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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Mar Jun 26, 2007 3:23 pm Asunto: La Gata del Desierto |
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Bueno, este fic NO ES MIO es de una chica de otro foro llamada Sariluri, se acaba de registrar.
Me ha dado permiso para publicar su fic aquí, porque de verdad creo que escribe genial.
Espero que lo disfruteis, aunque no esta todavia acabado.
Os dejo el primer capitulo!!!!
Capítulo 1: Se abrió el infierno: Halloween
Los personajes suelen estar a favor o en contra
de la búsqueda. Si la apoyan, se los idealiza
simplemente como a valientes o puros, si la
obstruyen, se los tilda simplemente como infames
o cobardes.
Por consiguiente, todo personaje típico suele
enfrentarse con su contrario moral, como las
piezas blancas y negras del ajedrez.
NORTHROP FRYE
Anatomy of Criticism
Un ruido hueco de tacones corriendo, el contacto del motor, un acelerón, un derrape, una maldición.
Humo, cenizas y polvo...
Ella temía que ya fuera demasiado tarde para reparar el daño, pero rogaba al cielo que no fuera a costa de vidas inocentes... aunque... cuando se trataba del Señor Oscuro, era lo mínimo que cabía esperar.
Desde el punto en el que se encontraba podía divisar la Marca Tenebrosa surcando el cielo, aquella calavera que sin duda estaba riéndose de ella, mientras escupía un serpiente por encima del mundo. Aquella joven se sentía impotente, no podía hacer nada más que apretar los dientes con rabia y cerrar su puño enguantado en cuero negro sobre el mango del manillar de la imponente moto, la cual rugía de forma estremecedora, marchando de forma veloz por la carretera, como una sombra negra que volaba... como un murciélago a través de los nocturnos árboles.
Cada vez estaba más cerca... podía sentir la catástrofe en el aire, pero la jinete de negro respiraba más entrecortadamente bajo el casco, a cada minuto que pasaba. Si tan solo pudiera ir un poco más rápido...
Entonces se escuchó el estruendo del motor. Había hablado demasiado pronto. La brillante y oscura moto la había dejado tirada, justo ahora que estaba tan cerca.
- ¡Jodida mierda! - gritó con desesperación, arreándole una patada a la máquina con tal fuerza, que acabó abollando la parte del depósito.
No podía parar, no podía fallarles ahora. Se quitó el casco y lo tiró en medio de la carretera, que rodando, fue a parar hasta una alcantarilla, descubriendo así su pálido rostro, sus rojos labios, sonrojadas mejillas por el sofoco y sus ojos, de un azul intenso como el agua cristalina los cuales contrastaban con el color negro y sedoso de su cabello, sacudido por la brisa nocturna.
Comenzó a correr, pero a los pocos metros se le rompió un tacón de su negra bota y se le torció el tobillo. Pronunciando un par de maldiciones más, se arrancó las botas de los pies y conteniendo el dolor de la torcedura, corrió descalza por la carretera de la avenida principal, con sus botas de tacón de aguja en la mano izquierda y su varita en la diestra... escuchando sus jadeos y el fru frú de su traje de moto de cuero negro, que le cubría de los tobillos al cuello.
Subió la pequeña colina, que tantas veces había cruzado despreocupadamente y miró al cielo... y miró la Marca Tenebrosa. Algo ardió dentro de ella, cerca de su cadera, que hizo que su estómago se convulsionara. Era algo así como una quemazón, pero siguió ascendiendo medio doblada.
Ante ella se extendía el que había sido un valle próspero y verde, en Valle de Godric. Desde lo alto pudo vislumbrar todo el horror y el desastre acontecidos allí. Sin detenerse ni un segundo más, bajó a todo correr la colina, recordando lo ocurrido en las últimas horas... de cómo había sido tan imbécil de no darse cuenta:
~*~*~*~*~*~*~*~*~
- ¿Ya te vas?
- Tengo que hacer unas cosas. Voy a pasarme por casa de Peter...
- ¿Quieres que te acompañe?
- ¡No! Quiero decir... no hace falta...
- Podría ser peligroso.
- No te preocupes, si necesito ayuda os avisaré - dijo y ante la cara de preocupación de ella añadió con una sonrisa -. Sé cuidarme solo preciosa.
¿Quién podía resistirse a esa sonrisa?
~*~*~*~*~*~*~*~*~
Pero ella sabía lo que ocurría en realidad. En tiempos oscuros como los que transcurrían ya nadie se fiaba de nadie, ni de los amigos, ni de su propio corazón. Y no podía culparle porque hubiera hecho lo mismo para proteger a sus amigos.
Había estado despreocupadamente en casa, pensando en como se había marchado, de cómo la había mirado antes de marchar... como si no fuera a volver... de la inquietud y las sospechas que se habían reflejado en su rostro antes de desaparecer por aquella puerta, para buscar la verdad y las respuestas a sus preguntas y a todo este juego.
De aquello hacía tan solo unas horas, y tan solo unos minutos habían pasado desde que había recibido una carta suya de letra temblorosa, en la que le contaba que se diera prisa, ya que algo terrible había ocurrido en este día de Halloween. Tan solo unos minutos... y ya había comenzado a amanecer.
El Sol cortaba el cielo, manchando de luz la oscuridad, pero la Marca seguía allí, atormentándola.
De repente paró en seco y no corrió más. La casa estaba reventada, destrozada y algunos de los escombros llegaban hasta donde ella se sostenía a duras penas sobre su pie bueno. Estaba segura de que allí no podía haber nadie con vida, todos habían muerto.
Entonces aquella mujer que cayó de rodillas al suelo frente a toda esa catástrofe, lanzó un grito capaz de helar la sangre de cualquier alma humana, el lamento más terrible, más lastimoso e impotente, más salvajemente colérico que había podido escucharse nunca y que nadie desearía oír. Su bello rostro se contrajo en un dolor agónico y desesperado... el cielo se oscureció.
Alzó la cabeza con los ojos abiertos y en un brillo rojo de ira, de eterno odio y sed de venganza. La tierra comenzó a temblar bajo sus manos mientras oía un pitido en sus oídos... el infierno parecía haberse abierto. De repente cesó, aquella energía que emergía de las entrañas más profundas de su alma paró, quedando todo en el silencio más infinito... acrecentado por los ecos del llanto de la joven.
- No vale la pena derramar lágrimas sobre la tierra marchita. No te culpes, no podrías haber hecho nada por salvarlos - dijo tristemente una voz ronca.
- ¿Qué apuestas, Hagrid? - dijo ella mientras el enorme hombre la levantaba del suelo, ayudándola a tenerse en pie.
- Sirius ha estado aquí mismo hace unos minutos, parecía estar muy mal, pálido y tembloroso. No me extraña... James y Lily, que barbaridad...
- Todos han muerto... todos...
- No, no todos - dijo el gigante mostrando un bulto que llevaba en el brazo. Era una mantita de la que salía la cabecita de un niño de un año.
- ¡Harry! - gritó con alegría capaz de hacerla desfallecer - ¿Cómo...?
- Es un misterio - dijo Hagrid mientras la joven estrechaba al pequeño entre sus brazos.
- La cicatriz... - murmuró ella mirándole la frente -... como en la profecía...
- Sirius se lo quería llevar, insistió mucho al ser su padrino. Dijo que estaría seguro y que vosotros le cuidaríais... pero Dumbledore me ha dado órdenes expresas de llevarlo con él. Después de estar discutiendo un rato se marchó, pero me dejó su moto para que lo llevara...
- ¿Te dejó su MOTO? ¿Dónde ha...? - pero apareció haber encontrado la respuesta por si misma -. ¡Hagrid! ¡Tengo que irme! ¡Tengo que detener a Sirius antes de que cometa alguna locura!
- ¿Qué quieres decir...?
- ¡Corre! ¡Llevate a Harry! Solo Dumbledore puede esconderle...
* * *
Un hombre caminaba a grandes zancadas por las transitadas calles de Londres. Acababa de dejar atrás el Caldero Chorreante, pero parecía que allí dentro nadie sabía lo ocurrido, pues chocaban sus jarras de cervezas de mantequilla celebrando la desaparición del Que No Debe Ser Nombrado, sin preocuparse por la muerte de... era solo que aun no podía creerlo.
... Peter Pettigrew ¡Maldito traidor! Había estado hace escasos minutos en su casa. Peter había huído. Eso no había hecho más que acrecentar las sospechas de Sirius.
Estaba claro. Había vendido a James y a Lily... ¡A James y a Lily! No podía creerlo, tenía que ser una pesadilla de la que pronto despertaría. Pero había algo... tenía un nudo en la garganta que le decía que era cierto, un nudo de agonía y de dolor que no le dejaba respirar. Sentía como si le hubieran arrancado las entrañas por la boca, como si le hubieran quitado un órgano muy importante para seguir viviendo, sintiéndose vacío. El recuerdo le hacía débil, y todavía podía ver sus caras:
~*~*~*~*~*~*~*~*~
- Lilian Evans. ¿Quieres a James Potter como tu legítimo esposo, para amarle y respetarle en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, hasta que la muerte os separe? - preguntó el Alto Mago ante todos los presentes.
El silencio. Lily se giró lentamente hacia James y este se estremeció. Estaba increíblemente preciosa, ahí delante de todos irradiando pureza, vestida de blanco y con los bucles rojizos cayendo como una cascada de fuego sobre sus dulces hombros... soberana del mundo bajo el pórtico de flores. Y sus ojos, sus preciosos ojos esmeralda sonreían a James con amor. Por supuesto que le quería... desde la primera vez que lo vio en el Expreso de Hogwarts, burlándose de sus trenzas color zanahoria.
