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LA HERENCIA DE LA SANGRE ( Yedra Phoenix ) ¡¡Terminado!!
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Yedra_Phoenix




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MensajePublicado: Jue Abr 05, 2007 11:48 am    Asunto: LA HERENCIA DE LA SANGRE ( Yedra Phoenix ) ¡¡Terminado!! Responder citando

Aprovechando este período vacacional en el que nos encontramos (¡Qué suerte tener vacaciones de pascua!) y escuchando las “sugerencias” de algunas personitas de este foro (léase Bigi y Nariz) he decidido empezar a subir aquí el fic en el que estoy trabajando.
(Entre que me cocinen a fuego lento o que me apaleen, creo que me quedo con la primera… ¡Soy muy friolera y no me gusta nada el dolor físico! )

Bueno, volviendo a lo que aquí venimos, os advierto que es un fic un poco largo así que después no os quejéis si me enrollo mucho.

Espero que os guste.




LA HERENCIA DE LA SANGRE
Por Yedra Phoenix



CAPÍTULO I


Una lechuza blanca sobrevolaba la zona del sur de Londres, más concretamente la zona de Little Whinging, disfrutando de las últimas horas de la noche momento en el cual podía salir sin peligro de llamar la atención del vecindario. La verdad es que no es muy corriente el encontrar lechuzas volando libremente en zonas urbanas.
Hedwig, así se llamaba la lechuza en cuestión, realizó un giro dirigiéndose hacia la ventana abierta de una casa situada en la calle Privet Drive número 4, y aterrizó limpiamente sobre el armario que había allí.
— Buenos días, Hedwig, tranquila no me has despertado. Tanta calma me mata. No poder hacer nada y tanto por hacer… -comentó Harry Potter, el dueño de la lechuza hablando consigo mismo.- Debo armarme de valor y comenzar a moverme.
Realmente era muy temprano y ninguno de los otros moradores de la casa habían dado señales de vida. Harry bajó las escaleras silenciosamente y se metió en la impecable cocina. Se notaba que su tía Petunia era una maniática de la limpieza y el orden. Todo estaba perfectamente colocado en su sitio como si no se utilizase jamás.
Se preparó un zumo de naranja, unas tostadas con mantequilla y una taza de leche. Antes de sentarse a comer recogió todo lo que había utilizado, no tenía ningunas ganas de recibir una regañina de su tía si bajaba antes de lo habitual.
Después de desayunar comenzó a limpiar lo que había ensuciado. No tenía prisa. Debía aclarar sus pensamientos y planificar perfectamente los días que le quedaban hasta su mayoría de edad o lo que era lo mismo, el momento en que dejaría la casa de sus tíos para siempre.
— ¿Qué haces levantado tan temprano? – preguntó tía Petunia buscando con la mirada algo que le pudiese echar en cara a su sobrino, pero todo estaba perfecto.
— Buenos días tía Petunia – dijo Harry con expresión de niño bueno. Esto no es algo normal, podría convencerla. Se miraron fijamente durante unos segundos. Harry no podía irse por las ramas, ese no era su estilo.- Necesito que me hagas un favor… te prometo que será lo último que te pida.
— ¿Eh? – Petunia lo miraba a los ojos. Esos ojos tan iguales a los de su hermana. Jamás le había pedido nada.
— En cuanto sea mayor de edad me marcharé y no volveré a molestaros nunca más.
— Para que cumplas dieciocho años – calculó rápidamente- aún falta más de un año…
— En el mundo mágico somos mayores de edad a los diecisiete-contestó Harry
— Está bien – admitió Petunia- ¿Qué es lo que necesitas de mí?
— Solamente que me acompañes a la calle Charing Cross, en el centro de Londres – simplificó Harry – de esta forma el sacrificio que hizo mi madre me seguirá protegiendo al venir tú conmigo. En cuanto sea mayor de edad esta protección ya no será efectiva, entonces yo me marcharé para evitar poneros en peligro a vosotros.
— Si sólo es eso – dijo Petunia sin darle importancia – pero que no se enteren Vernon ni Dudley.
— Descuida, no se enterarán.- Total, Dudley no estaba nunca en la casa, a veces ni siquiera aparecía a dormir y tío Vernon estaba permanentemente frente al televisor en cuanto llegaba a la casa, pensó Harry.- Me voy a mi habitación para no molestarte.
La primera parte de su plan iba a la perfección. Nunca había pensado que le resultaría tan sencillo convencer a su tía para que le acompañara al Callejón Diagón, claro que tampoco había sido del todo sincero con ella.
Ahora debía planificar perfectamente lo que debía hacer allí. No quería que nada se le pasara por alto pues no tendría otra ocasión mejor.
El día había amanecido perfecto. No había quedado con su tía que día irían al Callejón Diagón, pero sentía que ese era el día ideal. Tío Vernon había salido pronto para ir a su trabajo y no volvería hasta la hora de cenar y Dudley no había aparecido por allí por lo menos en dos días. Si su madre no se preocupaba por él sería porque ella sabría o le habría dicho donde había ido.
Ya se disponía a salir de su habitación cuando Hedwig comenzó a ulular de felicidad. Vio entrar a Pigwidgeon por la ventana de su habitación. Recogió la carta de Ron y Pig subió al armario para confraternizar con Hedwig. Harry empezó a leer:
Hola Harry: ya puedes empezar a hacer tu equipaje. Te lo advierto porque sé que eres bastante desastre para esas cosas.
La mañana del día de tu cumpleaños iremos a buscarte así que espero que estés preparado. ¿Qué tal con tu primo? Si no se ha portado bien contigo dímelo que es nuestra última oportunidad de vengarnos.
Recuerdos de mis padres y Ginny.
Ron
Guardó la carta de Ron en su baúl. Bajó las escaleras y extrañamente encontró a su tía Petunia más puesta que un calcetín esperando a que apareciese su sobrino.
— ¿Estas listo, Harry? – preguntó su tía poniéndose el sombrero y colgándose el bolso.
— Si tú lo estás.- contestó rápidamente. Se adelantó para abrirle la puerta caballerosamente, nunca pensó que él se comportaría así con su tía. El que algo quiere algo le cuesta...- después de ti.
Realmente se dio cuenta de que había sido una buena idea decirle a su tía que necesitaba ir a Charing Cross. Para llegar allí su tía decidió usar el metro, él jamás había usado ese medio de transporte y para ello cambiaron de línea en dos ocasiones, y resultaba un verdadero lío con tanta gente moviéndose con rapidez de un lugar a otro y chocando a la hora de entrar o salir del vagón a tanta velocidad. Realmente hizo un gran esfuerzo para no perder a su tía entre el gentío. Al salir al exterior Harry se sintió mucho mejor y su tía debió verlo reflejado en su cara:
— ¿Es la primera vez que viajas en metro?
— Sí, ¿se nota? – comenzaba a valorar más positivamente la red flu.
— Y os pensáis que en vuestro mundo estáis más avanzados…- comentó Petunia con una sonrisa burlona.
Harry respiró hondamente para tranquilizarse. Debía seguir con su plan, ahora sería él quién indicara el camino a seguir. Caminó pausadamente mirando algunos escaparates hasta pararse frente a un pequeño pub algo mugroso al que decidió entrar.
— Acabamos de pasar una cafetería muy acogedora…- comentó su tía mirándolo con cara de súplica.
— No venimos a tomar nada, tranquila. – susurró a su tía mientras entraba decidido en el establecimiento.
En el interior no había más de seis o siete personas que ocupaban tres o cuatro mesas y ninguna de ellas le resultó conocida a Harry. Mejor que mejor. Se acercó a la barra y saludó con voz alegre:
— Muy buenos días, Tom.
— Hombre, Harry, cuánto tiempo sin verte por aquí. ¿Quieres tomar algo? Invita la casa…- contestó el tabernero.
— Se agradece de verdad pero tengo que hacer algunas compras en el Callejón Diagón y tenemos poco tiempo – se excusó Harry. Tía Petunia cambió su cara de asquito por una cara de felicidad.
— Y la bella dama que te acompaña ¿quién es? – preguntó Tom con curiosidad guiñándole un ojo a Petunia.
— Disculpa, es mi tía Petunia, hermana de mi madre – explicó Harry- tía este es Tom.
— Encantado de conocerte, Petunia – dijo Tom alargando la mano hacia tía Petunia que no pudo negarle el saludo. Tom continuó hablando sin soltarle la mano- es un placer conocer a la hermana de Lily… eran un matrimonio encantador. – y le plantó un beso en la mano.
— Igualmente – fue todo lo que pudo decir tía Petunia.
— Nos vemos más tarde. – se despidió Harry sonriendo. Con esto la aventura del metro estaba totalmente olvidada.
Condujo a su tía hacia el patio trasero del pub y una vez allí sacó su varita del bolsillo trasero de sus pantalones vaqueros. Petunia lo miró muy extrañada acercar su varita hacia la pared y tocar con ella algunos de los ladrillos y de pronto, por arte de magia nunca mejor dicho, apareció una puerta en forma de arco…





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LA NARIZ DE SEVERUS




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MensajePublicado: Jue Abr 05, 2007 12:04 pm    Asunto: Responder citando

Ooooooooooooooh!!!

