – añadió una voz autoritaria a lo lejos.

Entonces todo volvió a quedarse en silencio, lo cual agradecí.

Después de lo que parecieron siglos durmiendo, comencé a notar un suave cosquilleo en la mejilla. Me llevé la mano a la cara para espantar al insecto que me estaba molestando en mi letargo y oí una risita conocida. Entonces sentí como alguien se sentaba a mi lado y se inclinaba hacia mí, besándome. Fue un roce agradable, que se fue intensificando a medida que yo iba despertando, o a lo mejor es que me iba despertando a medida que se intensificaba. Lo único que sé es que alcé los brazos y rodeé a la persona que me besaba.

Incluso antes de abrir los ojos ya podía visualizarle. Mataría a aquel que osara contradecirme en que aquel no era el caballero andante más perfecto y maravilloso que había. Su pelo era rubio, y sus ojos grises; su mirada era dulce y su sonrisa deslumbrante. Fui desperezándome poco a poco, estirando los brazos por encima de mi cabeza. Pero cuando abrí los ojos, di un bote, porque aquel no era mi caballero.

- Hola – me sonreía un chico de grandes y risueños ojos marrones -. ¿Qué tal estás?

- Ro… ¡Robert! ¡¿Qué haces tú aquí?! – dije nerviosa, incorporándome en la cama.

- Hemos acabado de entrenar y vine a ver si estabas despierta, pero no pude resistirme – sonrió de nuevo, travieso -. No, no te levantes – dijo cuando vio mis esfuerzos por apartar las sábanas – aun podrías marearte y caerte al suelo.

- E… estoy bien – dije saliendo de la cama, pero me mareé y tuve que sentarme a su lado.

- Te ha molestado, ¿verdad? – dijo tímidamente -. El beso. Lo siento, no debí hacerlo. Pero ya sabes, me dije: ahora o nunca.

- Si… no… - balbuceé mientras la cabeza me daba vueltas y no me dejaba pensar -. Tengo que irme.

Me costó meter los pies dentro de mis zapatillas, pero cuando lo conseguí, me puse de pie tan apresuradamente como pude. Al menos parecía que podía andar.

- ¿No irás a salir así? – le oí gritar, pero yo ya había echado a correr hacia la puerta de salida y no le escuché, tenía que salir de allí cuanto antes.

Desde las ventanas del pasillo podían verse los terrenos de Hogwarts, casi a oscuras, así que debían de ser las ocho de la tarde aproximadamente. Corrí hacia la Sala Común de Gryffindor ante las miradas asustadas de todos con los que me cruzaba. Al entrar encontré a mis tres amigos junto al fuego. También pude ver sus caras asustadas al verme.

- ¿Pero que demonios haces? ¿Te has vuelto loca? – dijo Hugo divertido.

- ¿Qué? – contesté furiosa sin entender sus palabras.

- Parece que te has escapado del departamento de casos mentales de San Mungo – dijo Alice señalando mi ropa.

Baje la mirada para ver a que se referían y por primera vez vi el batín blanco de hospital con el que estaba vestida. Me llevé lentamente las manos a la espalda y comprobé para mi sorpresa que el batín estaba abierto por detrás, por donde lo más seguro es que pudieran verse mis bragas a la perfección. Solté una palabra muy malsonante y me dirigí corriendo hacia la habitación para cambiarme. En cuanto me hube puesto una camiseta y la falda del uniforme del colegio, entraron Alice y Cloy, y me miraron con precaución.

- ¡No me miréis así! ¡Me he paseado por todo Hogwarts con eso puesto! ¡Dios! – dije señalando la prenda blanca -. ¡¿Por qué demonios me pasan estas cosas?!

Tras ellas entró Hugo, mirándome con el entrecejo fruncido, como si llevara una camisa de fuerza y me estuviera balanceando en una esquina.

- ¿Cómo has entrado aquí? – le dije abrochándole la camisa rápidamente, sin poder casar muy bien cada botón con su ojal correspondiente -. Los chicos no pueden entrar.

- Soy prefecto – dijo encogiendo los hombros -. Tengo permiso expreso para entrar en los cuartos de las chicas para poner orden. Y creo que ahora debo poner orden.

- No hace falta, gracias – dije malhumorada.

Las lágrimas casi me estallaban de la rabia y la vergüenza de haber corrido así por Hogwarts. Al menos me había cruzado con veinte personas, veinte personas que ahora creían que estaba totalmente desquiciada, y que sabían que usaba braguitas blancas con estampado de corazones amarillos.