- Si... quiero - pronunció la voz de Lily que salía de sus cremosos labios, como cantando una dulce melodía. Aquella voz que envolvió el silencio en un eco.
- Pues por los poderes que me han sido concedidos por la Confederación de Magos, ante todos los presentes y bajo la mirada de Merlín, yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la...
James no esperó a oír las palabras, se abalanzó sobre Lily y la besó, la besó como nunca, tocándola con el corazón, con eterno cariño, como su esposa, sellando ese pacto de amor... hasta que la muerte los separe...
~*~*~*~*~*~*~*~*~
Esa era una imagen que siempre le había acompañado y que siempre estaría con él. Formaba parte de sus vidas, y de las de ellos, una eterna paz que había hecho que pudiera sobrellevar la carga de los tiempos oscuros, de aquella estúpida guerra sin sentido. Como el recuerdo de la primera vez que vio a James... su mejor amigo...
~*~*~*~*~*~*~*~*~
¡PAF!
- ¡Ooooh! ¡Dios!- dijo un chico de pelo negro y revuelto que había salido corriendo de un vagón del Expreso de Hogwarts, pero que en esos instantes estaba en el suelo - No te vi.
- ¡Que ostión! - rió un chico moreno de ojos grises que había caído al chocar con el primero y que se tocaba el golpe de la frente.
- Soy James Potter - dijo el primero ayudando al otro.
- Sirius Black - dijo el que todavía estaba en el suelo aceptando su mano y levantándose. Al levantarse se dio cuenta de que llevaba un paquete en su mano. Ahora lo tenía él en la suya. Miró el paquete y levantando una ceja añadió:
- Y... ¿a dónde ibas con esto?
- No sé... a montar alguna por ahí ¾ dijo James arqueando los hombros sin darle importancia ¾. El viaje es muy largo y sino me aburro.
- Pues esto me lo guardo para mi... Me voy a dar una vueltecita, ahora vuelvo.
- ¡Eh! ¡Espérate!
~*~*~*~*~*~*~*~*~
Sirius seguía caminando, aunque más que caminar iba a tropezones llevándose por delante a un montón de muggles.
- ¡Mire por donde va! ¡Gilipollas! - dijo un hombre con el que había chocado.
-¿Será posible! Tenga más cuidado - dijo una señora indignada.
Pero Sirius Black no atendía a razones, o al menos a una sola... tenía que encontrar a Peter. Tenía que saber de su propia boca porqué los había traicionado.
De repente pudo ver entre un mar de cabezas a un hombre bajito y gordo. Dio cuatro zancadas, le alcanzó del hombro y le dio la vuelta.
- Pero... ¿pero que se cree que hace? ¾dijo una voz aguda.
Se había equivocado de persona. Sirius gruñó como una fiera y el hombre se echó atrás. La verdad era que Sirius daba bastante miedo en aquellos instantes, con la ropa sucia y arrugada, caminando encolerizado y posiblemente ebrio, pálido y tembloroso de la furia de su interior, los ojos desorbitados y el rastro de barba. Todo aquel aspecto de loco unido a un cuerpo fuerte de un metro ochenta aproximadamente.
- Disculpe -gruñó y siguió caminando. Se metió por una calle que atravesaba a la principal y entonces pudo verle. Se dirigía con paso ligero al Caldero Chorreante y pareció darse cuenta de que alguien le seguía porque echó a correr huyendo del moreno.
Sirius corrió tras Pettigrew y de un empujón lo estampó contra uno de los muros de los edificios de la calle. Peter forcejeaba y lloriqueaba intentando escapar de la horrible presencia.
- ¡Que gusto verte PETER PETTIGREW! - dijo Sirius arrinconándole y asiéndole de las solapas de la túnica negra, haciendo que los transeúntes se volvieran a mirarlos -. Tenemos que aclarar una serie de puntos antes de... ¡DEJAR QUE TE PUDRAS EN AZKABAN, MALDITO BASTARDO TRAIDOR!
La cara de Peter estaba contraida por el miedo, solo lloriqueaba emitiendo palabras sin sentido.
- ¿POR QUÉ LO HICISTE PETER? ¡¿NO TE QUISIERON ELLOS COMO A UN HERMANO?!
~*~*~*~*~*~*~*~*~
- ¡ Peter ven, ayúdame con esto! ¾ decía Lily desde la cocina mientras un niño lloraba -. Enseguida vendrán los demás y todavía no está hecho.
- ¡Oh! ¡Que bien huele! -dijo Peter entrando en la cocina.
- Gracias Pet. Vigila esto mientras voy por Harry.
El llanto paró y Lily entró en la cocina con Harry en sus brazos, quien ahora reía. Mientras tanto Peter se había acercado a un pastel de nata e iba a introducir el dedo para probarla...
- ¡Peter! Ni se te ocurra... saca ese dedo de la tarta o te lo corto - le advirtió Lily mientras él sonreía.
- No puedo hacerlo - murmuró Peter restregándose las manos con nerviosismo -, no a ella...
-¿Decías algo Pet?
~*~*~*~*~*~*~*~*~
- ¿POR QUÉ LO HAS HECHO?
Una sonrisa iluminó el rostro de Pettigrew, parecía haber recordado algo que se le había escapado. Levantó su mano en señal de despedida y Sirius se fijó en que le faltaba un dedo...
- ¿Qué tramas? -murmuró entre dientes con desconfianza, más para si mismo que como advertencia.
Todo aquello sucedió en cuestión de segundos. Peter se escabulló en medio de la calle para que todos pudieran ver su actuación. Era un gran plan, si, todo el mundo lo creería.
- ¡A LILY Y A JAMES, SIRIUS! - gritó Peter sollozando falsamente, tan alto como para hacerse oír por todos los muggles de su alrededor.
Sirius se giró a mirarle, con los ojos desorbitados de la sorpresa, sin comprender que hacía aquella sucia rata.
- ¿Qué...?
- ¡¿CÓMO PUDISTE?! - gritó Peter lanzando un conjuro para despejar la calle y rápidamente otro que provocó una terrible explosión. Peter se convirtió en rata y huyó por una de las alcantarillas reventadas en la explosión.
Sirius se quedó pasmado de la impresión con que le había cogido todo aquel engaño y de la rapidez de los hechos. No sabía como reaccionar. Todo alrededor estaba lleno de polvo y escombros, y se oían gritos desgarradores. Los oídos le pitaban tras el estruendo.
Cuando el polvo comenzó a disiparse fue espectador de todo el desastre ocasionado: La explosión había socavado un cráter gigante en medio de la calle, había reventado los cristales de las tiendas, los coches y levantado la acera en muchos metros a la redonda. Sirius giró sobre si mismo y vio el suelo sembrado de cadáveres de mujeres y niños. Sintió como el mundo se le derrumbaba, ver todo ese horror le hizo enloquecer. Llevó a su mirada al suelo y vio el dedo de Peter Pettigrew.
- Jodido cabrón listo - gruño Black. Aquello era el colmo del desastre. Comenzó a reír de manera histérica y enfermiza, allí plantado.
_________________ [img:1eb928a472]http://img165.imageshack.us/img165/1920/0302200820090001lz9.jpg[/img:1eb928a472]
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**Gabi Gabi....tia Nariz nos va a dar manta de palos...**[/color:1eb928a472][/i:1eb928a472]
Ultima edición por Beatrixe Elfina el Dom Jul 22, 2007 11:43 am, editado 1 vez |
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LA NARIZ DE SEVERUS

Registrado: 20 Ago 2006 Mensajes: 4959
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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Dom Jul 01, 2007 12:24 pm Asunto: |
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Muchas gracias Tia, la verdad esq cuando lei este fic m encanto, yo siempre he dicho q esta chica tiene muchisimo talento, y ademas m encantan las entradillas esas que pone al principio, hay algunas preciosas.
Bueno!!aqui dejo mas!! creo q este capitulo le gustaria a Lady
Capitulo 2: La hija de las Tinieblas
Según la tradición griega/romana Perséfone o Proserpina era la personificación de la primavera, hija del gran dios Zeus y de Démeter. Hades, dios del inframundo estaba enamorado de ella y al obtener la negativa de Perséfone la raptó llevándola con él y haciéndola comer una granada, el fruto de los infiernos, quedando allí atrapada.
La tierra se oscureció al desaparecer la primavera, los cultivos y las flores, y como consecuencia la aparición de la desolación, la hambruna y la muerte.
Para evitarlo, Zeus pactó con Hades que ella pasaría en la tierra un tercio de cada año, debatiéndose entre dos colores: el blanco y el negro... la luz y la oscuridad.
PERSÉFONE
Todo comenzó con el atardecer de un caluroso pero hermoso día de primavera. El manto de la noche comenzaba a cubrir el cielo y las estrellas brillaban más de lo que nunca lo habían hecho, como anunciando lo que en esa noche estaba a punto de acontecer.
En una casita de madera, en el bosque de un pequeño pueblo escondido de la mano del hombre, como si no quisiera ser encontrado, una joven estaba a punto de dar a luz a su primer hijo.
Su cuerpo retorciéndose de dolor y ahogándose en gemidos, se hallaba sobre una cama con blancas sábanas, y sus negros y largos cabellos ondulados se extendían sobre estas. Una mujer de unos 40 años y de aspecto preocupado se hallaba a su lado, sujetando su mano y secando el sudor de su frente:
- Ya falta muy poco cariño - murmuró más para sí misma que para animar a la futura madre.
La mujer dejó de sujetar la mano de la joven y dio un rodeo alrededor de la cama para llegar a los pies de esta, se colocó de rodillas en el colchón de la cama y subió la falda de la joven preparándose para el nacimiento.