Veo que mi manta de palos ha funcionado!!!! aajajaja...

Ahora mismo me pongo a leerlo... bue... y tranquila por lo largo... ahora tengo tiempo de sobra... jejejeje



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¡¡CARMENSÍN, ATACAAAA!! ¡¡ABAJO LAS DEPRAVADAS!!
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Yedra_Phoenix




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MensajePublicado: Vie Abr 06, 2007 11:27 am    Asunto: Responder citando


Nariz, gracias por pasarte por aquí!!!

A ver cuando tengo un rato y subo el segundo capítulo. Los primeros son

cortitos, pero más adelante se van haciendo más largos.

La pena es que se pierde el formato y al pasarlo aquí se juntan los

párrafos y no me siento con ganas de volver a formatearlo...

Un beso: Yedra



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bigi




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MensajePublicado: Vie Abr 06, 2007 10:52 pm    Asunto: Responder citando

hoooooooooooooooooooo


me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa


me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

creo que esta parte ya la leíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

lo quiero todoooooooooooooooooooooo

yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

besitos bigiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii



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*Laura Black*




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MensajePublicado: Sab Abr 07, 2007 2:19 am    Asunto: Responder citando

tercera en postear es que simplemente no podia dejar de leer el FF en cuanto vi que tu eras la escritora.

se ve bastante interesante me gusta me gusta asi que ya sabes que te leere hasta el final


saludos a tus pekes


Laura



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Yedra_Phoenix




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MensajePublicado: Sab Abr 07, 2007 6:00 pm    Asunto: Responder citando

Muchas gracias también a Bigi y Laura por pasaros

por aquí.

Efectivamente, Bigi, el principio ya lo has leído, lo que no recuerdo es

hasta dónde has leído...

Os dejo leyendo el siguiente capítulo, ya me contaréis qué os parece.


    CAPÍTULO II


Condujo a su tía hacia el patio trasero del pub y una vez allí sacó su varita del bolsillo de detrás de sus pantalones vaqueros. Petunia lo miró muy extrañada acercar su varita hacia la pared y tocar con ella algunos de los ladrillos y de pronto por arte de magia, nunca mejor dicho, apareció una puerta en forma de arco detrás del cual se veía una calle llena de tiendas con escaparates de lo más llamativos. Tía Petunia parecía en trance, embrujada por los letreros y las mercancías que se vendían en aquellas tiendas.
— Tía, lo primero que hay que hacer es ir al banco, si no te importa. Necesito realizar algunas diligencias allí.
Harry comenzó a caminar con decisión, no parecía que fuese la primera vez que iba al Callejón Diagón sin ir acompañado de alguien de la comunidad mágica. ¡Su tía no podía notarlo! Enfiló el Callejón Diagón en dirección a un edificio que destacaba por su gran altura y con una fachada de mármol blanco que relucía a los rayos del sol. Petunia no podía creer lo que veía. Nunca quiso acompañar a su hermana y a sus padres. Pero que tonta había sido. Su vida podría haber sido tan diferente a lo que tenía ahora…
Pasaron por la puerta principal del edificio de Gringotts que estaba hecha de bronce. Se encontraban en una especie de recibidor desde el que se podía acceder a otras estancias del banco atravesando unas puertas plateadas. Harry se dirigió hacia un mostrador detrás del cual había un duende de orejas puntiagudas y piel morena que le saludó cortésmente:
— Buenos días tenga usted, señor Harry Potter. No se si se acordará de mi, soy Griphook, ¿en que puedo ayudarle?
— Necesito depositar un testamento y sacar algo de dinero.
— Comenzaremos por el testamento. Si son tan amables de seguirme…- dijo el duende Griphook bajando del banco sobre el que estaba sentado con un gracioso saltito.
— Un individuo bastante curioso ¿no crees? – susurró tía Petunia.
— Los Duendes son grandes economistas, muy trabajadores e inteligentes – le comentó Harry recordando lo que Hagrid le dijera en su primera visita al banco – no hay que juzgarlos sin conocerlos.
Griphook pareció escuchar el comentario de Harry pues sonrió con agrado.
— Esperen un momento por favor – llamó a una puerta y entró.
En la puerta había un letrero con el nombre de Ragnok. Ese nombre le resultaba conocido a Harry pero no podía recordar de dónde…
— Pueden pasar. Ragnok le solucionará lo del testamento. Les esperaré aquí y yo mismo les acompañaré a sus cámaras.
— Gracias. – a Harry le extrañaba la amabilidad del Duende. Debería recordar su nombre para la próxima ocasión.
— Señor Potter – saludó Ragnok. Un Duende con aspecto distinguido que seguramente tendría mucha más importancia que Griphook.- Un amigo común, Bill Weasley, me ha hablado mucho de usted…
— Pues espero que lo que le haya dicho sea bueno…
— Tan modesto como sus padres. Es un placer conocerlo en persona, ya sabe que es la esperanza del mundo mágico. Griphook me ha informado que necesitaba algo referente a un testamento, ¿acaso la aceptación definitiva del de su padrino Sirius Black?
— No, señor Ragnok, – Harry supuso que esa era la forma correcta de dirigirse a él – vengo a depositar mi propio testamento.- y le alargó un pergamino enrollado y lacrado.
— Pero si es usted muy joven – miró su ficha y calculó – dieciséis, en unos días diecisiete años. Aun es menor de edad, necesitará que un familiar firme junto a usted…
— Para ello me acompaña mi tía Petunia, hermana de mi madre.
— Perfectamente, y si no es indiscreción ¿no es usted muy joven para hacer testamento?
Petunia no se atrevía a preguntar nada pero no se perdía ni una palabra de la conversación y se giró a mirar a Harry esperando su respuesta.
— Ya sabe, en los tiempos que corren hay que estar prevenido para todo.- comentó haciendo un gesto hacia su tía que ella no pudo verlo - Y le pediría encarecidamente que esto quedara entre nosotros y únicamente en caso de necesidad avise a mi tía Petunia, la familia Weasley, Hermione Granger y Remus Lupin.
— Así se hará – sentenció Ragnok dándole la mano a Harry. – Y recuerde, para cualquier cosa que necesite de nosotros, lo que sea, no dude en pedirlo.
— Muchas gracias a usted Ragnok – había entendido mal o le ofrecía más de lo que parecía.
Fuera de la oficina les esperaba Griphook.
— Síganme, a que cámara nos dirigimos primero ¿a la 711 o la 687? – preguntó y acto seguido al entrar en otra cámara silbó fuertemente.
— A la de mis padres, la 687.
Petunia vio llegar un pequeño carro que rodaba sobre unos raíles al que tuvieron que subir los tres. El carro empezó a aumentar su velocidad al pasar por diferentes pasajes subterráneos.
— Esto es peor que la estampida de Port Aventura. – dijo tía Petunia que estaba tan asustada que cerró los ojos fuertemente para intentar no marearse. Harry sonrió ampliamente mirando a Griphook, su tía no podía verlo.
— ¿La primera visita a Gringotts? – preguntó Griphook divertido.
— Sí, lamentablemente mi tía no es bruja.
Después de un trayecto de subidas, bajadas y giros, el carro frenó súbitamente.
— Ya hemos llegado – anunció el Duende.- Su llave por favor.
Harry sacó una diminuta llave dorada del bolsillo derecho de sus vaqueros y se la entregó. Griphook tocó la puerta con su mano izquierda y después introdujo la llave de Harry en una cerradura y otra llave bastante más grande que llevaba él colgada al cuello en otra cerradura y la puerta se abrió.
Tía Petunia no sabía si lo que veía era real o culpa del agitado viaje en el carrito. La cámara contenía además de montones de monedas de diferentes tamaños y colores objetos que debían ser de valor. Sobre un estante del lado izquierdo de la cámara vio un pequeño peluche con forma de conejo que llamó poderosamente su atención.
— No me lo puedo creer, yo le regalé este peluche a tu madre cuando cumplió siete años – dijo Petunia abrazándolo y sin poder evitar que unas lágrimas salieran de sus ojos.
— Debía ser muy importante para mi madre pues lo guardó aquí. Si quieres puedes llevártelo.– Harry cogió una suma considerable de dinero para lo que pudiese necesitar pero difícilmente se notaba que lo hubiese hecho pues aun quedaba mucho más en la bóveda, y lo guardó en sus bolsillos mediante un hechizo.
Una vez en el exterior sólo le faltaba pasar por la tienda de Madame Malkin para adquirir una túnica de gala para la boda de Bill y Fleur. Entraron en la tienda y Petunia se despistó mirando las túnicas que había colgadas en exposición.
— Buenos días Madame Malkin – saludó Harry – necesito una túnica de gala para asistir a una boda.
— Hola Harry, ¿vienes tú solo? – preguntó la señora Malkin mirando hacia el Callejón pues en otras ocasiones Hagrid esperaba fuera pacientemente.
— Hoy me acompaña la hermana de mi madre – contestó señalando hacia el lugar en el que ella miraba los trajes.
Madame Malkin le hizo pasar al fondo de la tienda donde se podría probar diferentes modelos. Sólo de imaginarse todo lo que le tocaría probarse empezó a ponerse nervioso. Esto de la ropa no era lo suyo. Afortunadamente no tuvo que probarse gran cosa pues comenzó a desestimar algunas prendas que ya a simple vista no le acababan de gustar, o eran muy llamativas o le recordaban la famosa túnica de Ron en el baile de navidad de su cuarto curso.
Se probó una camisa blanca con una túnica azul marino que acompañaba a un pantalón del mismo color. Se miró a un espejo y no se reconocía…
— Harry, como has crecido. ¡Eres igual que tu padre! – comentó Petunia – pero así parece que el que se vaya a casar seas tú.
Su tía se acercó peligrosamente y comenzó a desabrocharle la túnica y le quitó la camisa. Después le puso una camisa de un azul algo más claro sin cuello que se abrochaba por un hombro, le puso la túnica y en vez de abrocharla hasta arriba como debía ser, la dejó sin abrochar para que se viese la parte superior de la camisa.
— Ahora te ves elegante pero informal. – comentó tía Petunia. Y continuó en voz más baja y penosa – Tu primo no podría ponerse esta ropa ni en broma, es igual a su padre…
Cuando salían del Callejón Diagón era tarde para llegar a casa comer y pronto para volver. Había que aprovechar el día.
— ¿Por qué no comemos por aquí en el centro?- propuso Harry.
Entraron en un pequeño restaurante italiano en la misma calle Charing Cross. La verdad es que casi no hablaron hasta que tía Petunia comentó:
— Nunca había imaginado que tu mundo fuera así. Lamento tanto haberle dado la espalda de esa forma cuando tuve la oportunidad de relacionarme con él. Las cosas podrían haber sido tan diferentes… No he sabido ser una buena madre ni con mi propio hijo – suspiró tristemente – pero al menos estoy satisfecha contigo. Ya se que el mérito no es mío en absoluto sino de ese colegio al que vas y de esa familia con la que vas tan a gusto.
Harry no sabía que decir, no podía darle la razón, está claro que las verdades no ofenden pero incomodan.
Volvieron a Privet Drive en el metro y a Harry ya no se le hizo tan molesto.
Aun era temprano para que llegara tío Vernon por lo que pudieron descansar y al llegar él no pudo ni sospechar lo que habían hecho durante ese día, bueno si en vez de dedicarse a mirar la televisión se hubiese fijado en su mujer habría podido percibir un brillo de felicidad en sus ojos que hacía mucho tiempo que no tenían.