- Dinos de una vez de que se trata – esta vez su voz sonó más preocupada, aunque no sin un tono burlón todavía presente -. ¿Te has peleado con Malfoy?

- ¿Cómo que…? – cuando escuché el nombre de Malfoy me sentí peor aun de lo que ya me sentía -. ¿Quieres dejar de colarte en mi cuarto para psicoanalizarme?

- ¿Qué ha pasado? – dijo Alice preocupada sentándose en mi cama.

Me llevé las manos a la cabeza. Tenía la sensación que la presión iba a hacer que esta me estallara en mil pedazos, y llenara la habitación y a mis tres amigos de trozos de sesos.

- ¡He besado a Wood! – grité histérica, tan agudo que quizás solo hubieran podido oírlo los murciélagos que se ocultaban en el tejado.

- ¿Qué? – exclamó Alice sorprendida.

- Eres una ruina como persona – señaló Hugo negando con la cabeza.

- ¡Cállate! – le amenacé muy enserio con la mirada.

- ¡Primero Malfoy y ahora Wood! – dijo Cloy con un silbido -. ¡Tienes un increíble buffet de hombres!

- No es momento de hacer chistes – le contesté -. No quería besarle. Él me besó cuando estaba dormida. Vino explícitamente para eso, ¡lo hizo con premeditación y alevosía!

- ¡Vaya, vaya con el pequeño Roby! – dijo Cloy con una amplia sonrisa.

- ¿Quieres dejar de decir eso? – le grité histérica -. Lo peor de todo es que creo que tengo una especie de cita con él. ¿Qué demonios voy a hacer? ¡Ya sé! Le diréis que estoy muy enferma, con spartegroit, y que nadie puede verme.

- No pensamos mentir por ti, Lily. Afronta tus actos – dijo Hugo con calma.

- ¡Pero si estaba bajo la influencia de drogas! Bueno… en realidad de una poción… ¡Pero no era consciente de mis actos!

- Que excusa tan barata – sentenció Hugo.

- No se – dije sentándome en el borde de la cama, junto a Alice -, tendré que hablar con él y decirle que todo ha sido un malentendido.

- Pobre Roby. Se va a llevar una desilusión enorme – saltó Cloy – cuando le digas que no vas a ir con él.

- ¿Cómo que pobre? ¡Es un asalta camas diurno!

Los tres se quedaron mirándome de nuevo, en un silencio que se prolongó unos instantes y que me puso aun más nerviosa de lo que ya estaba.

- Está bien – solté malhumorada -. Voy a buscarle ahora mismo para hablar con él.

- Buena idea – dijo Alice complacida.

Salí de la habitación y bajé las escaleras de dos en dos, y en un par de zancadas más alcancé la salida, a través del retrato de la Dama Gorda. Al principio pensé que eran imaginaciones mías, pero después de un rato acabé reconociéndome a mi misma que todo el mundo me miraba, mientras cuchicheaban a mis espaldas. Parecía que alguien había corrido la voz, y ahora todo el mundo sabía que había desfilado por Hogwarts en camisón.

Al caminar hacia la enfermería, medio escondiéndome de la gente, vi desde una ventana caminando hacia los terrenos de Hogwarts, y ataviado con un uniforme de Quidditch y una escoba, a Scorpius. Olvidándome por completo de mi propósito inicial, corrí hacia él, saliendo fuera del castillo.

- ¡Scorpius! – le grité mientras intentaba alcanzarle.

Pero pareció no oírme, así que corrí de nuevo tras él.

- ¡Malfoy! – le dije cuando estaba a unos diez metros de él, distancia a la que fue perfectamente capaz de oírme -. ¿Vas a entrenar? Es un poco tar…

Pero mi voz se cortó de repente, cuando este se giró sobre sí mismo, pues su afilada mirada me atravesó. Me miraba tan dura y fríamente que noté como si me asestara un tajo en medio del rostro. Finalmente hizo una mueca, y despreciando mis palabras me dio la espalda, y siguió caminando hasta que le perdía de vista.

Me había quedado paralizada, el miedo corría por mis venas, un miedo irracional, agobiante, que no se parecía a ninguna clase de miedo que hubiera experimentado antes. Estaba muy claro que se había enfadado conmigo, pero ¿por qué? ¿Qué había hecho yo?



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MensajePublicado: Lun Oct 13, 2008 3:13 pm    Asunto: Responder citando

Sigue, sigue que esta buenisimo. Ya quiero saber que le pasa a Scorpius.



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