- ¡Empuja, cariño, ya está aquí! - gritó la mujer con alegría. La joven gritaba de dolor, ya casi había agotado todas sus fuerzas, pero hizo un último esfuerzo, el último, para poder tener a su bebé consigo.
Un grito desgarró la noche, y a continuación un llanto rompió el silencio de la oscura habitación, alumbrada por la tenue luz de las velas. La mujer cogió al bebé entre sus brazos y dijo con voz alegre: - ¡Es una niña!
- ¡Mamá, déjamela, déjame sujetarla! -. Dijo la joven con voz muy débil, pero alegre. La mujer llegó hasta su joven hija, y le entregó a la pequeña con mucho cuidado. La recién nacida abrió los ojos y su abuela pudo contemplar la belleza que había en la pequeña criatura. Viendo a madre e hija juntas sonrió al sorprenderse recordando esa misma felicidad, esa felicidad pura y envolvente que había sentido al tener a su pequeña en brazos... a su pequeña... que en ese instante tenía a su propia hijita sobre su regazo, como ella lo había hecho tiempo atrás. Pero allí y entonces, no había nada más, solo vio dos ángeles en una fría noche, unidos en un aura de pálida luz y felicidad. Los cabellos de ambas eran oscuros y sedosos, sus ojos eran azules, cristalinos, y su piel pálida y pura como la nieve... quizás demasiado pálida.
- ¿Nimuë, hija, estas bien?- dijo la abuela preocupada, viendo a su hija palidecer.
- Mamá, prométeme una cosa -dijo Nimuë débilmente -, prométeme que cuidarás de mi pequeña...
- Hija, ¿de qué estas hablando?- dijo la mujer en una voz resquebrajada de cuyos ojos empezaban a manar pequeñas lágrimas, ya que sabía perfectamente a que se refería su hija. La sábana de la cama, la cual había sido blanca estaba ahora teñida de sangre... sangre de una hemorragia interna producida durante el parto. Pero ya era demasiado tarde para intentar contenerla.
- Prométemelo mamá.
- Te lo prometo, te lo juro. La protegeré con mi vida, como hice contigo, mi niña.
- Mi vista se nubla, mamá, hace mucho frío aquí... Me llaman desde la luz, siento que estoy en otro lugar... que vuelo lejos a través de la noche.
- No hija, no te preocupes – dijo su madre acariciándola la frente, llorando desconsolada-, te vas a poner bien, y verás a tu hija crecer, y verás sus primeros pasos, y oirás sus primeras palabras...
- No. Tú lo harás por mí... – dijo Nimuë sonriendo a su madre y acariciándola la humedecida mejilla, cuando de pronto, sus ojos se cerraron, su mano cayó sobre las sábanas, y su cabeza reposó sobre la almohada, exhalando su último aliento -... mamá.
- ¡No, no, nooooooo! – gritaba la mujer abrazando a su hija. – No te vayas hija... no me dejes aquí sola, ¡NIMUË!
* * *
Era una mañana de verano, y el Sol brillaba radiante en el jardín de la pequeña casita en el bosque. Las flores se abrían a la luz, dejando ver sus preciosos colores, mientras los insectos revoloteaban besando su néctar, y los pajarillos cantaban jovialmente, sin recordar aquel acontecimiento que había ocurrido un par de años atrás.
Lo único diferente que había allí, la única manera posible por la que se podía deducir que había transcurrido el tiempo en el hermoso jardín era una niña de unos dos años. Aquella niña tenía unos preciosos ojos azules y una larga melena negra y lisa coronada por finas flores blancas, que llevaba puesto un precioso vestidito de color violeta.
Era extraño encontrar a aquella niña tan pequeña allí sola, quien jugaba despreocupadamente, sentada delante de una lápida cubriéndola de flores y pétalos. Parecía muy feliz de vivir allí, pero no sabía el peligro que le acechaba.
Luego continuo
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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Dom Jul 22, 2007 11:40 am Asunto: |
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Bueno, voy a dejar otro trozo a ver si tiene mas exito
De repente de la maleza del bosque salió deslizándose hacia la pequeña una enorme y temible serpiente dispuesta a atacar. La niña seguía deshojando las margaritas hasta darse cuenta de la presencia de la serpiente. Aquel animal traidor empezó a bailar hasta que se puso a la altura de la niña. La serpiente miraba a la niña y la niña a la serpiente como hipnotizándose una a la otra. La pequeña comenzaba a emitir un sonido extraño, un sonido siseante y espeluznante impropio de un ser humano "sssssss"... cuando alguien la cogió.
- ¡Oh, por las barbas de Merlín! – dijo la mujer que había cogido a la niña, lanzando un rayo de luz a través de su varita, espantando a la serpiente quien arrastró su frío cuerpo hacia la maleza, por donde había venido -. No me gusta nada que estés aquí fuera, imagínate lo que hubiera podido hacerte esa horrible serpiente.
- ¡Yaya! – decía alegremente la niña.
- ¡Ya-ya te voy a dar yo a ti! – dijo la abuela a la niña, moviendo la mano amenazante, en tono de represalia. – ¡Dios mío, que susto más grande! No quiero que juegues nunca más fuera de casa, es peligroso. Pero de repente, algo horrible ocurrió. El Sol que había brillado hasta hacía un momento, ya no estaba. El cielo se oscureció con nubes negras y una tormenta comenzaba a formarse en él.
La abuela, tenía en sus brazos a la niña, contempló lo ocurrido en el cielo y comenzó a temblar de terror.
- ¡Ya viene! – murmuró la mujer con fervor en su voz.
De la espesura del bosque, salió un hombre encapuchado con una capa larga y negra como la noche maldita, que se dirigía a ellas. No se le veía la cara, pero la abuela comprendió que no era nada bueno así que corrió hacia la casa y la cerró con llave. No sabía que hacer, estaba muy asustada, no podía esconderse, y lo único que quería era salvar a la pequeña. No se le ocurrió otra cosa que meter a la niña en un cesto de mimbre, para que el malvado no pudiera verla.
Entonces el pomo de la puerta adquirió un color rojo, y esta retumbó y se abrió con un estrépito. El hombre de la capa negra entró a la casa y vio a la abuela de la niña, muerta de miedo, pero con un gran valor en caso de proteger a su nieta. El hombre se dirigió hacia ella y la apuntó con una varita preguntando con una grave voz:
- ¿Dónde está la niña?
- No se lo diré – pero en ese oportuno momento la niña comenzó a llorar y debajo de la capucha del desconocido se pudo ver una sonrisa malévola.
- ¡No se la llevará, no se la llevará! – dijo la abuela apuntando al pecho del malvado hombre encapuchado con una varita.
- ¿Y quien lo va a impedir?¿Tú? – una macabra risa sonó en la habitación contrastando con el llanto de la pequeña -. ¿Tú, estúpida insolente? Tú no podrás impedir que la oscuridad se alce por encima del bien en este mundo, ya nadie podrá.
El hombre se acercó al rincón en el que se hallaba la cesta de la que provenía el llanto, pero cuando iba a capturarla, la abuela le apuntó con su varita y lanzó un conjuro, pero el hombre fue rápido e hizo un contrahechizo, haciendo que la maldición diera en la pared y evitando su ataque, entonces sin piedad ninguna lanzó al aire muy alto su propio conjuro, cuyas palabras resonaron en la habitación:
- ¡Avada Kedavra!
Un rayo de luz verde salió de la varita del hombre vestido de negro y le dio a la mujer justamente en el corazón. Pudo ver como la mujer abría los ojos de sorpresa, y caía al suelo con un fuerte estruendo.
El llanto se hizo cada vez mayor, y el hombre se dio la vuelta como si no hubiera pasado nada y alcanzó la cesta de mimbre, abriendo la tapa, cerciorándose de que era la niña correcta. Volvió a tapar la cesta y llegó hasta la mujer que había matado:
- ¡Estúpida mujer! – dijo dándole una patada -.No tenías que haber muerto, pero eso ya da igual. El Señor de las Tinieblas se alzará para siempre, grande y terrible ayudado de sus seguidores, y no tendrá piedad con aquellos que se le opongan.
Y cuando terminó de decir esto, pasó por encima de ella, pisando con mucha sangre fría a la víctima asesinada. Salió por la puerta, llegando al jardín e internándose en el bosque, escapando como la muerte y llevándose toda la esperanza. Cuando este desapareció, las nubes se esparcieron por el cielo, como si nada hubiera pasado.
Era una mañana de primavera, y el Sol brillaba radiante en el jardín de la pequeña casita en el bosque. Las flores se abrían a la luz, dejando ver sus preciosos colores, mientras los insectos revoloteaban besando su néctar, y los pajarillos cantaban jovialmente. Pero en el jardín ya no había niña, ya no había serpiente, ya no había más vida en aquel lugar más que aquella que representaban los animales. Ya no había pétalos de flor en la lápida, donde había una inscripción que decía:
" Descanse en paz Nimuë...".
.-.-Salazar.-.-Slytherin.-.-Salazar.-.-Slytherin.-.-Salazar.-.-Slyherin.-.-Salazar.-.-Slytherin.-.-Salazar.-.-Slytherin.-.-Salazar.-.-Slytherin.-.-Salazar.-.-Slytherin.-.-Slazar.-.-Slyhterin.-.-
Lloraba, lloraba de rabia, de impotencia ante un hombre, que sentado sobre un trono de piedra oscuro, estaba dando lecciones a aquella niña de unos 10 años.
Estaban en una estancia grande, de paredes y suelo cubiertos por un negro y frío mármol, que hacía de la enorme habitación una terrorífica y horrible sala de los espejos, con una decoración gótica y grotesca, en la que los sollozos de la niña hacían ecos desgarradores de su dolor infinito.
- ¡Niña inútil! ¡No sabes hacer nada bien! – gritaba el hombre.