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    MensajePublicado: Sab Abr 07, 2007 7:09 pm    Asunto: Responder citando

    isnsisto que suena bastante interesante y eso que no vamos ni al inicio

    saludos


    Laura



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    Yedra_Phoenix




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    MensajePublicado: Dom Abr 08, 2007 6:18 am    Asunto: Responder citando


    Hola Laura, ¡Qué rápida!

    En cuanto llegué de pasar el día por Barcelona subí el capítulo y me fui a

    descansar, y por lo que veo te lo leiste rápidamente.

    Pues sí, sólo es el principio... Quedan algunos capítulos de presentación

    de las situaciones.

    Un beso: Yedra



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    MensajePublicado: Mie Abr 11, 2007 1:41 pm    Asunto: Responder citando


    Aquí llego a actualizar.

    Ya empiezan a aparecer más personajes, ¡¡¡para que no os aburráis!!!

    Paciencia que un poco más adelante empezará a haber más movimiento.

    Un beso: Yedra


    CAPÍTULO III

    Harry había aprovechado la mañana para repasar algunos hechizos que podrían serle de utilidad y a rememorar los recuerdos que había estado estudiando con Dumbledore. Esa debía ser su prioridad de ahora en adelante. Definitivamente después de la boda de Bill y Fleur partiría él sólo. No podía arrastrar a Ron ni a Hermione en un futuro incierto y peligroso. Decidió dar una vuelta para descansar su mente.
    Bajó las escaleras y al llegar al recibidor no pudo evitar mirar hacia la alacena que había bajo las escaleras, la que fuera su habitación durante tanto tiempo, y se sorprendió recordando su infancia que no había sido feliz en absoluto pero que estaba exenta de las preocupaciones que conllevan el ser mago y tener que acabar con Voldemort, la personificación del mal.
    Un leve repiqueteo le sacó de sus pensamientos y miró hacia la ventana de la cocina que es de dónde procedía el sonido. Detrás del cristal una hermosa lechuza de color pardo fisgoneaba por la ventana hasta que lo miró a los ojos y entonces comenzó a saltar y agitar sus alas. Rápidamente abrió la ventana y le desató un mensaje se su patita. Lejos de marcharse lo miraba con insistencia. Harry fue hasta la nevera en busca de algo que le pudiese dar. Había un plato con albóndigas listas para ser cocinadas. Tomó una, nadie la echaría en falta y se la dio a la lechuza que se la comió con voracidad y salió por la misma ventana por la que había entrado.
    Harry volvió a su habitación para leer su correo con tranquilidad.
    La carta era de Hermione, ¿habría pasado algo? Se tumbó en la cama y comenzó a leer:
    Querido Harry: te escribo hoy para felicitarte con un día de antelación. Así me aseguro el ser la primera. Mañana nos veremos en la Madriguera y podré volverte a felicitar esta vez ya en persona.
    Espero que no le hayas estado dando demasiadas vueltas a lo que tú sabes. No tomes decisiones sin que lo hayamos comentado antes, hazlo por Ron y por mí.
    Recuerda que nuestra amistad es lo más importante y que si me necesitas sólo tienes que mandarme a Hedwig y enseguida me presento allí, acuérdate que yo ya me puedo aparecer (no es por presumir ¿eh?)
    Hasta muy pronto. Un abrazo: Hermione
    P.D. ¿Que te ha parecido Ibi? Es la lechuza que les he comprado a mis padres para que puedan estar en contacto conmigo. Habrás visto que es un poco pedigüeña ¡no le des nada de comer! Estoy intentando educarla correctamente.
    — Vaya, la información ha llegado un poco tarde, espero que no se de cuenta que le di una albóndiga.
    A la mañana siguiente, Harry decidió, por fin, recoger sus pertenencias. Comenzó a doblar alguna camiseta y entonces pensó:
    — ¡Hoy es mi cumpleaños!, ¿qué hago recogiendo a lo muggle? ¡Es el momento de usar la magia!
    En un momento tenía todo bien acomodado en su baúl, la habitación limpia y todo bien organizado. Sólo le quedaba esperar a Ron. Decidió empezar a bajar su equipaje hasta el recibidor y cuando bajaba con Hedwig en su jaula sonó el timbre.
    — Ya abro yo – dijo Harry en voz alta para que lo escuchasen sus tíos.- Hola Ron, cuanto tiempo.
    — Hola Harry- saludó Ron y se dieron un abrazo.- ¿Ya lo tienes todo preparado?
    — Sí, tal y como me pediste en tu carta. Me voy a despedir de mis tíos ¿vale? Tú puedes ir sacando mi equipaje. – Entró a la sala de estar a despedirse de su tío - Tío Vernon, me marcho ya. No es probable que nos volvamos a ver. Espero que todo te vaya bien.
    — Por fin ya no tendremos que aguantarte más. – Dijo Vernon y continuó mirando su programa de televisión.
    — Tía Petunia – llamó Harry entrando a la cocina. – Ya me marcho. Si quieres ponerte en contacto conmigo puedes pedirle a la señora Figg que lo haga, ella sabe cómo ponerse en contacto con el mundo mágico.
    — ¡La señora Figg! Nunca me lo habría imaginado. – de pronto se puso a abrazar a Harry y le susurró al oído – Estoy orgullosa de ti, Harry.
    Harry salió de la casa y se cruzó con Ron que lo miraba muy extrañado.
    — ¿Tenéis un coche? – exclamó Harry haciendo caso omiso a la mirada escrutadora de su amigo y saludó al señor Weasley que les esperaba sentado al volante de un Jaguar xj40- ¡y conduce tu padre!
    — El ministerio ha pensado que ya era hora de concederle uno en vez de enviárnoslo con chofer incluido – explicaba Ron mientras entraban en el coche.
    — Señor Weasley, ¿cómo está? – saludó Harry.
    — Muy bien, mira feliz con mi primer coche totalmente muggle. Ahora tendremos tiempo para charlar mientras llegamos a la Madriguera.
    El viaje fue un poco largo, no sólo por lo que tardó en sí sino por no poder hablar de lo que les interesaba al estar el señor Weasley delante.
    — Ahora que estamos solos podremos hablar de cosas de hombres – comenzó Arthur Weasley.
    — Papá, no empieces…
    — Venga, contadme. ¿Cómo vais de novias? Ya tenéis edad…
    — Ron, ¿pero tú que le has contado? – susurró Harry a su amigo.
    — Nada, te lo aseguro – murmuró Ron.
    — Señor Weasley, estos son otros tiempos, ¿sabe? Y nos tomamos muy en serio las clases porqué la preparación para el futuro es lo más importante… - se excusó Harry.
    — Y además no sabes lo que es tener a Hermione controlando todo nuestro tiempo para no olvidarnos ningún trabajo y sacar buenas notas. – concluyó Ron.
    — Bueno, si no queréis contarme, no me contéis pero no inventéis tantas excusas. – dijo el señor Weasley y comenzó a investigar las distintas palancas y botones de su nuevo coche. En algo se tenía que entretener.
    Cuando llegaron a la Madriguera estaban todos esperándolos.
    — Habéis tardado mucho en llegar – exclamó Ginny alegremente – Harry, has crecido en estas semanas…
    — Sí, y seguro que no te has alimentado convenientemente – puntualizó la señora Weasley abrazando a Harry – pero no te preocupes, ahora estás aquí y te alimentarás como es debido. Arthur, podríais entrar el equipaje de Harry, por favor.
    — Vamos, Ron, ayúdame – le pidió su padre.
    — Ya voy, parece que al fin ya estamos toda la familia unida…
    — Hola Harry, ¿cómo te sientes siendo mayor de edad? – Le preguntó Hermione que estaba sentada junto a Tonks en el sofá.
    — Es verdad, felicidades – interrumpió Tonks.
    — Hola. De momento no encuentro ninguna diferencia, ¿y Remus? – preguntó mirando alrededor en busca de su antiguo profesor.
    — Vendrá a la hora de cenar, está reunido con Minerva – contestó Molly – Harry, llevas un equipaje un poco extraño ¿no crees?
    Harry no encontraba nada extraño en su equipaje. Era la primera vez que lo llevaba todo perfectamente ordenado. Se giró para ver entrar a Ron llevando su baúl y la jaula de Hedwig y al señor Weasley llevando…
    — Disculpe, señor Weasley pero eso que lleva no es parte del equipaje de Harry, - acertó a decir Hermione intentando no reírse – eso es la rueda de recambio de su coche, por si se le pincha una poder cambiarla ¿sabe?
    — Ya decía yo que era algo extraño, pero después de convivir un tiempo con muggles nunca se sabe…
    Después de cenar la señora Weasley los reunió a todos en la sala.
    — Debemos repartirnos las tareas que hay que empezar a hacer mañana mismo – les informó. – Hay que preparar la casa para la llegada de la familia de Fleur.
    — Hemos pensado que una buena forma sería que los chicos acampen en el jardín, así aprovecharíamos la tienda de campaña que compramos para los mundiales de Quidditch. – continuó Arthur Weasley.
    — ¿Y por qué las chicas no podemos acampar también en el jardín? sería muy divertido, – objetó Ginny e intentó justificarse – y de esta forma habría sitio para todos los mayores dentro de la casa.
    — De eso ya hablaremos, aunque he de decir que sería una estupenda solución – dijo su padre.
    — Ya es tarde y deberíais iros a dormir – sugirió la señora Weasley.
    — Mamá, debo informarte que salvo Ginny todos somos mayores de edad – puntualizó Ron, pero ante la mirada reprobatoria de su madre añadió - pero igualmente nos vamos ya a dormir. Buenas noches a todos.
    — Vamos, a ver quién llega antes… - dijo Ginny subiendo las escaleras.
    — Nos vemos en la habitación de las chicas cuando haya pasado vuestra madre a comprobar si estamos dormidos – dijo Harry.
    — Me sorprendes, Harry, la conoces como si fuese tu madre “hermanito” – le dijo Ron revolviéndole el pelo a su amigo.
    Media hora más tarde estaban los cuatro reunidos en la habitación de las chicas, tumbados en las camas y charlando alegremente.
    — Cada día que pasa estoy más nervioso – comentó Ron – cualquier día de estos nos llegará la carta del ministerio informándonos de la fecha para el examen de aparición.
    — Y ¿por qué estas nervioso? – preguntó Harry – has tenido tiempo para entrenarte y hacerlo estupendamente.
    — Si claro, y ¿cómo querías que me entrenara?
    — Es fácil, querido Ron, - explicó Hermione – puedes hacerlo aquí, en tu casa estas rodeado de bastantes magos que pueden aparecerse, ¿cómo va a enterarse el ministerio que el que se ha aparecido no tiene permiso?
    — Entonces ¡yo también puedo intentarlo! – exclamó Ginny.
    — De eso ni hablar, yo me he tenido que esperar y tú también lo harás – le dijo Ron.
    — Hermanos – dijeron Harry y Hermione.
    — Regresemos a nuestra habitación apareciéndonos ¿te parece, Ron? – propuso Harry.
    — Vamos – y acto seguido desaparecieron los dos.
    *************
    — ¿Ron?, ¿Dónde te has metido? No hagas t…
    ¡¡Plof!!
    — Harry, no te puedes ni imaginar lo que me ha pasado… ¡Por Merlín! Me he aparecido en la habitación de mis padres… no, no puedo decir nada más, … creo que voy a tener pesadillas durante el resto de mi vida!
    — Ron, amigo, me parece que mañana mismo tendremos que empezar a entrenarte o no pasarás el examen de aparición.




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    MensajePublicado: Mie Abr 11, 2007 11:22 pm    Asunto: Responder citando

    yo primera pues creo que esto sigue a penas en los inicios so ya sabes que te leere hasta el final

    oye nunca has pensado en leerle tus FF a tus chamacos para entretenerlos los tendrias con el ojo cuadrado

    saludos


    Laura



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    MensajePublicado: Sab Abr 14, 2007 5:29 am    Asunto: Responder citando


    Laura, primera y única!!!!

    Te mereces un premio. Ya sé que al ser el principio de la historia le falta

    movimiento pero que sigas aquí, incondicional... me ha llegado al alma.