- Lo intento mi Lord - dijo la niña apretando los dientes. Aquella niña de tan solo 10 años parecía muy envejecida casi enfermiza. Su piel estaba pálida y parecía muy frágil, como una muñeca de porcelana que está a punto de caer de un estante muy alto para romperse en mil pedazos. Sus ojos expresaban la sabiduría y a la vez el lento y tormentoso pesar de los años, mientras que pedían a gritos justicia... y venganza. Expresaban dolor, expresaban amargura... y cualquiera que la mirara a los ojos se le partiría en corazón. Pero su padre no tenía corazón... allí estaba, gritando a la pequeña, como si se tratara de uno de sus súbditos.
- Por supuesto, lo intentas...¡pero no es suficiente! ¡Eres débil! ¡Un cruciatus que lo sabría hacer hasta un niño de dos años!
Mientras él hablaba, la niña seguía llorando lágrimas silenciosas.
-Ven aquí, y besa la mano de tu padre y señor – dijo el hombre, pero la niña no se movió, solo lloraba.- ¡He dicho que vengas!
- Te odio – murmuró ella cuando su padre se levantó y la abofeteó, haciéndole una herida en la mejilla con un anillo de una serpiente de plata de su dedo.
- ¡Leymook! – gritó Voldemort a uno de sus seguidores.
- ¿Sí mi Lord?
- Llévatela de mi vista a esta insolente antes de que pruebe en su propia piel como se hace una maldición...
- Si, mi Lord – dijo mientras cogía a la niña y se la llevaba a su habitación.
Roger Leymook era un hombre de unos 50 años con aspecto cansado. Ese hombre era el que había cuidado de aquella niña desde que llegó cuando únicamente tenía dos años, era el hombre que se había preocupado por ella. Había considerado siempre a Roger Leymook su verdadero padre pero aun así este era vasallo de su señor y ella se sentía tan sola...
- No deberías hacer enfadar al Lord. Él solo quiere que aprendas y que seas una gran y poderosa maga, como él...- dijo este caminando por los largos pasillos.
Llegaron a la habitación de la pequeña, un gran cuarto lúgubre y oscuro, en el que había llorado desde muy pequeña, sin ser oída por nadie. Más que una habitación era una celda. Odiaba esa habitación. Odiaba esa casa. Odiaba a su padre. Odiaba su vida...
- Ya hemos llegado. Que descanses – dijo Leymook, y sin mirar a los ojos de la morena añadió en un tono triste: - Por cierto, feliz cumpleaños.
La puerta se cerró y la niña se quedó sola. Era verdad que ese día cumplía los 11 años, pero eso a nadie le importaba, ella estaba sumida en una profunda y oscura soledad. Se sentó en su cama y sacó su cuaderno de dibujos. En ellos había dibujadas personas hechas de tizones negros, que se perdían mil extrañas y confusas formas... y palabras sin sentido. Pasó las hojas del cuaderno hasta encontrar una hoja en blanco y cogiendo un carboncillo se puso a dibujar mientras pensaba. Desde hace muchos años, mucho antes de tener uso de la razón, había pedido respuestas de su pasado, ya que sabía que no siempre había vivido en aquel viejo caserón. Pero nunca nadie se las había dado, nunca nadie le había hablado de su madre. "¿Cómo había sido su madre?" pensó mientras trazaba la sombra de unos labios femeninos sobre el papel "¿La había amado tanto como lo hacía ella? ¿Y quien era ella? ¿Quién era?" Una enorme tristeza envolvía su alma.
De repente dejó su dibujo y se asomó por la ventana. Debía ser verano, pero allí nunca se sabía con certeza que estación era, o si era día o noche. Todo era oscuridad, siempre oscuridad. El cielo era negro, también el suelo y las paredes. Las cortinas, las sábanas, su ropa... siempre... desde que ella pudiera recordar, y no tenía más recuerdos de antes de acudir a esa casa, ningún recuerdo feliz...solamente podía soñar que estaba en un jardín con flores, aunque no sabía de donde podían salir esos pensamientos, ya que nunca había estado en uno, o por lo menos eso creía. Para ella no existían los demás colores, solo el negro.
Pasaron dos meses y no supo del Lord, hasta que un día volvió a pedir su presencia:
- Mi niña... – dijo con malignidad sentado en su oscuro trono – ya sé que has cumplido tus 11 años, así que te voy a dar un regalo, ya que eres lo suficiente mayor para llevarlo, valorarlo y amarlo como a tu propia vida.
Ella quedó totalmente impactada, nunca había recibido regalos de él ni de nadie, ninguno en absoluto. Tampoco creía que a ese señor totalmente desconocido que decía ser su señor le importara lo más mínimo si fuera su cumpleaños o no. Ella no le importaba nada en absoluto... incluso se mostraba más agradecido y protector con su serpiente Nagini que con ella.
- Acércate.
Empezó a avanzar hacia él con temor, no sabía que se traía entre manos, pero no sería nada bueno. Cuando estuvo justo delante del trono, no avanzó más. Miró a su padre, quien dijo mientras sacaba la varita:
-Como suele decirse, espero que te guste – dijo lanzando un conjuro a la niña, el cual le dio en el lado izquierdo de la cadera, haciéndola retorcerse de dolor.
Cayó al suelo, y se agarraba fuertemente el estómago como si fuera a salirse de su lugar. Gritaba y gritaba, retorciéndose por el suelo. Era un dolor inimaginable, un dolor que le quemaba las entrañas, y de repente paró, no sintió nada más, el dolor paró.
Continuó un momento quieta en el suelo, con respiración agitada. Apoyó las manos en el suelo y fue levantándose poco a poco. Cuando estuvo totalmente erguida quiso comprobar que le había hecho su padre, ya que a juzgar por el dolor que había sentido, parecía haberla agujereado el estómago. Se levantó la camisa, no sabiendo si quería ver o no lo que le había pasado, cuando vio un tatuaje, una marca cuyo dibujo era una serpiente que salía de la boca de una calavera. Ante la asustada mirada de la niña su padre dijo:
- La Marca Tenebrosa. Llévala con honor y amor a tu señor, que dentro de poco se convertirá en Lord...Lord Voldemort.
Los meses pasaron sin ningún otro acontecimiento, hasta una noche, en la que estaba leyendo un libro de maldiciones, y algo golpeó su ventana. Ella se asustó, se levantó despacio cogiendo su varita, y fue a abrir la ventana. Abrió esta despacito y algo pardo y con plumas entró volando y se posó en el respaldo de una silla.
La joven se acercó y pudo ver a la luz de las velas que era una lechuza. Se fue acercando más y observó que llevaba una carta. ¿Una carta para ella? Nunca había recibido una de nadie. Tampoco sabía de quien podría ser, ya que no conocía a nadie fuera de aquella vieja casa. Sus señas eran muy extrañas.
¿Cómo podían haberla encontrado?
Cogió la carta y la lechuza se fue volando por la ventana. Ella fue a cerrar la ventana, con la mirada puesta en el sobre. Miró el remite en el que había un símbolo que nunca antes había visto. No esperó más, abrió el sobre y leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore (Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos).
Querida señorita Riddle:
Tenemos el placer de comunicarle que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Todo el material necesario le será entregado en Hogwarts por ser uno de los estudiantes escogidos para recibir una beca de estudios.
El tren de ida saldrá de King Cross (Londres) el 1 de Septiembre con dirección Hogsmeade, billetes adjuntos.
Esperamos su presencia.
Muy cordialmente:
Albus Dumbledore Director.
- ¡Pero el 1 de Septiembre es mañana! – dijo ella mirando impresionada un ticket de tren en el que ponía andén 9 - que había visto dentro del sobre. – De todos modos no podré acudir- dijo mientras una voz en su cabeza le decía ¿Y por qué no?
Cogió un bolso de viaje donde metió unas túnicas, ropa, libros, su cuaderno de dibujo, un cofrecito mágico lleno de monedas que había guardado de la cámara de oro de su padre (que no eran pocas), de sus búsquedas nocturnas por la casa, su varita y otros objetos personales. Antes de cerrar su bolso llevó su mirada hacia una de las viejas estanterías del fondo de la habitación, como dudando en hacer algo o no... no se atrevería... Finalmente, se armó de valor acercándose a la estantería, se puso de puntillas y alcanzó una bola de cristal del tamaño de una pelota de golf. La miró hipnotizada, mirando en el interior de esta, sopesándola. Se obligó a apartar la fascinada mirada de la bola, la cual seguidamente metió en su bolso, cerrándolo con un ruido de una cremallera. Colgó el bolso a su hombro pero no tenía ni idea de cómo iba a escapar, porque todo el caserón estaba vigilado por los seguidores de su señor. La puerta estaba cerrada con llave, y no había otro modo de escape excepto...
Entraba mucho frío por la ventana, pero ella se subió a esta, y pudo ver lo alta que se encontraba su habitación del suelo. Intentar saltar llevaría a una muerte segura. Empezó a mirar hacia todos lados hasta que pudo ver una vieja tubería que bajaba por la pared de la casa. ¡Era una locura bajar por allí! Pero sabía que era su última oportunidad para ser libre. Cogió una de sus viejas túnicas y la pasó por detrás de la cañería. La niña saltó de cara a la pared, apoyó sus pies en esta y fue bajando, dando botes, provocando que el aire de la caída jugara con el vuelo el vuelo de la faldita de su vestido negro. Por fin tocó suelo. Había sido muy fácil, demasiado. Cuando estuvo allí abajo salió corriendo lo más rápido que pudo a esconderse entre la maleza, quería alejarse de ese lugar que por tantos años había sido su prisión. Pero había hombres, voces de hombres en la oscuridad.