    GRACIAS




    CAPÍTULO IV


    A la mañana siguiente Ron y Harry bajaron a desayunar y encontraron al resto de la familia, Tonks, Remus y Hermione charlando alegremente frente a sus tazas de desayuno ya vacías.
    — Buenos días por la mañana temprano – saludó Remus – pensábamos que dormiríais todo el día.
    — Venga ya, no exageréis que no es tan tarde – comentó Ron metiéndose un bollo entero en la boca.
    — Tenéis el correo de la mañana sobre la chimenea – informó la señora Weasley – me parece que tenéis una carta del Ministerio para cada uno.
    Del susto, Ron casi se atraganta con el bollo. Todos se pusieron a reír.
    — Ronald Bilius Weasley, nunca te acabaré de criar. Si no te esfuerzas en mejorar tus modales no encontrarás novia en tu vida – le soltó su madre guiñándole un ojo a Tonks.
    — Mamá, ya llegas tarde, el pequeño Ron ya ha comenzado a hacer sus primeros pinitos en… - una magdalena rebotó en la cabeza de Ginny haciéndola callar.
    — Yo también se jugar a este juego – le dijo Ron a su hermana a duras penas.
    — Venga, seguid – les animó Tonks – que esto se está poniendo bueno.
    — Tonks, a ti también te podemos preguntar algo… - amenazó Ginny.
    — Pero que tarde es ya, - se excusó Remus levantándose con celeridad – debo marcharme, me está esperando Bill para organizar una reunión con los Duendes. Hasta luego a todos.
    — Antes de que todo el mundo empiece a hacer mutis por el foro, veamos, las chicas – dijo Molly mirando a Ginny y Hermione – os encargaréis de preparar las habitaciones para todos los invitados.
    — Yo no tengo que ir al ministerio en toda la mañana – dijo Tonks – así que yo iré a ayudarlas. Y así a lo mejor me entero de algo interesante…
    — Me parece muy bien. Y vosotros, los chicos, seréis los encargados de montar las tiendas de campaña dónde dormiréis a partir de hoy todos los jóvenes solteros.
    — ¡Yupi! Nosotras también – dijeron Hermione y Ginny al unísono.
    — ¿Podremos hacerlo usando magia? – preguntó Ron.
    — Por supuesto – dijo Harry para que no hubiese ninguna duda– que ya tenemos permiso del ministerio. Por cierto, mira – dijo alargándole su carta a Ron – tenemos el examen mañana después de comer.
    — Cuántas cosas hay para mañana. A esa hora también está prevista la llegada de la familia Delacoure. Arthur os acompañará al ministerio – hizo una pausa como si ordenara su agenda mental. – Pues venga cada uno a su trabajo. Lo quiero todo listo antes de la hora de comer. Despejad la cocina que yo me pondré a cocinar ahora mismo.
    Que fácil era eso de hacer el trabajo usando la magia. Pero más les valía no salir de la tienda de campaña no fuera a ser que les viesen ociosos y les mandaran hacer alguna otra tarea.
    — Venga Ron, ahora es el momento ideal. Aparécete justamente encima de la silla que hay en la habitación que nos toca a nosotros – ordenó Harry a su amigo.
    — Si mi amo – contestó Ron haciéndose el graciosillo.
    — Ron, concéntrate que no tenemos mucho tiempo. – le regañó Harry.
    La precisión de Ron en las apariciones fue aumentando notablemente a lo largo del día por lo que aumentó también su auto confianza, el punto flaco de Ron. Seguro que al día siguiente lo harían a la perfección.

    ********

    La señora Weasley estaba realmente preocupada por su hijo. Casi no había comido, al menos eso pensaba ella, pues no había querido repetir estofado. Pero claro serían los nervios del examen.
    Harry, Ron y el señor Weasley partieron hacia el ministerio por medio de la red flu. Al llegar al ministerio, subieron en el ascensor y el primero en bajarse fue Arthur Weasley.
    — Debo quedarme en mi oficina, en cuanto tengáis los resultados venís a informarme ¿de acuerdo? – les dijo mientras salía dejándolos solos.
    Tres pisos más arriba se encontrarían con el instructor de adivinación Wilkie Twycross que en esta ocasión también sería su examinador. A lo lejos vieron a Neville Longbottom acompañado de otros alumnos que también debían examinarse. No había comenzado a caminar Harry cuando una mano lo detuvo.
    — Hola Harry – le saludó el ministro Rufus Scrimgeour – que casualidad encontrarnos por aquí.
    — Señor ministro – saludó secamente Harry. No creía en ese tipo de casualidades tan casuales – Me dirigía a realizar mi examen de aparición, ¿sabe? Y no quisiera empezar con mal pie llegando tarde, señor. Si me disculpa.
    — Por supuesto, Harry. Me gustaría hablar contigo cuando hayas terminado.
    — Lo siento mucho, señor, pero el señor Weasley nos ha pedido que volvamos con él sin meternos en líos para volver a la Madriguera rápidamente. No se si sabrá que se celebrará una boda y tenemos mucho trabajo por hacer – se excusó Harry. Ojalá no supiese de legeremancia, no tenía pinta pero por si acaso no le miró a los ojos. – Si me disculpa, señor.
    Harry continuó en dirección a sus compañeros dejando al ministro con un palmo de narices. No sacaría ninguna información de sus aventuras con Dumbledore por mucho que lo intentase.
    Los tres miembros del ED salieron con su examen de aparición aprobado. Se despidieron al salir pues Augusta, la abuela de Neville le esperaba a la salida. La pobre mujer no confiaba demasiado en que Neville aprobara su examen a la primera.
    — Señora Longbottom, Neville ha hecho un gran examen – le dijo Harry. Neville sonrió agradecido por el cumplido.
    Ron y Harry se dirigían a la oficina del padre de Ron alegres, comentando las excusas que Harry había inventado para evadir al ministro. Ya casi habían llegado cuando vieron a la profesora McGonagall.
    — Por sus caras puedo decir que lo han conseguido – dijo mirándolos con curiosidad. – Felicidades a los dos. Si vienen buscando a Arthur, está en su oficina… Señor Potter si es tan amable, necesito hablar con usted un momento.
    Ron entró en la oficina de su padre dejándolos hablar tranquilamente.
    — Por supuesto profesora, pero le rogaría que no se enterara el ministro Scrimgeour pues él también quería hablarme y le puse un montón de excusas – comentó sonriendo Harry.
    — Tranquilo, yo no le diré nada. Quería decirte que Hogwarts sí abrirá sus puertas a los alumnos que quieran seguir con sus estudios…
    — Siento decirle que yo no continuaré en Hogwarts este año – informó Harry. – Tengo algunas obligaciones que requieren mi atención.
    — No necesito que me contestes todavía ni me cuentes nada que no debas. Se que es algo relacionado con Albus y respeto tu silencio. Ya sé que eres mayor de edad y que puedes y debes tomar tus propias decisiones pero permíteme que te pregunte algo: ¿crees que estás preparado para enfrentarte a lo que te depara el futuro? – Minerva hizo una pausa. – No tomes una decisión precipitada y cuando te decidas, házmelo saber.




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    MensajePublicado: Dom Abr 15, 2007 1:52 pm    Asunto: Responder citando

    ahh Yedra que mi hiciste pero vamos que esto se ve buenismo como no leerlo en fin yo aqui sigo ya quiero leer la boda y tambien dime hay algo entre Tonks y Remus la verdad me gustaria muchos


    saludos


    Laura



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    MensajePublicado: Jue Abr 19, 2007 3:59 pm    Asunto: Responder citando


    Antes que nada disculparme por el retraso. Estoy muy liada con un

    programita informatico para mis alumnos y me falta tiempo para todo...

    Dedicado a Laura por no abandonarme... muchas gracias guapetona!!!

    Como podrás ver hay una historia central en el fic y varias secundarias

    que irán apareciendo poco a poco, una de ellas es la de Remus y Tonks.