-¿Que ha sido ese ruido?
- Será un gato, tranquilo...
- Mi Lord está apunto... – dijo una voz.
- La limpieza de sangre será absoluta, pero aún queda tiempo antes del comienzo – dijo la otra voz.
- ¿Será como dicen? – preguntó el primero.
- ¿Bromeas? Es el heredero de Slytherin, y el Señor de la Oscuridad y el Caos. El mundo muggle caerá. Además dicen que tiene un nuevo arma, escondido en la casa. Es algo o alguien muy poderoso que lleva preparando unos cuantos años y que le ayudará en la destrucción, y esta será definitiva...
La niña sintió como las voces se alejaban. Cuando pudo despejar su mente de los nervios que había sentido al oír aquellas voces, se levantó y corrió y corrió a través del bosque hasta no saber donde se encontraba.
De repente paró, ¿qué se suponía que estaba haciendo? Ella sola no podía llegar muy lejos, mucho menos al andén 9 ¾ de la estación de King Cross en Londres. Pero lo que sí sabía era lo mucho que odiaba el viejo caserón y lo mucho que odiaba a su padre. Lo que sí sabía era que no quería volver.
Salió a un camino de tierra y se sentó en el suelo tirando su varita desesperada, sin saber que hacer o hacia donde dirigirse.
Entonces una luz brilló a lo lejos, la luz de la esperanza que cegó su visión. Ella cerró los ojos cubriéndose con el brazo cuando escuchó un ruido. Volvió a abrirlos y pudo vislumbrar un gran artefacto con ruedas de dos plantas y de color azul, que abrió unas puertas.
Aquello era demasiado. De repente emergió desde dentro del artefacto la cabeza de un hombre, y después el cuerpo entero. Era un hombre vestido de uniforme que dijo: - Bienvenida al autobús Noctámbulo. ¿Cuál es el recorrido que desea realizar?
- Quiero llegar hasta el andén 9 ¾ de King Cross en Londres, señor, pero no sé el camino.
- Sus deseos son órdenes – dijo el hombre apartándose de la puerta para que ella pudiera entrar.
No se lo pensó dos veces, ella quería llegar a su destino como fuera, y aquél hombre era el único que parecía capaz de llevarla hasta allí. Subió a aquel autobús y pudo contemplar un extraño espectáculo. Dentro del autobús no había asientos o sillas, sino un montón de gente que dormía en camas. Fue acomodada por el hombre con el que había hablado y una voz surgió del conductor al volante:
- Próxima parada, Londres.
No lo podía creer. Había conseguido vengarse de la manera que su señor más hubiera podido detestar, que su hija fuera a Hogwarts, donde era director Albus Dumbledore, su más grande enemigo.
El vehículo arrancó y la pequeña se asomó contemplando a través del cristal de la ventana, viendo como rápidos colores cruzaban a través del autobús. Esos colores le daban mareos, pero no le dio tiempo a decir o hacer nada, ya que el autobús paró de repente.
En esa parada "Edimburgo" como lo llamó en conductor se apearon dos personas. Una señora y un caballero los cuales tenían unas terribles caras de sueño. Ella se fijó en el anciano, el cual le devolvió una somnolienta mirada.
Ella bostezó y se recostó en la cama, no quería dormirse, pero cerró los ojos y no volvió a saber el nombre de ninguna parada más hasta que...
- ¡Londres! – escuchó dando un salto y cogiéndo su bolsa caminando hacia la puerta de salida -. ¡Esperamos que hallan tenido buen viaje!
Esta era su parada, algunas personas bajaron antes que la niña. Ella se quedó mirando al conductor, un viejo que tenía aspecto cansado seguramente por trabajar en turno nocturno. La joven pagó lo que debía por el viaje, y salió del autobús Noctámbulo sin articular palabra.
- ¿Qué hora es? – preguntó ella cuando había bajado el último escalón del autobús.
- Las seis y media de la mañana. Que pase un buen día – y diciendo esto la puerta del autobús Noctámbulo se cerró, dejándola en tierra.
Delante de ella se alzaba la enorme estación, pero todavía faltaba mucho, aún era de noche y el tren no saldría hasta la mañana siguiente.
Delante de la estación había un parque, muy oscuro a causa de la poca luz que daban las farolas. Estaba muy, muy cansada, tan cansada que se tumbó en un banco de aquel parque. Estaba justo delante de una estatua de una mujer... era muy hermosa y parecía un ángel. Ella pensó en su madre, y bajo la protección de la estatua se quedó profundamente dormida.
_________________ [img:1eb928a472]http://img165.imageshack.us/img165/1920/0302200820090001lz9.jpg[/img:1eb928a472]
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Lady Perséfone

Registrado: 16 Sep 2006 Mensajes: 1948 Ubicación: Allà... Donde el cielo se funde con el mar, y el sol se alza al despertar...  
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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Mar Jul 31, 2007 9:47 am Asunto: |
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Jajajajaja
Esa es mi Pers!
gracias por pasarte!
Espero q t siga gustando la historia!!
Besotes!!!!!!!!!!
Capítulo 3: Se abrió el infierno: Azkaban
Der Hölle Rache Kocht in meinem Herzen
Tod und Verzweiflung flammet um mich her!…
Verstossen sei auf ewig, verlassen sei auf ewig,
Zertrümmert sei´n auf ewig alle Bande der Natur
( La Venganza del Infierno bulle mi corazón
La Muerte y la Desesperación arden en torno a mi...
Expulsado para siempre, abandonado para siempre
Para siempre rotos los lazos de la Naturaleza...)
EMMANUEL SCHIKANEDER
Y
WOLFGANG AMADEUS MOZART
La Reina de la Noche
La Flauta Mágica
Aquella motera de pelo oscuro aún seguía descalza. Había conseguido llegar al Caldero Chorreante (mediante la red de polvos Flú), en cuyo interior se había formado gran alboroto. Desafortunadamente, al conseguir salir a las transitadas calles de Londres supo el porqué.
La calle estaba totalmente destrozada y alrededor de un gran agujero negro en medio de la acera, se respiraba gran confusión y horror: cuerpos sin vida, gente gritando histérica, sonido de las ambulancias y luces de los coches patrulla.
- ¡NOOOOOO! – gritó ella al ver que había llegado demasiado tarde. Supo enseguida lo que allí había sucedido, o eso creyó...
Corrió hacia la banda policial que separaba la escena del crimen, intentando averiguar algo.
-¡No puede pasar sin autorización! – dijo un policía agarrándola fuertemente para que no atravesara la barrera-policial.
- ¡¿Qué ha ocurrido aquí?! – preguntó desesperada.
- Un escape de gas... una explosión terrible, lo ha volado todo. Aun se está investigando la causa del escape y podría ser peligroso, de modo que le ruego que desaloje la zona.
- ¿Qué dice? ¿Un escape de gas? ¿Qué coño...?
- Gracias agente, es una de las afectadas... nos ocuparemos de ella – dijo una voz grave a sus espaldas.
La joven se dio la vuelta y pudo reconocer al hombre, al que había visto últimamente en el Ministerio de Magia, pero en estos momentos no llevaba el uniforme y su cara se había convertido en una pálida máscara de horror. Parecía muy alterado, seguramente era la primera vez que veía un desastre de esas características... ella estaba acostumbrada.
- ¿Es usted aurora del Ministerio, verdad? – preguntó el hombre reconociéndola y tendiéndola la mano -. Cornelius Fudge.
-¡¡Si joder, encantada!! ¿Qué coño ha pasado aquí?
- Ha sido un ataque, diría que premeditado. Los testigos oculares que han sobrevivido a la explosión lo han contado todo, con un poco de histeria general, está claro... por supuesto hemos tenido que modificarles la memoria.
- ¡Vaya al grano Fudge!
- Sirius Black ha asesinado a Peter Pettigrew.
A la joven se le calló el mundo encima.
- Eso no es posibl...
- Se le ha encontrado aquí, en el lugar del crimen y parecía estar disfrutando mucho de la situación el muy hijo de puta. Los chicos de Operaciones Mágicas Especiales se han ocupado de sacarlo de aquí. El Ministro de Mágia ha firmado la sentencia: Azkaban...sin vista ni juicio previo.
- ¿Sin juicio? ¿En que nos estamos convirtiendo, en animales...?
- ¡Es un mortífago muy peligroso! Lo único que se ha encontrado de Pettigrew ha sido un dedo – dijo el señor Fudge sacando una bolsita de plástico con un dedo cercenado como prueba.
- ¡Sirius Black no es un mortífago! ¡Él no ha podido hacerlo!
- ¡Las declaraciones de los testigos no dicen lo mismo, señorita, y son de gran peso! ¡Todos le han visto! ¡Todas las pruebas le acusan! ¡Él ha traicionado a los Potter por un poco de poder como todos ellos, es seguidor del Que No Debe Ser Nombrado, y si cualquier obstáculo se interpone entre él y sus planes se lo quita de encima como cualquier otro mortífago! ¡Y Pettigrew era ese obstáculo!...
- Señor... ¿con quien habla?
Mientras Fudge estaba mirando hacia el lugar del crimen, en medio de su discurso, no se había dado cuenta de la desaparición de la mujer.
- Con... ¡con nadie McArthur! Vuelva a su puesto, hay mucho trabajo que hacer...
****
Gritos enloquecidos, jadeantes de desesperación.
Por fin había llegado a aquella isla envuelta por esa oscuridad, esa aura maligna... en la que los sueños se vuelven pesadillas y las pesadillas se vuelven contra ti.
Delante de ella se alzaba la temible fortaleza vigilada por los espectros oscuros: Azkaban. Después del largo viaje las energías habían enflaquecido y el ambiente que allí se extendía no daba lugar a la esperanza.