    Para la boda tendrás que esperar al siguiente capítulo

    Aquí esta la actualización:





    CAPÍTULO V

    Al llegar a la Madriguera a penas tuvieron tiempo para contarles a todos lo bien que les había ido en el examen de aparición pues casi ni les hicieron caso. Todos estaban alborotados terminando de preparar todo lo necesario para la llegada de la familia Delacoure y por supuesto para la boda.
    Ginny y Hermione estaban muy ilusionadas ayudando en todo lo que podían. Ginny tenía un papel importante que cumplir en la ceremonia y tenía muchísima curiosidad por ver como había quedado su vestido, que sería igual al de la otra dama de honor, Gabrielle, la hermana de Fleur.
    La primera impresión que tenían de Fleur había cambiado radicalmente al ver que ella estaba realmente enamorada de Bill. Desde el primer momento en que la conocieron se hicieron una idea equivocada de ella por el hecho de ser una Veela. Probablemente fuese cierto que en un principio le llamase poderosamente la atención la belleza del pelirrojo Bill Weasley pero al conocerlo más a fondo se fue enamorando de su arrolladora personalidad, hasta tal punto que no le importó en absoluto que perdiese parte de su hermoso rostro en una pelea contra Fenrir Greyback, el licántropo. Los amorosos cuidados que le proporcionó mientras estuvo convaleciente demostraron y con creces que para el amor lo más importante está en el interior.
    A la mañana siguiente y más temprano de lo que se imaginaban, un gran esturado les sacó de sus sueños. El señor Weasley había retocado mágicamente un despertador muggle al que le había aumentado el volumen de la alarma hasta límites insospechados que lo convirtieron en un magnífico despertador. El problema fue que no supo ponerlo a la hora estipulada y sonó una hora antes de lo debido y despertó a todos los durmientes de la Madriguera y parte de los alrededores.
    En la tienda de campaña se encontraron en el recibidor Hermione, Ginny, Ron, Harry y los Gemelos:
    — ¿Qué es ese ruido? – preguntó George tapándose los oídos.
    No tuvieron tiempo para intentar responder cuando una serie de “plops” indicaron que los señores Weasley, Tonks y Remus aparecieron en la tienda de campaña.
    — ¡Fred y George! – les increpó su madre – ¿qué pretendéis despertando a todo el mundo?
    — ¡Que nos registren! ¡Nosotros somos inocentes! – dijeron los gemelos al unísono.
    — Parece que el sonido venía de aquel objeto – señaló Ron.
    — Eso es un despertador – informó Hermione.
    — Vaya… ahora que lo pienso – comenzó Arthur Weasley – yo lo había puesto para despertarnos temprano… pero no tanto…
    — Arthur – le regañó su mujer – y luego te sorprendes de lo que hacen tus hijos. ¡Si tú eres igualito a ellos! – y desapareció.
    — Pero Molly, querida – intentó justificarse a la vez que desaparecía.
    — No os preocupéis, chicos aún tenéis un rato para poder descansar – les dijo Remus.
    — Nosotros al menos intentaremos descansar. Hasta dentro de un rato – se despidió Tonks y desaparecieron también.
    — Aprovechemos lo poco que nos queda para descansar. Seguro que mi madre nos tendrá preparadas muchas tareas para hoy –dijo Ginny dirigiéndose a su habitación seguida de Hermione.
    — Lo malo es que seguro que no podré continuar con mi maravilloso sueño… - se lamentó Ron.
    — Y ¿qué es lo que soñabas? – preguntó Harry entrando tras él en la habitación.
    — No preguntes, Harry, no preguntes.
    Después de desayunar, la señora Weasley alzó su mirada hacia el reloj de la familia, aquel en el que aparecen todos los miembros de la familia Weasley que indica el estado en el que se encuentra cada uno de ellos, la flecha de Bill se movía hacia la zona que indicaba “en casa”.
    — Vamos – ordenó – todos al jardín. Están a punto de llegar.
    Una vez en el jardín pasó revista a todos y cada uno y movió la cabeza en señal de satisfacción. Se les veía a todos presentables.
    No tuvieron que esperar mucho cuando aparecieron en primer lugar Bill y Fleur tomados de la mano, después los señores Delacoure y finalmente Gabrielle, la hermana pequeña de Fleur.
    Inmediatamente se prodigaron saludos, abrazos y besos. Sobre todo besos. Esa costumbre extraña que tienen los franceses de besarse tres veces… en otros tiempos a Ron le habría parecido algo poco apetecible, pero ahora le parecía un regalo de Merlín. Desde el primer momento en que vio a Gabrielle le pareció una joven preciosa y sintió unos tremendos deseos de besarla, seguramente por ser una Veela sumado al aumento hormonal que se estaba produciendo en su interior. Cuando se acercó a saludarla su olfato se inundó de un embriagador perfume que le hizo olvidarse de todo lo que le rodeaba.
    — Hola, Gabrielle – acertó a articular a la vez que se acercaba a besarla. El primer beso fue un beso de simple saludo, el segundo, le hizo sentir un extraño mareo y el tercero, que para colmo se acercó peligrosamente a la comisura de sus rosados labios le provocó una sensación muy agradable de hormigueo en el estómago que no quería dejar de percibir.
    — Vamos, Ron, suéltala, pareces un pulpo – dijo Ginny disgustada por la reacción de su hermano y lo estiró del brazo dejando paso a los demás para continuar con los saludos.
    Después de comer, las mujeres Weasley y Delacoure se marcharon a la última prueba de los vestidos para la boda.
    Harry pensó que ese era el momento ideal para hablar con Ron y Hermione sin nadie más que les pudiera interrumpir.
    — Por fin estamos solos los tres y podremos hablar de nuestras cosas – comenzó Harry.
    — Chicos, y aun no nos habéis contado los detalles de vuestro examen de ayer – les recordó Hermione.
    — El examen no fue nada del otro mundo, lo que si te perdiste fue a Harry evitando al ministro Rufus Scrimgeour…
    — ¿Cómo es eso de que lo evitabas? – Le preguntó Hermione a Harry.
    — Es que tú no lo conoces como yo – se justificó Harry. – Es un pesado. Aprovecha cada vez que me encuentra para intentar hacerme un tercer grado y sonsacarme lo que hicimos Dumbledore y yo aquella noche, ya sabéis… y desde luego no tengo ninguna intención de contarle nada y como eso de la Oclumancia no es lo mío prefiero evitarlo por si intenta leer mi mente.
    — No había pensado en eso y es probable que si no lo consigue por las buenas lo intente por medios menos ortodoxos – pensó Hermione en voz alta.
    — Pero nuestro chico está madurando y lo toreó magistralmente. Deberías haber visto la cara de perrito que puso cuando le dijo que celebraríamos una boda y teníamos mucho trabajo que hacer – contó Ron imitando a Harry – No sabes el esfuerzo que hice para que no se me escapara una carcajada.