La fortaleza abrió sus puertas de par en par, dejando paso a la altiva mujer, que con paso decidido avanzaba hacia los corredores.
Una mancha oscura se acercó a ella, como un espectro fantasmal... un espectro sin vida... sin alma.
- ¡Expectro Patronum! – gritó apuntando con su varita y siguió avanzando sin quedarse a ver resultados, mientras detrás de ella se veía una forma que irradiaba luz con gran fuerza.
Más gritos, lamentos desesperantes se oían en los pasillos de aquellas almas que han perdido la felicidad y solo les queda la sombra del pasado.
- ¡Señorita, no puede entrar aquí!- gritó un guardia, mientras corría desde su puesto alejado con la varita en mano.
Pero ella seguía avanzando por el corredor, atravesando las celdas en las que se retorcían los cuerpos de aquellos que han de pagar un alto precio por sus crímenes.
- Tengo que verle... – murmuró la mujer para si misma.
- ¡Identifíquese!
- Ella viene conmigo – sonó una voz cálida e impasible detrás del guardia.
- ¡Dumbledore!
- No hagas ninguna locura... – dijo la voz apaciguada del viejo Director. Pero ella ya había echado a correr entre las celdas, buscando...
- ¡Sirius! – gritó ella doblando el paso hasta una celda contigua en la que se encontraba aquel hombre acusado de traición, de asesino, el cual tenía muy mal aspecto, sombra de barba y mirada perdida.
- ¡Sirius! ¡Sirius, soy yo! ¿No me recuerdas? – dijo ella arrodillándose al lado de Sirius del que únicamente le separaba los barrotes -. ¡Sirius recuérdame!
La lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras metía los dedos entre el enrejado, intentando tocar su pálida piel.
- ¡Sirius! ¡Yo te quiero! – decía ella mirando a los perdidos ojos de él. Pero Sirius no parecía reaccionar ante ningún estimulo, ni siquiera parecía seguir perteneciendo al mundo de los vivos... parecía... estar muerto en vida.
- Vamos, levántese – dijo la voz del carcelero, cogiéndola por el brazo.
- ¡Noooooo! ¡No te rindas! ¡Sirius! ¡Sirius! ¡Eres inocente Sirius! ¡Lo sabes! ¡Sabes que lo eres! ¡Nunca olvides! ¡Yo sé que lo eres! – gritó ella mientras Sirius le lanzaba una lenta y lastimera mirada con las últimas palabras, enviándola una fugaz sonrisa de asentimiento, en un segundo arrebatada, mientras ella era arrastrada por los pasillos hacia la salida.
- ¡Sirius! ¡Noooo! – gritaba entre lamentos, intentando escapar de los tres guardias que la sujetaban ahora.
- ¡Contrólese señorita, por favor! – dijo una voz grave que conocía muy bien.
- ¡Señor Ministro! – dijeron con sorpresa los guardianes de seguridad que sujetaban a la mujer.
- ¡Tiene que dar ejemplo, como importante miembro del Ministerio que es! – prosiguió el Ministro con su cantinela.
- ¡Usted...! – gritó con furia intentando deshacer el abrazo de los dos guardianes que ahora la sujetaban - ¡Usted! ¡Usted es el asesino! ¡El déspota! – dijo señalándole con él dedo índice, mientras sus ojos ardían en odio como el fuego, amenazadoramente -. ¡Usted es el tirano! ¡Quien ha firmado un tratado, lavándose las manos sin juicio previo, mientras pasa las tardes repartiendo las cartas a sus amigos de la Convención!
- Serénate, querida – susurró Dumbledore intentando apaciguarla con su cálida voz, pero, sin saber que argumentar, por primera vez en su vida.
- ¡Y tú le respaldas! ¡Sabes que él es inocente y lo niegas!
- Créeme, me es muy difícil sopesar su inocencia en estos momentos – dijo dando por zanjado el tema.
- ¡Este comportamiento es deplorable! ¡Esta... insubordinación! Creo que la vendría bien un tiempo de exteriores... - dijo el Ministro.
- ¡No intente alejarme para quitarme de en medio! – dijo ella intentando sonar amenazante, pero con un ligero temblor en la voz.
- No es una idea premeditada. Es una orden.
- Tiene que haber otra solución, no lo permitiré – dijo Dumbledore implorantemente.
- ¡No! La decisión está tomada... sino, se la acabará relacionando y acusándola de cómplice. Se ha estado investigando a Remus Lupin.
- ¡Deja a Lupin al margen maldito bastardo, él no ha hecho nada! ¡Sirius es inocente! ¡Yo le maldigo! – gritó con odio, escupiéndole en la cara, mientras era sacada de Azkaban por la fuerza. Mientras pasaba por delante de Albus se paró y derramando lágrimas dijo:
- Y a ti Dumbledore... no... no quiero volver a verte.
Las puertas se abrieron y se pudo ver la luz del sol entrar a la estancia.
_________________ [img:1eb928a472]http://img165.imageshack.us/img165/1920/0302200820090001lz9.jpg[/img:1eb928a472]
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Lady Perséfone

Registrado: 16 Sep 2006 Mensajes: 1948 Ubicación: Allà... Donde el cielo se funde con el mar, y el sol se alza al despertar...  
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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Dom Ago 05, 2007 11:43 am Asunto: |
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Ya le dije yo que escribia bien
Que te guste!!!!!!!!!!!!!!!!!
-Capítulo 4: La heredera de Slytherin.
Dijo Slytherin: "Nosotros solo enseñaremos a aquellos
cuyos ancestros puros son".
- ¡Despierta! ¡Niña, despierta!
La joven empezó a oír esa voz que la despertaba todas las mañanas. ¿Todo habría sido un sueño? Si así era no quería despertar, así que ignoró la voz que la llamaba. Sentía su cuerpo dolorido y mucha hambre, pero no quería despertar. Se negaba a volver a aquella vieja casa en la que había estado recluida, en la que no tenía amigos ni nadie la quería.
- Despierta de una vez – volvió a oír.
Esta vez abrió sus ojos y la luz del Sol la deslumbró. Pudo ver la cara de un anciano, de un anciano totalmente desconocido para ella. Era un mendigo que estaba muy desaliñado y vestía con un sucio y raído abrigo marrón. En la mano tenía una botella y la miraba muy enfadado.
- ¿Dónde estoy? – preguntó la niña a aquel hombre, mientras se sentaba en el banco.
- Estas en mi banco, es mi banco del parque. ¡Lárgate de aquí!
Ella se levantó corriendo y salió a paso ligero del parque. No quería tener problemas con nadie, y menos con ese vagabundo con graves problemas de halitosis. Caminaba entre las flores del jardín, y miraba expectante todo aquel espectáculo de colorido y luz, que no había visto nunca.
Siguió por la calle hasta llegar a la estación King Cross, donde había gran barullo de personas.
Ella se preguntaba que hora sería ya que el tren salía a las 11 de la mañana y después de todas las molestias que le había causado llegar allí no quería perderlo. Estuvo dando vueltas entre los andenes 9 y 10 y pudo ver en un gran reloj que eran las 10 de la mañana, pero no veía ningún andén 9 ¾ por allí.
La joven se estaba cansando de aquello. ¿Sería una broma? Después de todo lo que había caminado a través de la estación le dolían mucho los pies. Se preguntaba si tendría alguna piedra en el zapato, así que fue a apoyarse a una de las columnas de ladrillo para quitarse el zapato, cuando de pronto cayó al suelo.
No comprendía que había pasado, que extraño... estaba de cara a una pared. Cogió su zapato y lo volvió a poner a su sitio. Había atravesado el muro.
Se levantó lentamente tocándose el trasero a causa del dolor producido con la caída y cuando se dio la vuelta pudo ver un enorme tren negro y rojo que escupía vapor, en cuya locomotora ponía con grandes letras: Expreso de Hogwarts.
Mientras miraba impresionada el enorme y largo tren, sintió como algo chocaba con su espalda. Miró hacia atrás y pudo ver a un niño de pelo oscuro y ojos grisáceos que conducía un carrito lleno de bultos y baúles. Este niño se la quedó observando fijamente con una extraña mirada, cuando dijo:
- Lo siento – y se dirigió hacia el tren.
Ella siguió a aquel chico y se metió en el expreso y vio un largo pasillo lleno de niños iguales o mayores que ella. Los niños reían, gritaban y hablaban sin parar. Pasó a lo largo del pasillo hasta que encontró un compartimiento que estaba solitario al final del tren y allí se sentó al lado de la ventana. Una extraña sensación empezó a invadir su alma. Estaba muy nerviosa, no sabía lo que pasaría a partir de ahora. Para tranquilizarse un poco sacó de su bolsa una pequeña burbuja de cristal. La burbuja, que había cogido de la estantería de la casa de su padre, comenzó a levitar en su mano hasta llegar a la altura de su cabeza, cuando de pronto la puerta se abrió y la bola cayó de nuevo sobre su mano. La escondió corriendo, viendo como una niña asomaba la cabeza. Era una chica muy guapa, tenía el pelo largo y muy rojo, sus ojos eran almendrados y de un profundo verde esmeralda, y la miraban impacientes.
- ¡Hola! – dijo la chica -. ¿Está ocupado?
- No, puedes pasar si quieres – dijo ella mirando con curiosidad.
La pelirroja entró arrastrando su baúl hasta su asiento y se sentó justo delante de ella diciendo:
- Es que estaba en un vagón de allá adelante, pero unos chicos idiotas no dejaban de molestarme, así que...¿Cuál es tu nombre? Yo soy Lily Evans.
- Perséfone – dijo estrechando la mano de Lily.
- ¿Y tu equipaje, solo llevas ese bolso?