    — Y no os he dicho – interrumpió Harry un poco colorado por la vergüenza – que hablé con McGonagall antes de volver.
    — Y ¿qué te dijo? – se interesó Hermione.
    — Comentó que Hogwarts volvería a abrir sus puertas… pero yo le dije que no pensaba volver – les dijo bajando la vista para no sentir las miradas de reproche de sus amigos.
    — Y ella ¿qué te dijo? – preguntó Hermione.
    — Que comprendía y respetaba mis razones… - Hermione lo miraba y no podía creer lo que oía – pero que no me precipitara tomando una decisión sin pensarlo bien y me preguntó si creía que estaba convenientemente preparado para afrontar lo inevitable.
    Se hizo un silencio mientras los tres reflexionaban sobre ello hasta que Hermione lo rompió diciendo
    — Yo creo que tiene bastante razón – Sintió la mirada de sus dos amigos sobre ella como si le reprochasen algo, y continuó – no penséis que me estoy escaqueando, yo iré contigo hasta el fin del mundo si…
    — De eso aun hay que hablar – la interrumpió Harry – no pienso permitir que os arriesguéis por acompañarme.
    — Sigues siendo un cabezota Potter – dijo Ron – nosotros iremos contigo y no podrás impedirlo. Además es un tema que ya había quedado claro. Somos un equipo y no nos vamos a separar. ¿Verdad Herms?
    — Me alegra ver que al menos Ron está madurando.
    — ¿Madurando? A ver, Ron, hombre maduro, explícanos que ocurrió esta mañana cuando llegaron los Delacoure – soltó Harry cambiando velozmente de tema.
    — ¿Esta mañana? ¿No sé de qué me hablas? – se hizo el que no sabía el aludido.
    — Sí, no te hagas el tonto… Hasta tu propia hermana se dio cuenta – intentó sonsacarle Harry.
    — Tienes razón – pinchó Hermione con recochineo – parecía que estuvieses en otro planeta, el planeta Gabrielle…
    — Que va, la falta de sueño os hace ver visiones – conjeturó Ron.
    — ¡Visiones! ¡Si casi le plantaste un beso en los morros! – dijo Hermione levantando la voz.
    — ¿Serán alucinaciones mías o da la impresión de que te ha molestado? – preguntó Ron.
    — Como si a mi me importara tu vida sentimental, haz con tu vida lo que quieras…
    — ¡Ya vale! Haya paz – intentó tranquilizarlos Harry – dejemos los sentimentalismos y los sueños para otro momento.
    La hora de la cena fue uno de los mejores momentos de las vacaciones para Harry. Eso era realmente una familia unida. Todos hablaban alegremente contando anécdotas diversas y aventuras de las bromas de los gemelos en su época de estudiantes en Hogwarts y le preguntaron a Remus alguna de las bromitas de su juventud como Merodeador. Harry se sentía muy feliz por sentirse una parte de esa familia pero sintió una pena en su interior al recordar a esas personas tan queridas por él con las que ya no podría compartir momentos como ese. Pensó en sus padres, en Sirius, en… notaba que su rostro se ensombrecía por momentos y que alguna lágrima luchaba por escapar de su interior. Decidió levantarse a recoger algunos platos para llevarlos a la cocina y poder escapar al jardín. No quería estropearles un momento tan alegre a los demás.
    Remus lo observaba en silencio y al cabo de unos minutos lo siguió sin llamar la atención de los demás. Cuando salió al jardín no veía por dónde se había metido Harry hasta que una leve brisa le llevó su olor:
    — Suerte de ser un licántropo – se dijo a si mismo y se encaminó hasta el pie de un gran árbol bajo el cual solían sentarse los chicos a charlar y le preguntó - ¿Puedo sentarme contigo?
    — Por supuesto que sí – contestó Harry y volvió a sumirse en sus pensamientos.
    — Ha sido una cena muy agradable. Aunque es una pena que algunas personas a las que queremos no puedan estar con nosotros – comentó Remus como leyéndole la mente – pero debemos pensar que su muerte no nos separa de ellos mientras sigamos recordándolos con cariño.
    Las palabras de Remus le reconfortaban. Harry nunca se olvidaría de ellos, siempre los tendría en su interior pero el oírlo en boca de otra persona a la que apreciaba le daba ánimos para continuar.
    — Por cierto, hoy he estado hablando con Minerva – dijo Remus como si nada. Harry ya se imaginaba de qué venía a hablarle pero continuó escuchándolo. – Me ha contado tus intenciones y que ella te había pedido que lo pensaras bien antes de decidirte…
    — ¿Y tú que opinas? – le preguntó Harry mirándolo a los ojos. Necesitaba saber cual era su opinión.
    — Si me preguntas mi opinión, debo decirte que mi vocación como profesor me domina. Creo que es realmente muy importante que termines tus estudios en Hogwarts. No únicamente por lo que te puedan enseñar sino porque vida sólo hay una.
    Harry lo miraba curioso, no sabía que era lo que le quería explicar.
    — Los mejores años de mi vida fueron los que pasé en Hogwarts y los recuerdo con mucho cariño… – continuó Remus. – creo que debes aprovechar cada momento…
    — ¿Y eres tú el que me lo dice? –preguntó Harry con tono de burla. - ¿Tú que te has negado la felicidad tanto tiempo? Mira que has tardado en decidirte a aceptar tus sentimientos por Tonks…
    — Precisamente por eso – le cortó Remus – no quiero que tú te niegues la felicidad excusándote en profecías y miedos. Tus padres fueron valientes y continuaron adelante, viviendo intensamente aunque su vida fue corta.
    Harry giró la vista hacia el horizonte. Estas palabras le demostraban que desde luego no estaba solo. Remus también era como un padre para él.
    — Ten paciencia y aprovecha el tiempo para no sólo prepararte a conciencia sino para vivir, disfrutar de la amistad, del amor, … Aprender a mirar con el corazón para juzgar a los demás con justicia, a perdonar, a comprender, … No sé que más decirte… - Harry se abrazó a Remus.
    — No necesito que me digas nada más – le contestó sin soltarlo – ya estaba convencido de volver a Hogwarts.
    — ¿Y dejarás de buscarlo hasta estar bien preparado? – le preguntó a Harry separándolo para poder mirarle a los ojos.
    — Eso no te lo puedo prometer – dijo Harry tristemente – los problemas me buscan a mi, no yo a ellos. Debe ser mi sangre de merodeador…
    — Los merodeadores nos centrábamos más en las bromas y los amoríos…
    — Creo que en esos dos temas me parezco más a mi madre – comentó Harry.
    — Tienes toda la razón y puedes estar muy orgulloso de ello. Vamos para adentro – dijo Remus caminando hacia la casa – deben pensar que nos hemos ido de caza.
    — Preocúpate tú que tienes a quién rendirle cuentas – dijo Harry con malicia – yo estoy soltero y sin compromiso.
    — ¿Seguro que no me engañas? – bromeó Remus revolviéndole el pelo a Harry.





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    MensajePublicado: Vie Abr 20, 2007 10:22 pm    Asunto: Responder citando

    hay que lindo remus me gusta su faceta de padre

    muy bien yedra

    saludos

    Laura



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    MensajePublicado: Sab Abr 21, 2007 4:18 pm    Asunto: Responder citando


    Esta vez he sido buena y actualizo pronto, no tanto como Bigi pero lo intento.

    Aquí llega la boda y veréis que hay incluída una escena en plan songfic.

    Ya me diréis que os parece.




    CAPÍTULO VI

    Dos días después. Ya era el gran día. La tan esperada boda de Bill Weasley y Fleur Delacoure. Era un hermoso momento que llamaba la atención pues no eran muy buenos tiempos que digamos aunque era también una forma de luchar demostrando que la esperanza de vivir en un mundo en paz era posible.

    Todos estaban ya listos con sus mejores galas para la ocasión. Harry se sentía como disfrazado y pensaba que todos le mirarían raro pero se alegró mucho al darse cuenta que él no era el único que se sentía así.
    Ron parecía más preocupado pues no hacía más que mirarse en el espejo desde todos los ángulos posibles. Al menos en esa ocasión él pudo elegir su propio vestuario y no llamaba mucho la atención.

    La señora Weasley había encargado a los jóvenes algunas tareas. Los gemelos eran los encargados de comprobar que no faltara bebida para todo el que quisiera. Hermione, Ron y Harry eran los encargados de conducir a los invitados a sus asientos y después que no faltaran canapés en las distintas mesas.

    La hora de la ceremonia se acercaba y ya habían llegado casi todos los invitados así que Bill estaba esperando la llegada de Fleur hablando animadamente con Griselda Marchbanks, una de los miembros más antiguos del Wizengamot, vestida con la típica túnica de color ciruela.

    — Me hace mucha ilusión celebrar el enlace matrimonial entre tú y Fleur – dijo Griselda – es mucho más alentador que celebrar juicios contra los mortífagos.

    — Además, son tan guapos – comentó Molly mirando a su hijo – tengo tantas ganas de ver pronto algún pequeño correteando por aquí…

    — Mamá, danos algún tiempo. No creas que es obligación de la familia Weasley el conseguir que aumente la población mágica – interrumpió sonriendo Bill.

    Mientras tanto, en el fondo detrás de todas las sillas dispuestas para los invitados estaban Ron, Hermione y Harry hablando alegremente sobre los invitados que ya habían llegado.

    — Hay que tener valor, ¿os habéis fijado el sombrero tan horrible que lleva la tía abuela Muriel? – dijo asustado Ron.

    — Desde luego su gusto no es digno de alabanza – corroboró Harry.

    — Habláis sólo por el sombrero ¿no? – matizó Hermione, – porque la diadema que le ha prestado a Fleur es una preciosidad.

    — Hablando de preciosidades – observó Harry señalando hacia su izquierda – mirad a Tonks, ¡está impresionante!

    — Harry, es un poco mayor para ti – le dijo Ron el cual recibió una colleja de Harry –y además está comprometida.

    — Remus también se ve muy apuesto y elegante – observó Hermione.