- Si, pero es una bolsa mágica, cabe todo lo que metas en ella, pero a veces es un problema para encontrar lo que buscas.
Lily sonrió diciendo: - ¿En serio? ¡Me recuerda al bolso de Mary Poppins!
- ¿Mary qué?
- Bueno supongo que vienes de una familia de brujos, es que yo vengo de una familia normal, ya sabes...
- ¿Muggles? – inquirió Perséfone.
- Si, así que no conozco nada de todo esto... la magia – dijo Lily mientras sacaba unos bocadillos. – ¿Quieres uno? Mi madre me ha preparado muchos. Me dijeron que era un viaje muy largo.
- ¡Oh, muchas gracias! – dijo Perséfone. La verdad era que tenía mucha hambre.
- Pues yo estoy un poco nerviosa ¿sabes? Me han dicho que hay una prueba de acceso para entrar en Hogwarts. Dicen que hay cuatro casas, algo así como Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin...
¡SLYTHERIN! – retumbó una voz ronca en los oídos de Perséfone.
En ese mismo momento, algo escalofriante en ese nombre la hizo estremecerse. Su tatuaje de la Marca Tenebrosa comenzó a arder. Su padre se había enterado de su huída y se vengaba de ella a través de su dolorosa conexión. Perséfone gimió y se agarró el estómago con gesto de dolor.
- ¿Te pasa algo? ¿Te sientes mal? – dijo Lily intentando ayudarla.
- No, no te preocupes, no pasa nada – dijo Perséfone mientras el dolor disminuía. – Ya estoy mejor.
- ¿Tú siempre vistes de negro? – inquirió Lily con curiosidad cuando Perséfone volvió a la normalidad.
-... Si...
- Creí que vestías así por algún uniforme o algo. Por cierto, deberíamos ponernos las túnicas para la recepción – dijo mientras sacaba una nueva túnica y se la ponía.
Perséfone buscó una suya en su bolsa, metió el brazo hasta el hombro en la bolsa. Lily la miró impresionada, parecía no tener fondo. Entonces empezó a sacarlo y pudo ver que había agarrado una túnica que se colocó encima de la ropa.
- Es impresionante tu bolsa. ¿Sabes?...no sé en que casa me tocará, pero espero que me toque contigo – dijo sonriéndola.
- Yo también lo espero – dijo Perséfone devolviéndola una sonrisa.
Entonces volvió a abrirse la puerta, dejando escucharse el escándalo que había fuera del compartimiento. Dos chicos entraron corriendo, uno de ellos llevaba unas gafas redondas, y tenía un pelo revuelto, color azabache; al otro chico ya le había visto con anterioridad. Era el muchacho de pelo oscuro y ojos grisáceos que había visto en el andén 9 ¾ de King Cross. Esta vez su cara no reflejaba susto, sino que estaba sonriente y parecía divertido por algo.
- ¡Oh, no, son ellos! – murmuró Lily, que parecía conocerlos.
Los dos muchachos cerraron la puerta rápidamente y se echaron a reír a carcajadas. No parecían darse cuenta que no estaban solos en el vagón hasta que Lily carraspeó amenazadoramente.
- ¡Anda mira James! ¡Si es nuestra querida amiga, la mandona! – dijo el chico de ojos grises al de gafas.
- Me llamo Lilian Evans, para tu información – dijo Lily en un tono tirante.
- ¡Si, claro, tienes razón! ¡Que maleducados! Yo soy James Potter, y él es Sirius Black – dijo James con una sonrisa socarrona en su boca -. ¿Y tú eres? – refiriéndose a Perséfone.
Perséfone pudo notar la mirada del chico de ojos grises sobre la suya azul de una forma muy curiosa. No le gustaba como la miraba... no le gustaba el chico en general.
- Perséfone... – murmuró Perséfone con desconfianza.
- Y de todos modos– preguntó Lily en un tono bastante dulce -, ¿qué diablos estáis haciendo aquí?
- Verás, Evans... – dijo James subiendo el tono en esa última palabra y quitándole el bocadillo de las manos y dándole un mordisco -, ebtamos escapband de lads faddales condecuendias que condeva gadtar uda pedqueña droma a und pelodrasiendo...
- ¿Qué? – preguntó Lily -. ¿No te han enseñado modales tus padres? Punto uno, no me hables. Punto dos, no hables con la boca llena. Punto tres, dame mi bocadillo – y le arrancó el sándwich de las manos.
- Traduce – dijo Perséfone a Sirius.
- Quería decir que estabamos escapando de las fatales consecuencias que conllevan a gastar una pequeña broma a un pelograsiento...
-...narigudo... – añadió James.
-...y estúpido futuro Slytherin... – acabó Sirius.
- ¿Cómo están tan seguros de que será un Slytherin? – preguntó Perséfone con curiosidad.
- Es que al chaval... se le ve venir – dijo James con una sonrisita maligna en la cara.
- ¡Si, sobretodo de perfil! – murmuró Sirius.
- En algunas personas está muy claro. Yo seré un Gryffindor seguro. Toda mi familia lo ha sido, desde el principio de los tiempos – dijo James hinchándose de orgullo.
- Pues mi familia es toda Slytherin por completo, pero en toda familia hay una oveja negra... y ese soy YO – dijo también con orgullo. Perséfone no pudo evitar sonreír ante aquel comentario.
- Beeeeeee – empezó a balar James.
- Beeeeeee- le siguió Sirius mientras brincaba por los asientos – Jajajaja.
- Pues nosotras no sabemos a que casa perteneceremos, lo que si sabemos es que vosotros dos vais a tener problemas muy pronto... – dijo Lily mirando hacia la puerta que se había abierto sin hacer ruido.
- ¡Solo hay que verlos! Potter y Black saltando como gorilas – dijo un chico de pelo negro y nariz ganchuda que estaba en la puerta.
- ¡Como ovejas negras... no como tu madre! – dijo James descaradamente.
- ¡Potter, desgraciado! ¡¿Cómo te atreves?! – dijo mientras se abalanzaba sobre James.
James esquivó ágilmente al chico, agarrándose a una de las barras del equipaje que había en el techo del compartimiento y de un salto llegó hasta la puerta y corrió por el pasillo seguido por Sirius y por el chico de nariz ganchuda, quien exclamó un “lo siento” y cerró la puerta con cuidado, para luego echar a correr detrás de esos dos.
- Vaya personajes de comedia...
_________________ [img:1eb928a472]http://img165.imageshack.us/img165/1920/0302200820090001lz9.jpg[/img:1eb928a472]
[i:1eb928a472][color=indigo:1eb928a472]**UNETE A LAS DEPRAVADAS**
**Gabi Gabi....tia Nariz nos va a dar manta de palos...**[/color:1eb928a472][/i:1eb928a472]
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Lady Perséfone

Registrado: 16 Sep 2006 Mensajes: 1948 Ubicación: Allà... Donde el cielo se funde con el mar, y el sol se alza al despertar...  
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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Vie Ago 10, 2007 9:34 am Asunto: |
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Jajajaja es verdad!!!q a ti t gustaba Sirius!!!
mas adelante t traere el abanico
Ahi va mas!!
El resto del viaje Lily estuvo hablando de su familia, y la cara que pusieron el día que le llegó su carta. ¿Cómo iban a pensar que una hija de muggles podía ser una bruja? También estuvo hablando de su hermana Petunia, su hermana mayor. Ella siempre la había tenido envidia por ser la pequeña, pero su comportamiento con ella había empeorado el día que recibió la carta. Sus padres estaban orgullosos de ella, pero su hermana hervía de rabia en su interior.
De pronto el tren se detuvo. El viaje no se había hecho tan largo como esperaba, pero se había hecho de noche. Se levantaron y salieron del compartimiento. Vieron como todos los chicos y chicas salían a bandadas del tren. Lily y Perséfone los siguieron y bajaron.
Una vez fuera del tren, observaron el andén de un pequeño pueblo con algunas casas, tiendas y bares. Perséfone miró un cartel de madera en el que ponía en letras negras el nombre de Hogsmeade. Había un hombre gigante esperando en el andén del tren que llevaba una lámpara, y condujo a los alumnos de 1º año por un sendero. Caminaban y caminaron por el largo sendero de barro y muchos tropezaban en la oscuridad de la noche.
Perséfone se colocó al lado del gigante y se le quedó mirando extrañada. Era un chico joven, de unos 30 años, aunque tenía rastros de barba, pero aunque su apariencia fuera juvenil medía mucho más de 2 metros, y sus manos y pies eran tan enormes que podría haber aplastado a cualquier niño de 11 años de los que estaba rodeado. Perséfone no sabía muy bien por qué, pero aquel joven le caía bien.
El enorme joven se dio cuenta de que Perséfone le observaba y la miró. Sus ojos parecían tristes, pero él sonrió a la niña y la guiñó un ojo.
Llegaron a un llano, en el que se pudo ver a lo lejos la gran fortaleza de Hogwarts, un gran castillo con luces naranjas saliendo de sus ventanas. Había un gran lago que se extendía desde el castillo hasta el llano en donde se encontraban.
- ¡A los botes! – gritó el gigante.
Cruzaron el lago sin ningún incidente, Lily, Perséfone y dos chicas más en un bote.
Por fin llegaron a las puertas del poderoso castillo, donde una mujer de unos 40 años pero de aspecto severo salió a recibirles. Era una mujer delgada, con gafas y cabello negro con un moño muy ajustado a su cabeza. Ella se paró imponentemente delante de todos los estudiantes.
- Los jóvenes de primer año, profesora McGonagall – dijo el gigante.
- Muchas gracias, Hagrid – dijo la profesora McGonagall yendo a través del vestíbulo seguida de los estudiantes.