    — Creo que Albus Dumbledore tenía razón, el amor es una magia muy poderosa – sentenció Harry con una sonrisa en los labios.

    — Tienes toda la razón – aseveró Hermione que al girarse a mirar a Ron lo encontró embobado mirando hacia la casa. – Ron, ¡cierra la boca que te va a entrar una mosca!

    — ¿Me decías algo, Hermione? – preguntó aun algo embobado Ron.

    — Me parece que el poder del amor también ha tocado a Ron – comentó Harry risueño.

    Desde la casa se veía venir a Ginny y Gabrielle cada una de ellas llevando un precioso vestido de color dorado claro que las hacía verse como dos ángeles. Detrás de ellas venía Fleur aun más hermosa que de costumbre, llamando la atención no sólo de los hombres sino también de las mujeres.

    Al pasar la comitiva cerca del trío a Ron se le escapó un suspiro que hizo sonreír a sus amigos.

    — Un suspiro es un beso que se piensa y no se da – murmuró Harry a sus amigos.

    — Harry ¿desde cuando te dedicas a la poesía? – le preguntó Hermione curiosa.

    — Te sorprendería saber como he pasado muchas de mis horas en Privet Drive.

    — No te imagino leyendo poesías – comentó Ron – eso son cosas de chicas…

    — Eso que has dicho es una tontería – le recriminó Hermione.

    La ceremonia no fue demasiado larga pero si fue muy emotiva sobretodo el momento en el que los novios declararon su amor públicamente ante los invitados.

    Concluida la ceremonia todos los invitados se acercaban a felicitar a la feliz pareja y les deseaban toda la felicidad posible.

    Ese era el momento de preocuparse por los canapés aunque Harry y Hermione se preguntaban sinceramente si había sido una buena idea encomendar esta tarea a Ron que no podía evitar el comer a cada momento.

    — Ron, haz el favor de dejar de comer – le llamó la atención Hermione – si tienes hambre puedes ir a la cocina pero esto es para los invitados.

    — Tranquila Herms, pronto dejará de comer – comentó Harry haciendo un gesto hacia un lado por donde se acercaban Ginny y Gabrielle.

    Ron se dio la vuelta para poder tragar y limpiarse los restos de migas que pudiera haber en su cara.

    — ¿A que ha sido una ceremonia preciosa? – preguntó Ginny sonriente.

    — Lo único que me da pena es que me separaré de mi hermana – comentó Gabrielle con tristeza – es la primera vez en que nos vamos a separar y aun no ha pasado y ya la echo de menos.

    — Es ley de vida – sentenció Hermione – los hijos crecen y deben emprender su camino.

    — Sí, pero mira la familia Weasley es una familia tan unida – observó Gabrielle – que me encanaría tener una familia así.

    — Gabrielle, pero si tú ya eres parte de la familia Weasley – dijo Ron poniéndose más rojo que su propio cabello. ¡Pero cómo podía haber dicho eso! El ponche que habían preparado sus hermanos debía estar demasiado cargado – vamos, que puedes considerarte en tu casa, como Harry y Hermione – intentó arreglarlo.

    Hacia ellos se dirigía McGonagall que llevaba un vaso con ponche.

    — Buenas tardes profesora – la saludó Ron – tenga cuidado que el ponche está un poco fuerte…

    — Gracias Ronald por tu preocupación, lo tendré en cuenta. Harry, ¿podríamos hablar un momento?

    — Por supuesto. Si nos disculpáis. – y se alejaron del resto de los invitados que estaban en la zona dónde estaban dispuestas las mesas de la comida. – Usted dirá.

    — Simplemente quería aprovechar la oportunidad para preguntarte si habías pensado en nuestra última conversación.

    — Pensé que Remus le habría comentado algo al respecto pues también lo comenté con él – comenzó Harry.

    — La verdad es que últimamente no hemos tenido ocasión de hablar y hoy, como la mayoría de los invitados, está muy entretenido y no he querido molestarlo con asuntos de esta índole – comentó Minerva McGonagall. – Y entonces ¿eso quiere decir que ya has decidido algo?

    — Sí, - respondió Harry sin dudar – terminaré mis estudios.

    — No sabes como me alegra tu decisión, no sólo por ti, que creo que es lo más acertado sino porque creo sinceramente que es lo que Albus hubiera querido – Harry podía asegurar que los ojos de su profesora de transformaciones se llenaron de lágrimas y la tomó de la mano para animarla.

    — Esta guerra no es una única batalla y en este momento hay que predicar con el ejemplo – le dijo sonriéndole – no podemos permitir que el Profeta diga que asistir a Hogwarts es peligroso.

    Minerva no pudo resistirse y le dio un abrazo. Era imposible no sentir un cariño especial por este chico. Siempre sería su ojito derecho aunque intentaba que no se le notara y a veces era más dura con él para evitar que nadie pudiese llegar a saberlo.

    — Harry, aprovecho entonces para darte la carta de Hogwarts con el material que necesitarás este último curso. También te doy las de Ron y Hermione, espero que tú se las hagas llegar.

    — Por supuesto, yo se las daré a ellos – dijo Harry tomando las cartas.

    — Una última cosa, como es vuestro último curso tendréis menos asignaturas pero tendrás algunas clases especiales que creo que te serán de gran ayuda – continuó McGonagall – pero de ello hablaremos con más calma en Hogwarts ¿de acuerdo?

    — Perfectamente, allí nos veremos.

    A medida que se acercaban a la zona de la fiesta oyeron que todos cantaban alegremente

    The moment I wake up
    Before I put on my makeup
    I say a little prayer for you
    While combing my hair, now,
    And wondering what dress to wear, now,
    I say a little prayer for you

    Podía ver a Ron, Hermione, Ginny y Gabrielle, los dos primeros sin dar señales de discutir y las dos últimas parecía que habían conseguido hacerse amigas gracias al tiempo que habían tenido que compartir con todos los preparativos.

    Forever, forever, you'll stay in my heart
    and I will love you
    Forever, forever, we never will part
    Oh, how I'll love you
    Together, together, that's how it must be
    To live without you
    Would only be heartbreak for me.

    Remus y Tonks cogidos de la mano y con un semblante de felicidad que era equiparable al de los novios y que parecía estar totalmente de acuerdo con la canción: juntos para siempre, como debe de ser, pues vivir sin ti me rompería el corazón.

    My darling believe me,
    For me there is no one
    But you.

    Pero, como era de esperar, los novios eran el centro de atención. Tan seguros el uno del otro del amor que se profesaban. No importaban las miradas de algunos hombres hacia ella ni los comentarios de algunas solteras hacia él. Sólo importaban ellos. “Créeme para mi no hay nadie más que tú”.

    Harry decidió ir con sus amigos pero al pasar junto a Remus y Tonks estos lo pararon.

    — ¿Por dónde has estado? – le preguntó Remus. – Hacía rato que no te veía.

    — Estaba conversando con McGonagall. Ya le dije que sí terminaría mis estudios. – Comentó Harry mirando a los invitados que bailaban al ritmo de la música. – Pensé que tú habrías hablado con ella…

    — Yo pensé que eso era cosa tuya, es tu decisión y además es algo muy personal – justificó Remus.

    — Harry, - interrumpió Tonks – hoy estás muy elegante. Más de una chica seguro que se habrá fijado en ti.

    — Tú también estás muy guapa – la alabó Harry poniéndose colorado – bueno, no digo que no lo seas siempre pero es que hoy estás…

    — Vamos, Harry, sácame a bailar – le pidió Tonks.

    — Te importa – le preguntó Harry a Remus.

    — Si sólo es un baile y me la devuelves – contestó Remus divertido al ver la cara de Harry. Realmente se parecía mucho a su madre.

    Cuando por fin llegó con sus amigos les dijo:

    — Tengo algo para vosotros pero ya os lo daré más tarde.

    — Teníais mucho de qué hablar ¿verdad? – comentó Hermione.

    — No creas que sólo fue a hablar con McGonagall – apuntó Ron - ¿no le viste bailando? Harry, ya te dije antes que es demasiado mayor para ti.

    — Ron puedes estar tranquilo, tenía permiso de Remus para bailar con ella y por otro lado deberías saber que el amor no tiene edad.

    Aquel día lo pasaron muy bien y lo recordarían durante mucho, mucho tiempo.




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