La profesora les llevó hacia una pequeña sala, fuera del vestíbulo y pronunció unas palabras:
- Bienvenidos a Hogwarts. El banquete dará comienzo en breve, pero antes tendrán que asistir a la ceremonia de Selección. Esta es muy importante ya que sabrán por primera vez a que casa pertenecen. Mientras estén aquí, en Hogwarts, sus casas serán como su familia, a saber: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw, y Slytherin. Espero que todos seréis un orgullo para vuestras casas – dijo abriendo la puerta que conducía al Gran Comedor.
Cruzaron la sala de dos en dos, pasando entre las mesas puestas a lo largo del enorme Comedor.
Perséfone iba al lado de Lily, quien estaba tan asustada como ella, y sentía que los ojos de todo el mundo se posaban sobre ellas.
La Profesora McGonagall colocó un sombrero bastante viejo en un taburete, y con una lista de los alumnos empezó a llamarlos para sentarse.
La primera chica era muy alta y delgada, con el pelo y los ojos oscuros, alguien que no inspiraba ninguna confianza a Perséfone:
- Black, Bellatrix – dijo la profesora McGonagall.
La chica se puso el sombrero, que enseguida gritó:
- ¡Slytherin! - y la chica parecía muy contenta de que así fuera.
El segundo chico de la lista tenía el mismo apellido que la anterior. Perséfone pensó que serían parientes, ya que sería demasiada coincidencia:
- Black, Sirius – profirió la profesora.
Era Sirius el chico que había atropellado a Perséfone con el carrito en la estación y el que había entrado con James en su compartimiento. Él caminó hacia el taburete, se sentó y según iba a ponerle el sombrero grito:
- ¡Gryffindor!
Sirius corrió hacia la mesa de Gryffindor y allí le dieron la bienvenida.
Después de unos cuantos Ravenclaws y Hufflepuffs más le llegó el turno a Evans, Lilian. Ella dio un bote asustándose al oír su nombre. Lily dejó sola a Perséfone y caminó temerosa hacia el Sombrero Seleccionador. Se sentó en la banqueta y la profesora le puso el sombrero. Estuvo unos segundos allí sentada, con el silencio a su alrededor, hasta que el Sombrero exclamó:
- ¡Gryffindor!
El Sombrero Seleccionador puso también a Edwars, Elizabeth; Graves, Alice; McKinnon, Marlene; Longbottom, Frank; Lupin, Remus; Pettigrew, Petter; y Potter, James en Gryffindor, cuando entonces:
- Riddle, Perséfone – la voz de la profesora retumbó en los oídos de Perséfone.
El silencio se hizo en la sala. Perséfone contuvo la respiración y se dirigió hacia el pequeño taburete. La daba la impresión de que todo el mundo la observaba atento. Ella se sentó y le pusieron el Sombrero sobre la cabeza. Perséfone oyó una voz, una voz que salía desde dentro del sombrero, y que solo ella podía oír:
- Tienes sangre Slytherin, oh si, pero también hay sangre Gryffindor en ti... muy, muy difícil eres de clasificar. Tu corazón es puro, en ti no hay avaricia, envidia o ambición...pero...
- No me metas en su casa...- dijo Perséfone rogando a la voz en su cabeza.
- Mucho poder tienes desarrollado, y una gran capacidad...aunque si así... mejor que sea...
¡Gryffindor!
Perséfone oyó como un gran aplauso ensordecía sus oídos y corrió contenta a la mesa de Gryffindor, sentándose al lado de Lily.
Poco después pudieron conocer el nombre del chico de nariz ganchuda, Severus Snape, quien como habían predicho Black y Potter, acabó en Slytherin.
Cuando la ceremonia de Selección había terminado, el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, quien tenía una larga barba gris, de la cual aun salían destellos rojizos de su color de pelo, que caía sobre su túnica de gala, pronunció un discurso de bienvenida:
- Bienvenidos a Hogwarts a viejos y nuevos estudiantes. Esperemos que este año sea bueno para todos. No está de más decir que el bosque está prohibido para todos los alumnos de Hogwarts... ¡y sin más preámbulos, que comience el banquete! – dijo dado dos palmadas y haciendo que la comida brotara de la nada encima de los platos.
Perséfone comió de todo, aunque estaba nerviosa por todo lo que la había sucedido y lo que estaba por suceder.
- Vaya, la torta está muy buena, ¿verdad Sirius? – dijo James.
- Si – dijo Sirius con dificultad, ya que había llenado su boca de comida a modo de gran bolsa de la compra, y la había abierto dejando ver la comida masticada de dentro.
- Eso es asqueroso ¿lo sabías? – protestó Lily con cara de repugnancia.
- ¡Tú calla, pelo de zanahoria! – dijo James tirándole un guisante a la cara, catapultado por su cuchara.
-¡No me tires comida, idiota...!
Después del banquete la gente empezó a disiparse hacia sus Salas Comunes, pero Perséfone había estado esperando pacientemente este momento para hablar con Dumbledore, el director. Algo le decía que él tendría alguna respuesta. Entonces pudo ver como se levantaba el director y ella también lo hizo.
Dumbledore salió del comedor y atravesó el vestíbulo, seguido de cerca por Perséfone, hasta que ella notó como algo la agarraba del hombro:
- ¿Dónde te crees que vas? – dijo la voz de McGonagall.
- Tengo que hablar con el director, es urgente -. Algo en la voz de Perséfone debió convencer a la profesora porque enseguida dijo:
- Acompáñame.
Perséfone siguió a la profesora McGonagall por unos corredores, hasta llegar a una gárgola. La profesora se paró en seco delante de esta y pronunció unas palabras - Rana de Chocolate.
Perséfone creyó no haber oído bien, creía que esa mujer estaba loca de remate. ¿Rana de Chocolate? Pero de pronto un ruido la asustó, y vio como la pared se habría dejando ver unas escaleras.
Las dos subieron las escaleras y llegaron hasta una enorme habitación llena de estantes con unos cuantos libros, cuadros colgados por todos lados y otros muchos cachivaches. Era el despacho de Dumbledore.
Este aguardaba sentado frente a un escritorio y profirió unas palabras:
- Siéntate Riddle, te estaba esperando...
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[i:1eb928a472][color=indigo:1eb928a472]**UNETE A LAS DEPRAVADAS**
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Lady Perséfone

Registrado: 16 Sep 2006 Mensajes: 1948 Ubicación: Allà... Donde el cielo se funde con el mar, y el sol se alza al despertar...  
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Beatrixe Elfina

Registrado: 16 Oct 2006 Mensajes: 2293 Ubicación: alomejor en el armario con......  
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Publicado: Dom Sep 09, 2007 11:46 am Asunto: |
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Aqui traigo mas!!!!!!!!!!!!!
Capítulo 5 : La última noche
“Tu solo recuerdo me vale un respiro
No puedo olvidar aquellos instantes
En los cuales me hiciste sentir
Que estaba viva.
Tus besos,
Que desataban mi cuerpo de sus cadenas.
Y ahora sin ti muero
Me hundo en las profundidades de las tinieblas”.
Perséfone
- ¿Y adónde vas a ir? – preguntó el joven castaño de brazos cruzados y ojos dorados que miraban con incredulidad la lluvia que caía a través de la ventana. Se giró con el ceño fruncido de preocupación a aquella bella joven morena, que se movía apresuradamente por la estancia. Estaban en un dormitorio de lo que parecía una enorme casa muggle normal y corriente, solo que no del todo. La decoración era un tanto extravagante y de las paredes colgaban extraños instrumentos dorados, espejos, cuadros y fotografías que se movían y por los suelos se extendían amplias alfombras.
- Lo más lejos de aquí que pueda – dijo ella, que doblaba cuidadosamente unos pantalones oscuros y los metía en un baúl mágico que había colocado sobre la cama con dosel.
- No, no puedes hacer eso – dijo él agarrándola por los hombros y zarandeándola para que recuperara su cordura –. ¡No puedes abandonar todo lo que tienes!
- No tengo nada – dijo ella con una tristeza conmovedora.
- ¡Si que tienes algo! ¡Me tienes a mi! ¡Y tú eres lo único que me queda!
- ¿Y que sugieres, Remus? ¿Me quedo? ¡Ya sabes lo que hay! Todos en el Ministerio han dado el voto para que me vaya a exteriores, siempre hacen lo mismo, cuando alguien o algo les causa problemas lo machacan hasta que todos esos artículos de “El Profeta” dejan de hervir en sangre. Y esa hija de puta Skeeter... ¡Voy a partirla las piernas! Me ha estado investigando y no puedo soportar la idea de que indaguen también en tu vida y descubran tu pasado, que todos sabemos que no debe salir a la luz.
- Dumbledore puede hacer mucho por ti, tiene el apoyo de...
- Dumbledore ha hecho suficiente ya, gracias – dijo ella en tono sarcástico -. Él siempre parece victorioso y cree tenerlo todo bajo control, pero si quieres que te de mi opinión, no sabe ni media mierda de lo que pasa aquí. Ya sé que tiene gran influencia en el Wizengamot y la Comisión, pero no quiero más favores de Dumbledore... ¡nunca más!
- ¡Pero él podía salvarte!
- Ya nada puede salvarme, Remus. Y no quiero oír ni una palabra más sobre el asunto.
- Le juzgas injustamente. Él siempre te ha querido como a su propia hija y tú se lo pagas muy mal...
- No me hables de juicios injustos, pues él ha cometido el peor de todos... – dijo la joven dejando sobre la cama de la habitación un montón de túnicas y ropa negra, y señalaba acusadoramente a Lupin con el dedo.
- ¡Ya estamos otra vez con eso!
- ¡Pues si, claro que estamos...!
- ¡A mi también me ha dolido lo | |